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‘Griselda’, un producto menor del sello ‘Narcos’

Imagen promocional de la serie 'Griselda'.

Doug Miro, Eric Newman y Carlo Bernard lograron una serie emblemática con su Narcos. El argumento seguía la superlativa biografía de Pablo Escobar: el más rico, el más listo, el más loco, el más asesino y desde luego el más famoso de los traficantes de droga.

De ahí pasaron a la secuela más lógica, Narcos: México, pues era en el país norteamericano en el que se concentraba el negocio ilegal de la comercialización de drogas. México tomó el relevo de Colombia como patria de los traficantes. Había empezado a ser y sigue siendo el lugar desde el que los carteles dominaron diferentes regiones a lo largo de la enorme frontera con el mercado estadounidense.

Del panorama del narco en Colombia y México a las historias personales

Los creadores de ambas series establecieron después que el momento de contar este capitalismo clandestino ya no iba a ser a través de enormes cuadros corales sino centrándose en historias más pequeñas de las y los numerosos personajes que pueblan el violento sector comercial.

Griselda aparece como la primera de estas historias biográficas que tienen forma de series cortas, en este caso de seis episodios, disponible en Netflix como todo el resto de la franquicia.

Proyecto iniciado por Sofía Vergara

Fue Sofía Vergara quien propuso hace siete años a Eric Newman y Doug Miro contar la historia de esta criminal cuya vida está al nivel de los protagonistas previos. Griselda Blanco no se queda atrás ni en peligrosidad ni en volumen de mercancía movida durante su largo periodo como narco.

Y, sin embargo, ni la relevancia de lo contado ni la experiencia del equipo que respalda el título han logrado producir una serie de gran altura. El problema no reside en la falta de interés o ritmo. Tampoco en la de una buena producción o una banda sonora con exitazos disco. Todos esos elementos están presentes.

Una historia sin peso

Lo que falla es una coherencia del conjunto, una tesis que sostenga la estructura. En Narcos la investigación policial de la norteamericana DEA vertebraba el relato. La dificultad de perseguir al delincuente componía un policiaco clásico con hincapié en el supervillano Escobar.

Narcos: México contaba la historia de la madurez del sector, el establecimiento de los diferentes carteles, especialmente el de Guadalajara, y las turbulentas relaciones entre los distintos competidores y de la política con todos ellos.

Griselda ha elegido un relato más individual. El contexto existe, pero se somete al desarrollo de la protagonista. La apuesta es legítima y podía haber salido muy bien, pero se queda a medio camino. Funciona al explicar como Blanco encuentra un nicho de mercado para su producto que amplía territorio en lugar de disputar el existente, por ejemplo. Pero en la mayoría de la serie no se termina de decidir qué se quiere contar.

Idealización de una criminal

En la promoción de la serie Sofía Vergara ha sido preguntada por el riesgo de romantizar a una criminal contando la historia desde su punto de vista. La carismática actriz ha señalado que esa preocupación siempre estuvo presente y que como colombiana con muchos conocidos afectados por la cocaína y la violencia no quería correr ese riesgo.

Para ello, en los seis episodios de la miniserie se crea un arco de su personaje que termina con las gravísimas consecuencias de los crímenes y del consumo de droga. Pero algo rechina al verlo porque en los primeros se ha presentado a la traficante como una mujer a la que los hombres presionan y quieren taponar y que se rebela contra su destino.

Prácticamente aparece como una heroína, con ambición, iniciativa y con solidaridad con otras mujeres. Una empresaria a la desesperada que además protege a sus hijos como una leona. Buena socia y buena jefa.

La necesidad de humanizar al personaje

Eric Newman explica por ejemplo en esta entrevista a Screen rant plus que han querido hacer una tragedia, que los espectadores se impliquen de parte de Griselda. Para ello confiesa que “cuando cuentas la historia de alguien que ha hechos cosas horrorosas tienes que humanizarla, de hecho, tienes que ir un poco más lejos de lo que hubieras ido con otro personaje que no hubiera hecho esas cosas”.

Ahí es donde este título hace aguas. Una cosa es presentar una villana contradictoria, con múltiples facetas, que se justifica a si misma con una moral propia y otra convertirla en una tipa dura que lucha contra gente peor que ella y parte la pana. Aunque en la última curva cambies la dirección y muestres el peor lado de Blanco.

El ambiguo atractivo del mal

La ambivalencia de los personajes que obran mal, pero tienen rasgos positivos es un clásico. Mantiene en vilo a la audiencia, que incluso a veces siente remordimientos por simpatizar con quien sabe que es cruel. Hace que nos involucremos en la trama oscilando en lo que percibimos y analizando porqué nos sentimos así.

Pero para eso el guion tiene que presentar a la vez las dos caras de la moneda y dejarnos dudar de nuestros propios principios. El problema de la estructura de Griselda es que el tráfico ilegal de drogas no es un cuento de hadas que se torció. Nunca fue un cuento de hadas y si lo hubieran presentado así desde el principio hubiera resultado más creíble. 

El tráfico ilegal de drogas siempre es un negocio violento. Y por lista y carismática que fuera Griselda Blanco, se calcula que estuvo involucrada entre uno y dos centenares de muertes. La mayoría de los descendientes de sus víctimas siguen vivos.

De la geopolítica al retrato psicológico

La perspectiva lo ha cambiado todo en este proyecto. Narcos y su secuela contaban, también en palabras de Newman, “la futilidad de la guerra contra las drogas” en un marco geopolítico. Griselda es un estudio de personaje que se enamora demasiado del personaje. Un vehículo de lucimiento de la estrella protagonista. Algo tiene Griselda Blanco que predispone a ello.

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Catherine Zeta-Jones interpretó a la madrina en 2017. Jennifer López quiso hacerlo también en una película que no llegó a producirse y que quería que fuera su debú en la dirección. Contaba ni más ni menos que con Terence Winter, el guionista de El lobo de Wall Street o de algunos episodios de Los Soprano y creador de Boardwalk empire, además de con la guionista Regina Corrado.

Este tipo de personajes se tienen que abrazar con sus sombras más oscuras, sin el menor intento de embellecerlos, como se hacía con Tony Soprano o Walter White. Se pueden contar sus logros y su magnetismo, pero tratar de hacerlos suaves o quitar hierro a lo que han hecho suena falso y se pierde convicción. Mucho más cuando están basados en personas reales como Griselda Blanco.

Griselda está llena de hechos interesantes, de circunstancias únicas dentro del mundo del comercio de drogas. Muestra una trayectoria diferente a la de cualquier otra historia de traficantes en gran parte por ser protagonizada por una mujer inteligente e implacable. No está nada mal, pero con ese material podía haber llegado un poco más lejos.

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