Una sociedad madura es gobernada por viejas formaciones políticas. Viejos y nuevos partidos deambulan como pollo sin cabeza, incapaces de responder a las demandas y necesidades de una sociedad que ha cambiado, y mucho. Son otros tiempos, nada que ver con los de la década de los setenta. El mal llamado “régimen del 78” muestra las reminiscencias mentales de viejos franquistas y la evocación sentimental de revolucionarios de salón y florete.
Para unos y otros, obstaculizar la convivencia, mayoritariamente aceptada en su momento, y a alguno le va la vida para alcanzar el poder. La crítica es necesaria, pero añorar regímenes ultraderechistas, fascistas o totalitarios de principios del siglo XX no parece la solución. Nada resolvieron y, lo que es peor, trajeron dolor y destrucción, lo que aprovecharon ciertas naciones para encaramarse a lo alto del machito. Ahí siguen por la fuerza y la sinrazón. Recuerden esos nostálgicos que, si 1978 está lejos, qué decir de la dictadura de hace 50 años o los totalitarismos europeos de hace 100.
La corrupción muerde a socialistas y populares con mayor o menor intensidad, y se arrojan las miserias mutuamente
Grupos oportunistas, Aliança Catalana, SALF (Se Acabó La Fiesta) y similares encuentran acomodo entre ciudadanos perdidos; grupos radicales carentes de ideología y con nada que ofrecer a la población en general, y se rodean de satélites que arremeten contra todo. Ningún grupo está libre, pero, como el caso de Vox, escindidos sus fundadores del PP, llevan dentro el gen de la autodestrucción, para ellos y para la sociedad; a los hechos me remito.
La corrupción muerde a socialistas y populares con mayor o menor intensidad, y se arrojan las miserias mutuamente. Inmersos en cuitas, olvidan lo esencial, y los españoles, hartos de eslóganes y enfrentamientos, les dan la espalda, salvo los hooligans. Para muchos trasnochados, la vieja milonga suena a cuento. Hoy es necesaria una música renovada; la partitura esencial es la democracia.
La Constitución ha perdido el ritmo de la ciudadanía; remozar la letra y música es necesario, pero modificar el libreto requiere una orquesta cuya composición y trabajo está tasado en el capítulo X de la Norma. Sin democracia y plena aceptación del pueblo no hay nada que hacer; fundamental vigilar la rapiña de oportunistas y de tanto gañán disfrazado de músico; pistoleros de la política, de la distorsión y el ruido.
A los defensores de la Constitución preocupa que el inmovilismo político y legal impida solventar las inquietudes ciudadanas, dado un legislativo que funciona a trancas y barrancas; un ejecutivo que pugna por no morir asesinado y un poder judicial que aplica la ley, ¿pero imparte justicia?
Una democracia deliberativa como la propuesta por Jürgen Habermas es una gran idea, pero muchos de nuestros políticos están a años luz de la cultura, el diálogo y el consenso que requiere.
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Mariano de la Puente Mayenco es socio de infoLibre.
Una sociedad madura es gobernada por viejas formaciones políticas. Viejos y nuevos partidos deambulan como pollo sin cabeza, incapaces de responder a las demandas y necesidades de una sociedad que ha cambiado, y mucho. Son otros tiempos, nada que ver con los de la década de los setenta. El mal llamado “régimen del 78” muestra las reminiscencias mentales de viejos franquistas y la evocación sentimental de revolucionarios de salón y florete.