Verónica Barcina

En plena temporada alta del negocio del divino dogma, conviene examinar la calidad de los productos que ofrecen las multinacionales de la fe, siempre desconfiando de la engañosa publicidad. Son días estos de túnicas, cirios, capirotes, mantillas, tambores, incienso, rezos, triduos, saetas, golpes de pecho… y calvarios. Golpes de pecho de truenos vestidos de nazarenos en un carnaval de credos y pecados para hacer llevaderos los calvarios a los que ellos y ellas, fanáticos apóstoles fariseos, someten a la ciudadanía, sea devota o no.

Empeñado en dar la razón a Ramsés II, a Hitler, a Stalin y a cuantos dictadores aupó al poder con su poderío económico (hoy lo hace con el Agente Naranja yanqui) antes de ser por ellos perseguido, el sionismo ha rizado el rizo de la historia pasando, apenas un siglo después, de ser víctima en el holocausto judío a ser verdugo en el holocausto palestino. Como sucede con las dictaduras de tintes imperialistas, Israel ha decidido invadir todos los países limítrofes después de devastarlos como sólo los fascismos saben hacer.

El silencio cómplice del mundo ante el genocidio sólo ha sido roto por fanáticos cruzados de la extrema derecha radical para aplaudir y alentar a los genocidas. El calvario desatado en Oriente Próximo ha contado con escasas voces en contra como la del gobierno de España a la que se han sumado algunas más, amenazadas por el führer Trump y afeadas por medios influidos por Israel a pesar de los más de 200 periodistas asesinados en Gaza.

Al silencio o la aprobación ante la criminal actuación de Netanyahu y sus hordas asesinas se contrapone el coro de fariseos que, golpeándose el pecho, han puesto el grito en el cielo ante la prohibición por la policía israelí de que un patriarca católico (no cristiano, ojo) y su séquito celebren la tradicional misa del Domingo de Ramos en Jerusalén. ¡Eso sí es un crimen! La inmediata respuesta del sionismo ha sido aprobar, entre risas y champán (puro estilo nazi), la pena de muerte (la horca) para los supervivientes del pueblo palestino.

Basta ver qué personas ocupan los puestos de mayor lucimiento en la Semana Santa para constatar quiénes son los que gozan haciendo de la vida un calvario para el resto

En España, atenta a sus propios calvarios, se ha cumplido la voluntad de Noelia de que se le aplicara la ley de la eutanasia. El calvario no ha sido su atormentada vida, ni la paraplejia y el dolor crónico sobrevenidos tras un intento fallido de suicidio, no. Su calvario ha sido el viacrucis a que la sometieron durante dos eternos años la banda talibán de Abogados Cristianos con la anuencia del padre cuyo recuerdo para la niña Noelia era “aguardar en bares hasta altas horas de la madrugada mientras él consumía alcohol”. Un calvario similar al culto al sufrimiento al que sor Teresa de Calcuta condenaba a los enfermos en la India.

En España, cuna del esperpento, unas mujeres han denunciado el calvario de que no las dejen acceder a las estructuras de la Iglesia Católica y su órbita cofradiera, dos bastiones donde arraigan la misoginia y el machismo que las oprimen secularmente. La demanda femenina a las hermandades es un síntoma de la renuncia de muchas mujeres a las conquistas igualitarias tras siglos de lucha. A ello contribuyen de forma activa y negativa influencers, como Rosalía, tras descubrir el pingüe filón comercial del sentimiento religioso que ofrecen junto a “virtudes” del ama de casa tradicional como planchar y hacer la colada.

Basta ver qué tipo de personas ocupan los puestos de mayor lucimiento y se dan los más grotescos golpes de pecho en los rituales de la Semana Santa para constatar que son los mismos sayones que gozan haciendo de la vida un calvario para el resto de la humanidad.

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Verónica Barcina es socia de infoLibre.

En plena temporada alta del negocio del divino dogma, conviene examinar la calidad de los productos que ofrecen las multinacionales de la fe, siempre desconfiando de la engañosa publicidad. Son días estos de túnicas, cirios, capirotes, mantillas, tambores, incienso, rezos, triduos, saetas, golpes de pecho… y calvarios. Golpes de pecho de truenos vestidos de nazarenos en un carnaval de credos y pecados para hacer llevaderos los calvarios a los que ellos y ellas, fanáticos apóstoles fariseos, someten a la ciudadanía, sea devota o no.

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