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Ayudando a los bosques a resistir la crisis climática

Finca certificada por la organización FSC.

Los efectos del cambio climático son cada día son más visibles en nuestro país. Según un estudio del Ministerio del Interior emitido en 2016, alrededor del 80% de España se convertirá en un desierto debido a la sequía si no se le pone freno a la crisis climática. Nuestros bosques, que además pueden contribuir a la mitigación del fenómeno gracias a su capacidad de actuar como sumideros y absorber el CO2, corren peligro y por ello es indispensable desarrollar las herramientas adecuadas para garantizar su resiliencia.

Uno de los elementos claves para garantizar la supervivencia de las masas forestales es la detección temprana de sus vulnerabilidades. Dentro de estas medidas destaca la iniciativa desarrollada por la ONG FSC España, con la colaboración de la Universidad de Alcalá de Henares y el apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica, que lucha por una gestión forestal que garantice que el país sigue contando cada vez con más árboles, más sanos y más resistentes ante los cambios en el clima que están por venir.

FSC España, parte de la red internacional Forest Stewardship Council (Consejo de Administración Forestal), emite certificados que garantizan que las empresas y organismos que los poseen hacen un uso sostenible y responsable de los recursos derivados de los árboles. Con este proyecto, se dirigen al origen: a estudiar y tratar los bosques y su vulnerabilidad ante la crisis climática.

La iniciativa plantea estrategias de mitigación y resistencia de los bosques a partir de la creación de un sistema de indicadores de adaptación al cambio climático (ACC). Es decir, plantea desarrollar una metodología para identificar cuáles son los principales impactos que tiene el cambio climático en nuestros bosques y poder tomar medidas para su adaptación.

Silvia Martínez, directora técnica de FSC España, explica en detalle a infoLibre en qué consiste el proyecto. "La metodología es importante para tener evidencias y datos reales sobre el impacto del cambio climático en las masas forestales", asegura la experta. El trabajo de la organización es concienzudo, paciente y exhaustivo.

Puesta en marcha

El proyecto, iniciado en 2017, se divide en dos fases. La primera, finalizada en 2018, tuvo como objetivo el desarrollo del sistema de indicadores y su implementación en los Montes de Valsaín (Segovia), el Monte de Navahondona (Jaén) y el Monte Vecinal en Mano Común (MVMC) de Barrantes (Pontevedra).

Son bosques que en su mayoría pertenecen a parques naturales. Sin embargo, algunos están gestionados por los habitantes de la zona para su uso y aprovechamiento, por lo que su resistencia no solo es importante para el propio ecosistema, sino que su estado influye directamente en la economía de la zona. Además, la especie más común en estas localizaciones es el pino silvestre. "Cogimos masas de pinares, ya que era de donde teníamos más información", explica Martínez.

Se trata de montes que previamente ya contaban con la certificación de la organización ya que, en palabras de su directora técnica, "ya llevan una gestión forestal adaptativa". Es decir, ya se estaba trabajando previamente en el abordaje de la crisis climática por parte de estos árboles. Por lo tanto, parten de una base de datos y mediciones previas, "pero no teníamos parámetros tan concretos que nos permitieran modular la gestión forestal". "Nosotros queremos implementar estas mediciones en esa gestión, para poner en marcha las actuaciones más adecuadas", asegura.

Después de la selección de los montes comenzó el desarrollo de los indicadores. "La mayoría se basan en mediciones de las masas forestales, aunque hay otros más complejos basados en análisis de esas mediciones. Los datos dependen de los indicadores, como la variación en el tiempo del crecimiento de una masa forestal", explica Martínez.

Caso de estudio: montes Valsaín

Tras la elaboración de estos indicadores, la primera fase continuó con su aplicación en las tres localizaciones escogidas y la lectura los datos que arrojan. Para comprobar el resultado del trabajo de FSC, tomaremos como ejemplo los montes Valsaín.

Formados por el monte Matas y el Monte Pinar, se sitúan en el término municipal de San Ildefonso-La Granja (Madrid) y son gestionados por el Centro Montes y Aserradero de Valsaín. Los recursos de este bosque son aprovechados por los habitantes de la zona, por lo que su resiliencia es clave para su economía. Sin embargo, el impacto del cambio climático pone en peligro la zona. La temperatura no ha parado de aumentar desde 1980, situándose actualmente en los 6ºC de temperatura media. El sistema de indicadores nos ofrece información más detallada y nos indica las principales vulnerabilidades del bosque.

Un ejemplo sería el indicador SEQ, que establece los meses de sequía en la zona midiendo la diferencia entre la precipitación y la evapotranspiración (cantidad de agua que vuelve a la atmósfera). De este modo, podemos comprobar que el número de meses de sequía aumenta exponencialmente desde 1980, y se mantiene en valores elevados.

 

Evolución del número de meses con sequías al año (es decir, meses con SPEI negativo) desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad.

Estos indicadores también pueden detectar otras debilidades de la especie, como es el indicador RDI, encargado de medir el rango de distribución de la población. En este caso, al encontrarse en el límite sur de la distribución global de la especie, nos indica que es una población relativamente aislada, y por tanto, vulnerable.

Por lo tanto, a través de este sistema los gestores del bosque pueden detectar las principales vulnerabilidades del bosque y centrar sus esfuerzos en plantear soluciones específicas a problemas concretos, optimizando los recursos y aumentando las posibilidades de adaptación de la masa forestal.

Implementando un protocolo de seguimiento

La segunda fase comenzó en 2018 y ha finalizado este año. El objetivo de esta fase es implementar el sistema piloto desarrollado en la primera y poner en marcha un protocolo de seguimiento para determinar la eficacia de estos indicadores, facilitando la gestión y adaptación de los bosques españoles.

Para esta nueva fase se eligieron otros tres espacios naturales protegidos. El monte de Los Palancares y Agregados (Cuenca), el monte Coto da Trapa, Pouso e Fonte do Maio (A Coruña) y el monte Los Carrascales en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche (Huelva). En este caso son ecosistemas más heterogéneos, ya que la intención de la organización es la de comprobar la eficacia del sistema en diferentes especies.

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Martínez asegura que, tras la aplicación de la metodología y su evaluación, continuar estos estudios se convierte en una necesidad. Indica que una de las dificultades del proyecto es que "la disponibilidad de información es variable según la zona, que limita la aplicación de los indicadores. Además es necesario que los propietarios y los gestores colaboren para saber si la medición es correcta respecto al cambio climático u otras actividades".

Sin embargo, esa necesidad de una gestión previa es el mayor problema para su implementación en el resto de bosques de España. La existencia de una base de datos consistente y su estudio es clave para detectar las principales vulnerabilidades de los bosques. "El sistema es aplicable a todas las masas", pero sobre todo en las que ya cuentan con una certificación emitida por FSC, "ya que ya tienen una gestión previa que facilita su implementación".

"El sistema es público, se ha desarrollado por fondos públicos, las administraciones públicas ya lo tienen y lo pueden usar", reitera. Pero lamenta que, aunque el trabajo está a disposición de todo el que quiera ponerse manos a la obra, la mayoría de la superfice forestal está sin planificar. "El impacto puede ser pequeño. Aunque todo lo que se haga, bueno será", concluye Martínez.

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