La maldad de lo banal
Sabemos bastante, con Hannah Arendt, acerca de la "banalidad del mal", pero sabemos quizás menos sobre la "maldad de lo banal"; es decir, sobre la banalidad como causa del mal o, al menos, como su sustrato o condición de posibilidad. No solo hay crímenes ejecutados burocráticamente por personas corrientes y vulgares, sino que el propio dominio de lo banal prepara el terreno para esos crímenes.
El capitalismo neoliberal digitalizado y fascistoide triunfa como imperio de lo banal. El mundo se ha banalizado; al mundo lo han banalizado. Todo es griterío y cacofonías sin límites en las ceremonias del espectáculo ruidoso que incluye los sonidos de las máquinas de guerra. Y aquí, ninguna utopía igualitaria —y libertaria de verdad— es audible.
La maldad no irrumpe de golpe ni desde lo excepcional, sino que se incuba en lo cotidiano, en ciclos largos de naturalización trivial del espanto. Todas las viejas y nuevas expresiones de la crueldad requieren de una permisividad social previa. El miedo ahora se vuelve deseable frente a la angustia existencial difusa generada por el mismo neoliberalismo. Las sociedades atemorizadas eligen siempre lo peor: populismo punitivo y cultura del castigo. Ya no se buscan causas ni responsables, sino culpables débiles.
El miedo ahora se vuelve deseable frente a la angustia existencial difusa generada por el mismo neoliberalismo
La antigua rebeldía ética de las izquierdas, nacida de la indignación, es reemplazada por falsas rebeldías reaccionarias guiadas por el resentimiento y el deseo de venganza. Muchas de las izquierdas, sin utopías, copian a las derechas eufóricas que no solo proponen soluciones fáciles a problemas complejos, sino que inventan problemas donde no los hay.
La tragedia contemporánea es la estabilización de un sentido común antiutópico en masas caprichosas, banales y sumisas que desean y exigen vigilancia y castigo. Esto no se soluciona con la alternancia electoral ni seduciendo a las masas que ya dieron el paso hacia el abismo. La situación no cambia en esencia si accede al poder algún partido o coalición "progresista". Estamos dentro de una "onda larga" de ofensiva reaccionaria que apuesta por un cambio refundacional del régimen político, no por simples cambios de gobierno. Es el fin de una época y de sus utopías liberales y socialistas.
La aceptación de la derrota presente, en esta onda larga, es el primer paso para imaginar una victoria futura. Queda la posibilidad —cuya probabilidad desconocemos— de prefigurar y experimentar, aquí y ahora, formas de vida nuevas, desde una ética y unas prácticas de resistencia política y resiliencia ecológica. Es decir, iniciar, desde un pesimismo activo, la lenta reinvención de un mundo no banal y no atemorizado, sin la mediación del espectáculo ruidoso. Un mundo silencioso reconstruido a partir de un amplio repliegue o deserción de masas que se atreva a experimentar con un nuevo dibujo civilizatorio y con la reinvención, también, de la misma idea de emancipación.
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Adolfo Estrella es socio de infoLibre.