I – Un buen Gobierno republicano y una oposición monárquica encomiable
De Raimundo López Pol (1877-1958), tan destacable es el hecho de haber sido el primer alcalde de Santiago de Compostela en la II República como su talante humano y su pundonor ético. Fue uno de los mejores y más queridos alcaldes de la ciudad de Compostela, y gozó del aprecio no solo de sus correligionarios, sino también de la ciudadanía en general y de sus oponentes políticos en el Ayuntamiento. Artista imaginero en su juventud, fue becado por la Escuela de Artes y Oficios, junto a otros cinco trabajadores, para un viaje y una estancia en París en julio de 1900.
Mi intención es poner de relieve tanto la figura de López Pol y sus compañeros republicanos como el comportamiento encomiable de la oposición monárquico-conservadora compostelana durante su mandato, que bien podría ser objeto de reflexión en nuestras actuales circunstancias políticas.
Al respecto, interesa aclarar dos cuestiones: 1) ¿Por qué, pese a contar con la explícita manifestación incondicionada de apoyo por parte de la oposición monárquico-conservadora, el alcalde López Pol decidió dimitir? 2) ¿Hasta qué punto la actuación del Gobierno republicano y, más en concreto, del gobernador de la provincia de A Coruña propició la crisis de gobernabilidad en el Consistorio compostelano en 1934, al haber sancionado, mediante un discutible cese no temporal, al grupo de 13 concejales que se interpretó que podrían ser remisos a homenajear al Ejército que había participado en sofocar la huelga general revolucionaria de octubre de 1934?
II – La proclamación de la II República en Santiago
Recordemos que, tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, el día 14 se proclamó la II República en España. En Santiago, ese mismo día, tras conocerse la noticia, los concejales electos acompañaron a una manifestación que salió del Centro Republicano portando banderas y que, tras recorrer algunas calles, llegó al Ayuntamiento, con López Pol al frente, tomando pacíficamente posesión de la institución.
Sustentaba su proceder el comunicado emitido ese mismo día por el Comité Republicano de Santiago, que decía:
“(…) Sostenidos por esa suprema autoridad que nos concede la voluntad popular los concejales republicanos de toda España comenzamos desde este momento a ejercitar nuestros derechos pues el régimen monárquico, que vive al margen de la ley, desde hace ocho años, no es el llamado a darnos posesión, a su arbitrio y conveniencia, de los cargos para los que nos designó la soberanía nacional. (…)”
Se retiró el retrato del rey del salón de sesiones y se sustituyó por un cuadro simbólico de la República; también se izaron las banderas republicana y gallega. Tras esto, Raimundo López Pol, desde uno de los balcones del edificio consistorial, dirigió la palabra a los asistentes, pidiendo cordura y no violencia. Se procedió a enviar mensajeros a otros ayuntamientos limítrofes para que, si no lo habían hecho ya, proclamasen la República. También se establecieron otras medidas dirigidas al mantenimiento del orden público.
López Pol se ocupó desde el primer momento de garantizar el orden, incluso personalmente. El Eco de Santiago, el 19 de noviembre de 1934, al dar cuenta de la sesión municipal del día 17 anterior, celebrada para la elección de un nuevo alcalde, recogió el testimonio al respecto del concejal monárquico Jesús López de Rego en estos términos:
“El significado derechista Sr, López de rego pronuncia un discurso lleno de emoción y sinceridad. Declara que el Sr. López Pol, primer Alcalde de la República, fue votado por todos para este cargo que desempeñó con singular acierto. Al cesar en su desempeño, él que está muy lejos de la ideología del Sr. López Pol, tiene que proclamarlo así. (…) Recuerda los primeros días de advenimiento del nuevo régimen, cuando se desbordaban las pasiones y se cometían actos reprobables en muchas ciudades españolas, y de qué manera aquí, por el encauzamiento que a esos movimientos supieron dar López Pol y los elementos de la izquierda que con él gobernaban no pasó nada pudiendo contar intacto como contamos, con todo nuestro patrimonio artístico, monumental e histórico.” López de Rego concluyó pidiendo para López Pol “todo el reconocimiento, todo el rendido homenaje de un hijo de Santiago amante de sus glorias”.
III – Elección formal de López Pol el 19 de abril
En 1931 no era la primera vez que López Pol accedía al Consistorio; ya en las elecciones municipales de 1911 y en las de 1917 había obtenido el acta de concejal. En las municipales de 1931 correspondía elegir 32 concejales en Santiago. Resultaron elegidos 18 republicanos, 13 monárquicos y un agrario.
El domingo 19 de abril, siguiendo instrucciones del Gobierno, se constituyó formalmente el Consistorio y se eligió alcalde a Raimundo López Pol por 29 votos y una papeleta en blanco, la suya, sin que hubieran asistido al acto dos de los concejales electos. Tras ser elegido, López Pol tomó la palabra, saludó a la nueva corporación e hizo una breve relación de algunos de los problemas existentes en la ciudad, así como de su voluntad de resolverlos, pendiente de la elaboración de un programa completo.
