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Hospitales concertados, aseguradoras, 'big pharma' y la Iglesia intentan frenar la nueva ley sanitaria

Pinche su salvavidas

Antonio García Gómez

“La dirección responsable de los centros de salud del sudeste de Madrid, uno de los siete distritos asistenciales de la región, renunció ayer en bloque por el caos desatado tras la reapertura de las urgencias extrahospitalarias, en muchos casos sin médicos”. B. Ferrero. J.J. Mateo.

Y eche la culpa al maestro armero si el tiro yerra y la pobreza se da un bocado más a su cuenta.

Porque la estrategia funciona y el desmantelamiento de los servicios públicos es un éxito. Entre mentiras, réplicas insultantes, a ver quién llega más lejos, desde el mismo poder político, enfangándose hasta las cachas si hace falta, para que el resultado y el balance sean definitivos al final y cada día se confíe menos en los servicios públicos esenciales. Como, por ejemplo, lo deberían ser Sanidad, Educación y Dependencia…

Porque, a la postre, la intención última compensará cualquier bajada al barro. Y como paradigma Madrid, con el caos servido a diario, y como émula adelantada Andalucía, en modo “piloto automático”, y, de nuevo, se cumplirá aquello de que “entre todas la mataron y ella sola se murió”. Y para cuando se quiera frenar ya será tarde.

Porque, en definitiva, se tratará de que la ciudadanía acepte lo inevitable, según los de arriba, “que no hay para todos” aunque las ventajas y los pelotazos sean para algunos. Lo que pueda atesorar el 1% que continúa siendo equiparable a las migajas que contenten o resignen al 99%. Y duro al mono hasta que hable inglés.

Y si no funciona la Atención Primaria, y si, aunque crezcan los sanitarios, la falta de muchos más es palmaria, y si las urgencias extrahospitalarias se encuentran  entre cerradas o cubiertas por ¿voluntarios?, y si las listas de espera crecen, incluso  los ante médicos de cabecera, y todo se presente como saturado, y sí, además, se echa leña al fuego y se les tilda de vagos a los sanitarios, a los mismo que hace una eternidad se les aplaudía… pues “miel sobre hojuelas”, porque el personal ya irá haciéndose “sus seguros privados”, colaborando, aunque sea involuntariamente, en el desmantelamiento de la Sanidad pública universal, mientras quien más quien menos acudirá al médico de pago...

Se trata de que la ciudadanía acepte lo inevitable, según los de arriba, “que no hay para todos” aunque las ventajas y los pelotazos sean para algunos

Y si, además, se cierran guarderías y parvularios públicos, y se subvencionan los colegios concertados y privados, y se ensalza su prestigio, y si, ya se sabe que, a los colegios públicos va “lo peorcito de cada barrio”, y si en las universidades privadas se sacan los títulos de “aquella manera”… pues, de nuevo, la gente intentará hacer un sobresfuerzo y sacar de donde no tiene, y pagar una mensualidad extra por llevar a los niños a un establecimiento privado,  y además se contratará un/a acompañante para el viejo/a, para el dependiente de casa, que también será de pago, y, si hace falta se contratará un servicio de alarmas y de cámaras en casa, que ya se sabe que nos han metido el miedo en el cuerpo y lo hemos interiorizado, y si también hace falta nos cuidaremos muy mucho de la “gente que viene de afuera a robarnos, a conquistarnos, a evangelizarnos de sus demoniacas fes”… y así sin solución de continuidad, escapando hacia atrás.

Mientras nos dejemos acunar todo por el veneno dulzón del miedo y el odio, la ira y la sospecha, la acusación infundada y el sálvese quien pueda, confiados en que nosotros sí podremos quedarnos a flote.

En medio de un mundo nuevo, inoculado de podredumbre moral, aceptado por quienes se entregaron a los nuevos líderes y lideresas del ceño fruncido, la catástrofe como bandera y la apelación al costumbrismo más rastrero, tópico y miserable que creímos haber dejado atrás.

Viviendo como, tal vez, no merecería vivir, acoquinados por la amenaza engordada artificialmente, mientras se le echa la culpa a... “socialcomunistas, separatistas, terroristas…

En un nuevo mundo en el que la insolidaridad sea la nueva fe de los catecúmenos de la “libertad” enarbolada, puro egoísmo elevado a la categoría del insaciable… neoliberalismo. Y que el que venga atrás que arree, por mor de la desigualdad instalada para quedarse, abrazada por los más insolidarios de la aldea global empecinada en autodestruirse.

Así, entretenidos en pinchar nuestros salvavidas porque ya han convencido a muchos que nadando a brazo partido llegaremos hasta la orilla, o si no, pues nos ahogaremos y aquí paz, y allá gloria,  en medio unos buenos y lucrativos negocios, que ya se sabe que los bancos y las grandes empresas se encargaron, a su tiempo, de repercutir sus contingencias en los usuarios de medio pelo. Y que como se decía desde la bancada de la derecha, no hace tanto, pues “que se jodan”.

Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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