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Pablo Simón: “Al ver 'El colapso' dudas si hemos vivido esto ya o estamos a punto de vivirlo”

Piedad Sancristóval

El politólogo y colaborador de distintos medios de comunicación Pablo Simón analiza la miniserie francesa de ocho episodios El colapso, una angustiosa propuesta con muchas peculiaridades: “La serie me parece espectacular y una de las revelaciones de Filmin de esta temporada. Se la recomiendo encarecidamente a cualquiera que no la haya visto. Es inevitable pensar al verla si hemos vivido esto ya o estamos a punto de vivirlo”. Y señala sobre su realización: “Está desarrollada en plano secuencia, es decir, no hay cortes en la grabación y estamos siguiendo a los personajes desde que empieza hasta que acaba en el desarrollo de la acción. Cualquiera que vea la serie sabe que es la acción y lo que provoca en los personajes lo que genera el momentum en los diferentes capítulos, que son cortos, entre 20 y 25 minutos, pero de una enorme intensidad narrativa”.

Además de tratarse de planos secuencia, la serie se graba con cámara al hombro, en un estilo de reportaje, con muchos momentos en los que no vemos más que lo mismo que los protagonistas, entendemos tan poco como ellos y podemos sentir casi físicamente su desconcierto y su urgencia.

¿Qué harías tú si colapsa el sistema?

Con esta propuesta estilística, El colapso presenta varias situaciones para cada personaje en un momento de crisis repentina. Así lo ve Simón: “Lo que hacen es confrontar a los distintos individuos que vemos en los distintos capítulos a una serie de dilemas éticos que seguramente nos recordarán algunas de las situaciones que hemos vivido o que nos imaginamos que se han podido vivir a lo largo de esta pandemia. Creo que los momentos de vértigo sirven para que empaticemos con los dilemas que se plantean a los personajes. Cuando están en una circunstancia límite, en una situación catastrófica como las que salen en los distintos capítulos, a veces se enfrentan a dilemas de vida o muerte, otras veces lo hacen a propósito de cooperar o no cooperar con sus semejantes, en otras circunstancias sobre cómo gestionar recursos escasos y todo en un contexto de descomposición, que creo que es el elemento clave aquí”.

El guion está brillantemente conectado con la realización. No sabemos prácticamente nada de los personajes, lo mínimo, y en muchos momentos la espectadora o el espectador parecemos el protagonista. La acción parece preguntarnos: “¿Qué harías tú?”. Y más aún: “¿Qué vas a hacer? ¡Ahora mismo! ¡No hay tiempo!”. “Nosotros solo vemos personajes a la fuga, que es el elemento fundamental tanto en el apartado argumental como en el apartado técnico” dice Simón.

Imagen promocional de El colapso | Filmin

“El colapso” está entre las series que tratan sobre un futuro de dentro de diez minutos

El colapso está firmado por el colectivo Les Parasites, formado por Guillaume Desjardins, Jérémy Bernard y Bastien Ughetto, antiguos alumnos de la Escuela Internacional de Creación y Dirección Audiovisual de París, que hasta ahora habían desarrollado cortos y proyectos que subían a Youtube. Esta serie se enmarca en una corriente dentro de las distopías, las que se sitúan en “un futuro de dentro de diez minutos”, como definió a su serie Charlie Brooker, creador de Black Mirror (Netflix), corriente que también puede contener a Years and years, (HBO). Los personajes visten ropa de este año, y se mueven por los mismos sitios que nosotros.

Pablo Simón encuentra una explicación a por qué las series que muestran futuros catastróficos los sitúan cada vez más cerca del presente: “Les Parasites, el colectivo que hace la serie, son relativamente jóvenes, algo que creo que está conectado con un componente importante que ha ocurrido durante los últimos años, el último lustro, y es cómo estamos cambiando parámetros generacionales a la hora de enfrentarnos a la noción de progreso.

Si uno mira los dos partidos con más auge en el conjunto del continente europeo e incluso en todo occidente, verá que son dos y que ambos obedecen a un patrón común. Por un lado, tenemos a los partidos de extrema derecha o de derecha populista radical y, de otro lado, tenemos a los verdes, y están conectados por un pequeño hilo, que es el miedo al presente, el miedo al futuro, el hecho de que estamos ante una sociedad que ya no comprendemos y que estamos tratando de enderezar. Desde aproximaciones totalmente contrapuestas. Pero este elemento en común muestra una característica generacional: no hay futuro.

Tenemos la percepción de que todos vamos a vivir peor que nuestros padres. Eso se trasluce de una manera clara a través de toda la serie y también de otras series, y está demostrando hasta qué punto estamos en una situación de decadencia, de percepción de que no hay capacidad de transformación a futuro si no pegamos un cambio radical de 180 grados dentro de nuestras sociedades. Por supuesto, los partidos verdes dentro de la sostenibilidad ecológica, los partidos de la extrema derecha desde retomar el control de la soberanía nacional o el sueño reaccionario en algunos casos”.

