Conservadores, socialistas y liberales maniobran para repartirse los mandos de la UE a partir de junio

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, el canciller alemán, Olaf Scholz, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, el alto representante europeo de la Unión para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, antes de la cumbre del Consejo Europeo.

Las elecciones europeas serán el pistoletazo de salida para la renovación de la cúpula de las instituciones de la Unión Europea, pero entre bambalinas las candidaturas oficiales, oficiosas o todavía secretas y los movimientos de los dirigentes nacionales ya empezaron. De los antecedentes se pueden extraer varias lecciones, como que la Presidencia de la Comisión Europea (el cargo más deseado) va a la primera fuerza parlamentaria, que a partir de ahí hay que hacer un complejo equilibrio de reparto ideológico, de género y regional y que las sorpresas no son extrañas. En 2019, el presidente francés Emmanuel Macron se sacó de la manga el nombre de la ministra de Defensa alemana, Úrsula Von der Leyen, para convencer a Angela Merkel de dar una patada a Manfred Weber, que había sido el candidato de los populares, pero al que le faltaba de todo. El socialcristiano bávaro no tenía más experiencia que la de haber sido eurodiputado, chapurreaba inglés y apenas hablaba francés y caía bastante mal a los dirigentes nacionales. Tuvo que consolarse con la portavocía del grupo popular en el Parlamento Europeo. Todavía le escuece.

Si los resultados del 9 de junio son los esperados, los populares volverán a ser la primera fuerza y Von der Leyen, que ya anunció su candidatura, debería repetir en el cargo. Algo habitual en la Presidencia de la Comisión Europea. El problema es que su favoritismo absoluto de hace unos meses empieza a mostrar grietas y que, si en principio puede contar con su compatriota Olaf Scholz, con Pedro Sánchez y con Giorgia Meloni, por ahora no tiene el apoyo ni siquiera oficioso de Macron. Von der Leyen ha cometido errores groseros en los últimos meses y la Fiscalía Europea tiene una investigación abierta por sus negociaciones y contratos con Pfizer por las vacunas del covid-19. Sigue siendo favorita, pero no tanto. De caer, los populares podrían presentar al primer ministro croata Andrej Plenkovic, quien ya apareció en las quinielas de 2019. La presidencia de la Comisión Europea la deciden los líderes nacionales, pero la debe ratificar por mayoría absoluta el Parlamento Europeo.

Si los populares siguen en la Comisión Europea, el Consejo Europeo debería ir esta vez a un socialista y del sur, después de los liberales belgas Herman Van Rompuy y Charles Michel y el popular polaco Donald Tusk. El problema es que el superfavorito, el portugués António Costa, tuvo que dimitir por un caso de corrupción que tocó a su Gobierno y su candidatura perdió puntos. Si no es él, los socialistas tienen pocas opciones (se entiende que el presidente del Consejo Europeo debe ser un primus inter pares, un jefe o ex jefe de Gobierno) que pasan por la danesa Mette Frederiksen, a no ser que a Pedro Sánchez se le ocurra, pasadas las elecciones europeas, mostrarse voluntario. Tanto Frederiksen como Costa y Sánchez dan el perfil en cuanto a experiencia, formación e idiomas.

En ese juego, la sucesión de Josep Borrell como alto representante para la Política Exterior y de Seguridad pasaría a los liberales con la primera ministra estonia Kaja Kallas y la presidencia del Parlamento Europeo volvería a repartirse dos años y medio para cada una de las dos grandes familias políticas. Repetiría la maltesa Roberta Metsola por los populares y un eurodiputado o eurodiputada socialista asumiría otros dos años y medio. Esa persona suele salir de la delegación más grande de la familia política, por lo que podría ser un italiano, como ya fue el difundo David Sassoli en la primera parte de la última legislatura. El reparto de cargos quedaría hecho, pues Christine Lagarde seguiría en el BCE y Nadia Calviño está recién nombrada para el Banco Europeo de Inversiones, que gana peso por la necesidad de invertir más en industria militar y por la futura reconstrucción de Ucrania.

El reparto podría darse de tal modo que todos los altos cargos fueran para mujeres y no hubiera equilibrio de género: las populares Von der Leyen (Comisión), Lagarde (BCE) y Metsola (Parlamento), la liberal Kallas (Alta Representante) y las socialistas Frederiksen (Consejo Europeo) y Calviño (BEI).

Y si cae Von der Leyen

El 'Piepergate' le estalla a Von der Leyen: enchufó a un colega de partido en la Comisión

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Si ese es el reparto más probable ahora mismo las sorpresas no se pueden descartar y entre ellas estaría incluso la hipótesis de que Macron quiera a Kallas (de su familia política) en la Comisión Europea y alguien con mucho más peso en el Consejo Europeo para reforzar la intergubernamentalidad en detrimento del sistema comunitario. Esa persona de más peso podría ser, mueven muchos eurodiputados liberales, el italiano Mario Draghi, que cumple varios criterios, como pertenecer a un país del sur, ser ex jefe de Gobierno y además haber sido presidente del BCE. Draghi tiene un gran hándicap: quitaría protagonismo y poder a los líderes nacionales. En ese reparto los populares deberían entender que pierden la Comisión Europea, a pesar de ser la primera fuerza, a cambio de una presidencia más potente del Consejo Europeo con Draghi y los socialistas aceptar, otra vez, que les toca en el reparto la sucesión de Borrell. Eso, como dicen fuentes del servicio exterior, si el Gobierno español no convence a Borrell para que siga.

Fuentes diplomáticas adelantan una tercera forma de repartir esos cargos: que sean los socialistas los que ocupen la Comisión Europea con Frederiksen y que Kallas vaya a suceder a Borrell mientras Draghi queda como presidente del Consejo Europeo. A Von der Leyen no le sobran apoyos porque prácticamente la mitad de los delegados al congreso del Partido Popular Europeo que la nombró candidata no eligió su papeleta y porque en Alemania su partido (la CDU) está en la oposición y sería inédito que, desde que cada país tiene solamente un comisario, alguien nombre a una persona no de los partidos de Gobierno sino de los opositores. El acuerdo de Gobierno entre socialdemócratas, liberales y ecologistas asegura que Von der Leyen sería la comisaria alemana, aun siendo de la oposición, si consigue repetir en el cargo. Si no, el próximo miembro alemán de la Comisión Europea será un ecologista.

¿Y España?

El reciente nombramiento de Nadia Calviño para la presidencia del BEI cierra las puertas a los españoles para otros altos cargos, sobre todo después de que Josep Borrell sea Alto Representante. Si Borrell no sigue, el próximo español en la Comisión Europea tendría más o menos peso, sobre todo en función de su perfil. Una Teresa Ribera podría aspirar a una vicepresidencia ejecutiva de peso en asuntos como Energía o Clima. Otros deberían consolarse con una cartera más modesta.

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