El expolio

Mario Martín Lucas

Hace algunos años, más de los que yo quisiera, asistiendo como alumno a un curso de Administración de Empresas, un profesor, en su exposición, ponía el acento en el conflicto que representaban para las empresas cotizadas la gestión de los altos directivos de éstas, que muchas veces eran contrarios a los intereses de los legítimos propietarios, aquello, seguramente debido a mi juventud, e inocencia, de entonces, me sorprendió sobremanera, ¿cómo podía ser que los altos directivos tuvieran intereses contrarios a los de la empresa que dirigían?, poco me imaginaba yo que, años más tarde, la propia casa en lo que yo desarrollé mi vida laboral acabaría siendo esquilmada por mis propios superiores.

El caso Bankia está en los tribunales, los dos presidentes que la dirigieron (cuando aún era Caja Madrid) desde 1996 a 2012, están imputados, aunque aún lejos de sentarse en el banquillo y recibir justa sentencia. Pero las responsabilidades no deben limitarse ahí, los equipos directivos nombrados por ellos, ocuparon el poder y crearon una red clientelar con criterios subjetivos, alejados de cualquier meritocracia, cuya única preocupación eran sus propias prebendas a base de sueldos fuera de mercado, “bonus” manipulados artificialmente, tarjetas black complementarias a las habituales tarjetas de empresa, indemnizaciones millonarias y ahora también se ha conocido que, entre 2008 y 2011, obtuvieron otros 5,2 millones de euros bajo el concepto “otros” en los que se cubrían gastos de vivienda, vacaciones o seguros.

Las informaciones hoy conocidas no tienen desperdicio, desde la afirmación del antiguo director general, Ildefonso Sánchez Barcoj, a Miguel Blesa en un correo electrónico e 2005: “Disfrutemos por si algún día llegan las vacas flacas”, o el mensaje que se cruzan Enrique de la Torre (secretario general) con el mismo Sánchez Barcoj, en el que éste afirma: “El presi está cubierto, no te preocupes”, y aquel le aclara: “No pienso sólo en el presidente. Imagina que en 2009 no sigue y a ti te hacen comercial en una sucursal de Aluche”.

Rodrigo Rato, exvicepresidente del gobierno de España, exdirector gerente del FMI, una vez nombrado presidente de Caja Madrid, incrementó su remuneración por encima de la de su antecesor, hasta los 2,3 millones euros al año, gastó más de 100.000 euros en “tarjetas black” a efectos fiscales y, además, sólo en el año de su llegada, ingresó otros 494.296 euros por “otros conceptos”.

El expolio ha sido clamoroso, la forma de dirigir de Blesa y Rato acabó con una entidad tricentenaria que sobrevivió a crisis como el crack bursátil de 1929, dos guerras mundiales, la guerra civil, los periodos de entreguerras e, incluso, las pérdidas de las colonias españolas, pero que no fue capaz de superar la rapiña sufrida desde dentro de sus propias estructuras en los últimos dieciocho años. Miguel Blesa de la Parra y Rodrigo Rato Figaredo son los máximos responsables de ello, pero no los únicos.

Mario Martín Lucas es socio de infoLibre

Hace algunos años, más de los que yo quisiera, asistiendo como alumno a un curso de Administración de Empresas, un profesor, en su exposición, ponía el acento en el conflicto que representaban para las empresas cotizadas la gestión de los altos directivos de éstas, que muchas veces eran contrarios a los intereses de los legítimos propietarios, aquello, seguramente debido a mi juventud, e inocencia, de entonces, me sorprendió sobremanera, ¿cómo podía ser que los altos directivos tuvieran intereses contrarios a los de la empresa que dirigían?, poco me imaginaba yo que, años más tarde, la propia casa en lo que yo desarrollé mi vida laboral acabaría siendo esquilmada por mis propios superiores.

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