El momento de la firmeza para atajar el mal

Eduardo Vázquez Martul

Visto y oído el transcurso, primero del juicio de la Gürtel y después de la Kitchen, si no hay un veredicto que se ajuste a la justicia, apaga y vámonos. Los poderes del estado, —¿ democrático?— implicados para proteger a un partido político que gobernaba —el PP— y, a su vez, utilizando altos niveles de la seguridad del Estado para destruir a otra fuerza política, sin duda alguna es el atentado más grave ocurrido tras el 23-F con el asalto de Tejero al parlamento. Quizás la ciudadanía ya está acostumbrada a tanta corrupción que ni noticia es. Quizás nuestras mentes se hayan “acomodado” y no nos agitemos en nuestro sofá cuando seguimos las noticias por reiterativas. Sería como lo que ocurre con el órgano trasplantado que se adapta al huésped tras varias crisis de rechazo. Esta pasividad ante hechos tan graves que harían saltar por los aires a una democracia consolidada, es un indicativo de que nuestra democracia fue otorgada “a dedo”, como así fueron elegidos senadores por un rey que sustituyó al dictador. Cada vez más uno se da cuenta de que la recomendación de “el que pueda hacer que haga” de Aznar ha calado en los residuos de aquel TOP que no juzgaba, solo condenaba con las únicas pruebas de la policía político-social de Franco. No podemos olvidar que gracias a esos informes se han firmado penas de muerte por algún personaje político casi elevado a los altares. 

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Las fuerzas progresistas no deberían tener tanta cautela ante agresiones diarias de la extrema derecha que ya ha contaminado a una oposición ofuscada solo con Sánchez

Ante lo que está pasando, la ciudadanía, incluso conservadora, debería estar preocupada. Es lógico que los afectados —el PP— quieran tapar el agujero, pero los poderes de un Estado que se llama democrático nunca debería consentirlo, porque si así fuera, habría un antes pero no un después. El futuro quedaría hipotecado con una falsa salida que limitaría o incluso anularía el devenir de la justicia. Esperemos que no sea así. Las fuerzas progresistas no deberían tener tanta cautela ante agresiones diarias de la extrema derecha que ya ha contaminado a una oposición ofuscada solo con Sánchez. Desprecian a los ciudadanos, que son muchos, que desean construir un futuro optimista en paz, sin enarbolar banderas o insultos, lenguaje de los violentos. No elaboran una alternativa constructiva como deber de una oposición que pretende ser alternativa de gobierno. Actúan como enemigos de las ideas. Discursos que envenenan con bulos y mentiras a mentes vacías… Esa es una de las causas para que voten a aquellos que les quitarán sus derechos. El miedo al golpe de Estado no ha impedido a Tejero ni a otros secuaces atentar contra la democracia. Tampoco la tibieza de un ejecutivo progresista en atacar la raíz del mal —los nuevos fascismos disfrazados de neoliberales o de jueces— va a impedir que crezca el monstruo que está utilizando la democracia para destruirla. La democracia exige firmeza en su defensa, no cautelas que indican miedo.

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Eduardo Vázquez Martul es socio de infoLibre.

Visto y oído el transcurso, primero del juicio de la Gürtel y después de la Kitchen, si no hay un veredicto que se ajuste a la justicia, apaga y vámonos. Los poderes del estado, —¿ democrático?— implicados para proteger a un partido político que gobernaba —el PP— y, a su vez, utilizando altos niveles de la seguridad del Estado para destruir a otra fuerza política, sin duda alguna es el atentado más grave ocurrido tras el 23-F con el asalto de Tejero al parlamento. Quizás la ciudadanía ya está acostumbrada a tanta corrupción que ni noticia es. Quizás nuestras mentes se hayan “acomodado” y no nos agitemos en nuestro sofá cuando seguimos las noticias por reiterativas. Sería como lo que ocurre con el órgano trasplantado que se adapta al huésped tras varias crisis de rechazo. Esta pasividad ante hechos tan graves que harían saltar por los aires a una democracia consolidada, es un indicativo de que nuestra democracia fue otorgada “a dedo”, como así fueron elegidos senadores por un rey que sustituyó al dictador. Cada vez más uno se da cuenta de que la recomendación de “el que pueda hacer que haga” de Aznar ha calado en los residuos de aquel TOP que no juzgaba, solo condenaba con las únicas pruebas de la policía político-social de Franco. No podemos olvidar que gracias a esos informes se han firmado penas de muerte por algún personaje político casi elevado a los altares. 

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