La obscena islamofobia

Adolfo Estrella

Aumentan en España los episodios cotidianos y mediáticos de rechazo al islam, focalizados principalmente en la población marroquí o de origen marroquí. Cada vez más, la islamofobia emerge victoriosa de las oscuras cloacas de las redes y se entreteje con el espacio, indistinguible ya, de los medios de comunicación y los debates públicos.

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Juntos, estabilizan un sentido común que se apoya en un significante principal: “España cristiana y no musulmana”, ahora coreado por miles en un partido de fútbol, negando la identidad española a su principal protagonista, Lamine Yamal, por sospechar de su “españolidad”.

La construcción de un “otro” diferente, inferior, agresivo y, por lo tanto, peligroso, está en avanzada fase de consolidación. A los inmigrantes en general, pero en particular a los musulmanes, se los impele a integrarse culturalmente, pero si lo hacen se desconfía de que su integración sea verdadera. Se los conmina a trabajar, pero si lo hacen se les acusa de quitar trabajo a los españoles. Nunca su comportamiento será el adecuado porque no se evalúa una conducta sino una supuesta esencia que, por supuesto, es negativa.

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Y frente a ella se construye, por contraste, la esencia positiva de una comunidad nacional virtuosa, étnica, religiosa y culturalmente homogénea. Esta comunidad atávica y pura es atacada desde dentro y no tiene más remedio que defenderse, se insiste. La estrategia es antigua y burda, pero siempre eficaz. Lo mismo hicieron los nazis con los judíos. Lo mismo hacen los israelíes con los palestinos. Lo mismo de siempre, en todas partes.

En las redes, la masa algorítmica está programada para mentir, difamar e insultar. La vieja estrategia del rumor siempre rinde frutos. En las calles, los aprendices de squadristi, llenos de anabolizantes y vacíos de neuronas, son aleccionados para agredir físicamente, mezclando xenofobia con aporofobia o con viejos racismos siempre dispuestos a resucitar para hacer más infelices a los más débiles.

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Los guardianes de la pureza identitaria prestos a la barbarie siempre están al acecho

En el espacio mediático, Santiago Abascal y sus huestes también mienten, difaman e insultan e insisten en el discurso de una esencia agredida. Para ellos la nación, la patria, la identidad están siendo violadas por los extranjeros. Lo mismo hacen con las mujeres españolas, que ya no pueden salir a la calle sin ser acosadas. La patria y las mujeres son agredidas por otros que no pertenecen al “nosotros”.

Por todas partes, sin prisas pero sin pausa, se han ampliado los límites de lo que se puede decir y hacer frente a los inmigrantes musulmanes y a otros. La veda se ha terminado y comienza la temporada de caza.

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Todo esto ya ha sucedido, nada es nuevo. Los moriscos, habitantes durante siglos de la península ibérica, tras la conquista cristiana fueron obligados a convertirse al cristianismo. Pero nunca fueron aceptados del todo: siempre recayó sobre ellos la sospecha de no ser cristianos de verdad, de no ser puros. Entre 1609 y 1614, Felipe III ordenó la expulsión de unos trescientos mil hombres, mujeres y niños. Lo mismo se había hecho antes con los judíos. Los guardianes de la pureza identitaria prestos a la barbarie siempre están al acecho.

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Adolfo Estrella es socio de infoLibre.

Aumentan en España los episodios cotidianos y mediáticos de rechazo al islam, focalizados principalmente en la población marroquí o de origen marroquí. Cada vez más, la islamofobia emerge victoriosa de las oscuras cloacas de las redes y se entreteje con el espacio, indistinguible ya, de los medios de comunicación y los debates públicos.

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