La serie se creó en 2019, pero su emisión en España en 2020, en plena crisis del coronavirus, la ha hecho más terrorífica. “En el contexto actual en el que una generación parecía que empezaba a salir de la crisis de 2008 y empezaba a asomar la cabeza y ahora tiene otra vez la crisis de la Covid, desde luego, si non è vero, è ben trovato, si no es cierto, es verosímil que no son fáciles los escenarios de emancipación”, señala Pablo Simón sobre la situación en la que se ha estrenado El colapso.

Las crisis amplifican lo mejor y lo peor de la especie humana

Uno de los principales dilemas de la serie es si en una situación de anarquía es mejor, más útil, más posible, salir cooperando o compitiendo. Simón observa que “es curioso lo que ocurre cuando la sociedad en su conjunto colapsa y los individuos tienen que tomar decisiones por sí mismos y como esto termina arrastrando a los personajes en algunos casos a vivir sobre rentas pasadas, es decir, personas que disponían de un estatus en la sociedad preexistente y que tratan de aprovecharse de él para hacer una suerte de escapismo que les permita eludir el panorama desolador que parece que van a sufrir sus compatriotas hasta otras personas, que ante la falta total de Estado, de cualquier ordenación social, construyen, desde códigos morales, formas de cooperación”.

“No todo el mundo se adapta a la misma velocidad”, añade el politólogo. “No todo el mundo confronta los dilemas que se plantean. Siempre hay una tesis en cada uno de los capítulos, perfectamente narrados, insisto, que lo que hace es confrontarlos con ese dilema moral. Y muestra algo que hemos podido ver en la crisis reciente, y es que las crisis no nos hacen ni mejores ni peores, lo que terminan sirviendo es como amplificadores de lo mejor y de lo peor que tenemos como especie, y es lo que tengo la impresión de que se ve en El colapso”.

“Hay por lo menos tres capítulos, los que están radicados en el supermercado, en la gasolinera y en la residencia de mayores que nos recuerdan muchísimo al contexto en el cual se vivió la crisis del covid-19. A esa situación del comienzo del estado de alarma en la que empezamos a ver que las baldas de los supermercados se quedaban vacías y no se entendía muy bien por qué la gente se centraba en comprar determinados productos, por ejemplo la psicosis del papel higiénico, o después con los guantes y las mascarillas y tantas cosas. Los dilemas sobre qué hacer con los colectivos más vulnerables de la sociedad. Si uno fuera estrictamente utilitarista y tuviera que confrontar un reto de estas características, ¿estaría dispuesto a sacrificar bienestar presente por proteger a los más vulnerables aunque sepa que ellos tienen una esperanza de vida limitada? Este es un dilema que se muestra aquí con toda su crudeza”.

Se trata también si todo el mundo sufre o no sufre la crisis en la misma medida y es que más allá de aspecto económico, el propio coronavirus ha afectado mucho más a los entornos vulnerables de la sociedad, los que no pueden aislarse convenientemente, porque a lo mejor son temporeros y viven en barracones, trabajan en sectores poco cualificados de servicios esenciales, son cajeras, choferes, y tienen que seguir trabajando. No pueden confinarse y a veces tienen condiciones previas que les han dado vulnerabilidad por desgracia. Y terminan sufriendo más, no solo económicamente, también sanitariamente”, señala Simón sobre los episodios que más han recordado a lo recientemente vivido, aunque insistimos, la serie es anterior al covid-19.

“Las series hoy se parecen a la novela del siglo XIX, son por fascículos y vertebran un suelo moral compartido”

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Hay un factor de la serie menos realista a ojos de Simón: “Uno puede tener la sensación de que no hay futuro y es inevitable que esta situación se produzca de manera precipitada. Parte de esto lo hemos vivido en la pandemia. Pero es cierto que estas dinámicas de colapso rara vez son precipitadas, suelen ser graduales y esto tiene una reflexión aún más profunda y es en qué medida no hemos empezado ya a desencadenar fuerzas que pueden terminar llevando de una forma u otra a la insostenibilidad del ser humano en la tierra”.

Muchos autores se refieren a que ya hemos entrado en la época del Antropoceno, es decir, en una época geológica en la que los destinos de la humanidad y del planeta Tierra están íntimamente ligados. Este elemento explica también por qué en esta época el género distópico y todos los géneros que tratan cuestiones como el identitarismo, feminismo, temas más políticos e ideológicos estén más presentes en la agenda. “Las series hoy se parecen mucho a las novelas en el siglo XIX, no solo por ser por fascículos sino porque vertebran una suerte de saber popular, una suerte de suelos morales compartidos”.

Y esta visión planetaria es real en la agenda política. Como señala Simón: “Estos elementos están cobrando un peso cada vez mayor en la agenda por motivos generacionales, éticos y políticos. Si dijeras a alguien hace solo diez o veinte años que los fondos para la recuperación europea iban a estar ligados a la digitalización y la sostenibilidad probablemente pensaría que estabas loco y ahora ocupa un lugar central”.

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