Cómo lo ve

Daniel Basteiro: "Vox cada vez da más miedo al PP y menos al resto; son dos pésimas noticias"

Antonio Contreras

El periodista y director de infoLibre Daniel Basteiro se sienta con nosotros para hacer balance de un curso político de una extraordinaria intensidad. La pandemia ha sido la principal protagonista de estos últimos meses. Además de la crisis sanitaria y la consiguiente crisis económica, la tensión política ha estado presente sin pausa alguna. El curso arrancó con la moción de censura planteada por Vox y se cierra con la remodelación ministerial llevada a cabo por Pedro Sánchez. Todos los partidos han vivido un intenso período de cambios e incidencias que merece la pena analizar.

Evolución de la pandemia

Vivimos con una mezcla de hartazgo y esperanza. Estamos poco acostumbrados a los grises, nstalados en una dinámica de péndulo (bien o mal, a favor o en contra), pero creo que la sociedad española advierte los matices y es rica en ellos. Por una parte, está el hartazgo y el cansancio, eso que se llama fatiga pandémica. Por todos los que nos han dejado a manos de este virus, por la gente que lo sigue pasando muy mal. Por otra parte, hay esperanza. Hay muchas ganas de vacaciones, de verano, de retomar la vida que teníamos, también de cambiar a mejor algunas cosas. Por eso a veces no se entiende el clima entre los políticos. Algunos deberían respetar más ese hartazgo. Respetar el dolor, no usarlo y, al mismo tiempo, respetar la esperanza, remar en esa dirección para hacer que esas expectativas de recuperación se hacen realidad.

Sentencia del TC

La sentencia del Tribunal Constitucional no permite sacar grandes y grandilocuentes conclusiones. Han sido seis votos contra cinco en un tribunal con un miembro menos. El presidente votó contra la mayoría y hay tres magistrados con el mandato caducado. Se habla del desprestigio del Constitucional y se critica su deslegitimación. Pero es que son los propios magistrados los que dan los argumentos contra esta sentencia en sus votos particulares. El resultado podría haber sido el contrario y tampoco en ese caso deberíamos sacar grandes conclusiones. Creo que hace falta ordenar la respuesta jurídica a las pandemias. Hace falta, además, muchísima más lealtad institucional en el proceso, pero el Tribunal Constitucional no hace mucho por poner las cosas fáciles.

Nuevo Gobierno

El Gobierno dice que es un ejecutivo para la recuperación, para el tiempo que viene. No hay que ser ingenuos. Nadie hace una remodelación del Gobierno para perder votos o sólo en clave interna. Es un gabinete que aspira a seducir, a convencer, a ilusionar, a dar motivos al electorado progresista para confiar y defender las políticas progresistas cuando se juntan a comer los domingos o a tomar algo después de trabajar. Hay una apuesta clarísima por las mujeres. No tiene parangón en el resto de Europa o el mundo. Se trata de mujeres más jóvenes, apegadas a la política real y acostumbradas a hablar con los ciudadanos. También hay una clara vocación de renovar, de cambiar algunos ministros que sufrían un innegable desgaste. Éste es un Gobierno pensado para el tiempo que viene, en una legislatura que ha envejecido muy rápido por la peor pandemia en 100 años.

Los socialistas

Pongámonos en el inicio del curso: No había vacuna, de hecho ni se esperaba que pudiera llegar tan pronto. No había llegado la respuesta contundente de la Unión Europea con su plan de fondos europeos, llamados a asegurar la recuperación. No había presupuestos. La situación en Cataluña era muy incierta y de una gran tensión. La sociedad apenas salía del confinamiento y se adentraba en la segunda ola inquieta por la amplitud y cobertura de los esquemas de protección social. Ha pasado mucho en este curso, más de lo que parece. Y se ha aprovechado. La situación es mucho mejor ahora que en el verano pasado. Se han desbloqueado leyes y llegado a acuerdos que parecían imposibles hace tan solo unos meses. Con una esperanza basada en el avance de la ciencia y en la respuesta de Europa, tanto científica como económica, estamos en un punto de inflexión. Iniciamos la segunda parte de la legislatura tras un vendaval que pudo hacer caer al Gobierno y sumir a España en la inestabilidad.

Unidas Podemos

Unidas Podemos ha hecho en tiempo récord algo que es complicadísimo para la mayor parte de los partidos: el relevo en el liderazgo. Si nos fijamos, por ejemplo, en las últimas encuestas, Yolanda Díaz es de las ministras y de las líderes políticas más populares. Pero eso no es suficiente. La formación tiene unas encuestas desfavorables y el sentimiento de desunión, de gresca y desilusión late con fuerza a la izquierda del PSOE. A Yolanda Díaz hay que dejarla hacer. Creo que también en su partido tienen que hacer un esfuerzo por comprender sus formas, su liderazgo y sus tiempos. Su estilo es muy distinto al de Pablo Iglesias, pero puede funcionar. Y eso no implica conformarse, abandonar la calle o rebajar la ambición sino ver cuál es la manera más inteligente de conseguir los objetivos propios y seducir. Díaz está haciendo un esfuerzo por ahormar un espacio que ahora mismo está desintegrado y que si quiere sobrevivir tiene que unirse con generosidad.

Pablo Casado

Cada cinco minutos nos encontramos con un Pablo Casado nuevo. Es muy distinto el “hasta aquí hemos llegado'' que le espetó a Santiago Abascal en la moción de censura de Vox, destinada a debilitar al PP, que el Pablo Casado revisionista o al menos que coquetea con la negación del golpe de estado de 1936. Hay una noticia buena y una mala para él. La buena es que ha absorbido a Ciudadanos y ahora mismo Pablo Casado parece una alternativa, al menos por ese estirón. Diría incluso que se le ha subido a la cabeza gracias a algunas encuestas que en estos momentos no son indicativas de nada. Haría bien en recordar que Albert Rivera también gozó de las mieles de la demoscopia justo antes de estrellarse. La mala noticia es que solo puede pactar con Vox y eso lo está escorando hacia la derecha, lo cual puede hacerle perder lo que gana con Ciudadanos. Pablo Casado prometió reunificar al centro derecha y que el PP fuera la gran casa de centro derecha y no lo ha logrado, porque Ciudadanos desaparece pero Vox no se va a ninguna parte y en estos momentos es el departamento de I+D del Partido Popular, al que va arrastrando constantemente.

Ciudadanos

Obras son amores y no buenas razones. Ciudadanos parece que ha querido ensayar un discurso más de centro en su última conferencia política. Quieren recuperar el apellido progresista, pero no basta con proclamarlo. Si tu único socio es el Partido Popular y el único socio del PP es Vox, al final estás encajonado, asfixiado en un espacio en el que no puedes ganar. Yo creo que hay espacio en España para una derecha -y hablo del Partido Popular- moderada, europeísta, también centrada y que llegue a acuerdos. Y si la derecha, el Partido Popular, no lo hace, esa otra derecha o ese centro autorreivindicado de Ciudadanos puede hacerlo. Pero no lo está consiguiendo, ni por políticas ni por alianzas.

Vox

Vox cada vez da más miedo al Partido Popular y cada vez da menos miedo fuera. Creo que esas son dos pésimas noticias. Vox se está consolidando. Nos estamos acostumbrando y eso es un problema para la democracia en España, al menos para los valores que han sido fruto de consensos amplios durante décadas y que la ultraderecha presume de socavar. Por supuesto, tiene derecho a existir y representan a muchísimas personas. No estoy en contra de que partidos como Vox estén en el Parlamento y puedan hacer política. Esa es la libertad, esa es la democracia, que es generosa. Pero se está asentando un asedio permanente a cómo nos organizamos como país, al respeto por la diversidad y los derechos de las mujeres o las personas LGTBI+, a la idea de Europa o hasta a la ciencia, como vimos con el coronavirus. Que Vox dé miedo al PP es un problema, porque el PP parece que va a remolque. Vox ha llegado para quedarse por mucho que el PP mejore sus expectativas de voto. Y si sólo puede pactar con Vox, ese apoyo no será gratis. En Europa lo tienen claro y en España deberíamos tenerlo claro también.

Cataluña

Reconozco que mi opinión sobre los indultos ha ido evolucionando. Yo no puedo olvidar los hechos de 2017. A mi no me generan simpatía los líderes políticos catalanes condenados por el procés. Pero su indulto no es el fin de nada ni la rendición de nadie. La sociedad española está asumiendo los indultos con muchísima más madurez de la que algunos pensaban. Lo vemos también en las encuestas. La reacción superlativa de la oposición ayuda a poner las cosas en su sitio. Pinchó en Colón y puso en jaque incluso al Rey con Ayuso eclipsando al propio Pablo Casado. Ese contínuo "¡España se rompe!" es un despropósito. España es mucho más, mucho más fuerte que aquellos que tanto dicen quererla o que aquellos que tanto pretenden romperla. Si los indultos sirven para mejorar el clima, bienvenidos sean. Hay que gestionar ese tiempo también con mucha prudencia y con mucha inteligencia porque la gestión posterior a la concesión de los indultos no está exenta de riesgos. Lo que nada ayuda es la sobreactuación.

Clima político

El clima político en España no es bueno. Seguimos caminando hacia la polarización y un ambiente electoral perpetuo a pesar de que no hay elecciones a la vista. Creo que hacen falta más pactos y más acuerdos transversales. La sociedad los demanda. Aquellos que optan por la confrontación deberían darse cuenta de que a veces con un buen pacto se gana peso, se legitima uno. No soy muy optimista sobre lo que pueda venir en el clima político español pero creo que nos corresponde a todos -también a los medios de comunicación- intentarlo. Intentar crear las condiciones para un diálogo entre los actores de la sociedad, para un punto de encuentro, para que podamos hablar y nos puedan leer y podamos debatir no solo en burbujas, sino entre todos. Qué cansado es estar siempre a la contra de vecinos tuyos, compañeros de trabajo, periodistas o políticos. Por más que piensen diferente. Qué poco bueno se saca de esa actitud si no hay nada más que las ganas de aplastar al contrario. Es importante estar unidos en momentos de crisis y ponerse en la piel de los demás. Si bajamos un poquito el diapasón y ponemos los pies en el suelo, el clima político mejorará.

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