Le contestó, “en nombre de los que se sientan a la derecha”, el concejal monárquico Enrique Rajoy Leloup, felicitando al nuevo alcalde y ofreciéndole su colaboración. Afirmó que “nadie con mejores condiciones que el señor López Pol para ocupar el puesto, pues, aparte de su competencia y su cariño por la ciudad, tiene dotes de ecuanimidad y comprensión bien patentes que le hacen insustituible”. Similares elogios se reiteraron por parte de la oposición en el momento en que López Pol presentó su renuncia voluntaria a la alcaldía, el 7 de noviembre de 1934.
En 1936, Raimundo se exilió en Cuba y, posteriormente, volvió a residir en Compostela. A su regreso fue acusado ante el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas y condenado a seis años de inhabilitación absoluta
IV - Nuevo gobierno de la República y huelga general
El 4 de octubre de 1934 se constituyó el nuevo Gobierno de la República, formado por Alejandro Lerroux con participación de la CEDA. Al día siguiente, el 5 de octubre, se inició la huelga general revolucionaria, que afectó a todo el país y de modo significativo a Asturias, región íntimamente ligada a Galicia. El día 6, el Gobierno proclamó el estado de guerra. Durante la huelga revolucionaria, las zonas mineras asturianas fueron sometidas a una durísima represión militar.
La huelga se dio por terminada el 19 de octubre, pero ya antes de esa fecha se impulsó, desde diversas instituciones y corporaciones, la realización de felicitaciones y homenajes a las fuerzas armadas. El 17 de octubre, el Ayuntamiento de Santiago celebró sesión y en ella se sometió a deliberación y se acordó felicitar al Ejército y demás fuerzas armadas por la lealtad y disciplina con que habían contribuido a mantener y restablecer el orden social en los “tristes sucesos que se han desarrollado en España”. La propuesta se aprobó por unanimidad de los presentes, que eran, además del alcalde, 13 concejales.
Faltaron a la sesión 16 concejales, pero se concluyó que fueron 13 los ausentes sin causa justificada, de los que once eran republicanos, uno agrario y otro monárquico. El 19 de octubre, el comandante militar de Santiago ofició al gobernador civil, considerando la ausencia no justificada de 13 concejales como una “falta de cooperación con los poderes constituidos”, pues en dicha sesión se iba a tratar una moción “en la que se proponía felicitar al ministro de la Guerra por la acertada y eficaz intervención de las fuerzas armadas de la Nación con motivo de los últimos sucesos revolucionarios”.
Visto dicho oficio, el gobernador civil de A Coruña acordó, el 3 de noviembre, la suspensión de los 13 concejales. El 16 del mismo mes, el gobernador civil hizo pública la cobertura de las 13 vacantes de los suspendidos, más otras dos previamente existentes, lo que dio lugar a la incorporación de 15 nuevos concejales al grupo de 17 ediles subsistentes en la corporación fruto de las elecciones de abril de 1931.
V – Dimisión de López Pol
Ante esta circunstancia, en la sesión del Ayuntamiento del 7 de noviembre de 1934, el alcalde López Pol presentó su dimisión diciendo:
“(…) Para nadie es un secreto que casi todos los concejales suspensos me habían votado para el cargo de Alcalde. También entre los que quedan me honraron algunos con sus votos; pero es indiscutible que la mayoría la tengo entre los suspendidos. Por consiguiente estimo que no debo continuar desempeñando la alcaldía. (…) El agradecimiento a todos mis compañeros, por el apoyo que me prestaron, lo llevo en el alma y a todo y a cada uno les ruego dispensen si alguna vez les pude ofender en el desempeño de mi cargo, ya que ello sería siempre sin propósito de hacerlo”.
Seguidamente tomaron la palabra los concejales Jesús López de Rego y Enrique Rajoy Leloup, del grupo monárquico. Ambos elogiaron la labor del alcalde, lamentaron su decisión de dejar la Alcaldía, le ofrecieron “su fervoroso apoyo que nunca le han negado” e insistieron, con diversa argumentación, en pedirle que no dimitiera. Finalmente, la dimisión a la alcaldía no le fue aceptada a Raimundo López Pol, pero la Corporación le reconoció el derecho al descanso, autorizándole a que se tomase el tiempo necesario y se alejase temporalmente de los asuntos públicos.
Pero el caso es que, tras haberse incorporado los concejales nombrados para sustituir a los cesados, el gobernador dispuso que deberían renovarse los cargos de la Corporación y elegirse nuevo alcalde. A tal efecto, se reunió el Concejo en sesión extraordinaria el sábado 17 de noviembre de 1934. La sesión se inició presidida por Fontán y Fontán, que, confirmando lo dicho por López de Rego, afirmó, respecto a la actuación de López Pol en los primeros días de la proclamación de la República, que “en efecto, en aquellos días de trastornos públicos en España, el Sr. López Pol había pasado muchas noches sin acostarse vigilando, él y sus amigos, para que Santiago no pudiese ser tildado de inculto”.
Estaban presentes 28 concejales. Uno de los ausentes era López Pol. Resultó elegido por 24 votos Francisco Vázquez Enríquez, que cesó el 23 de febrero de 1936. Fue nombrado nuevo alcalde Ánxel Casal Gosende, que presentó su dimisión por escrito, leída en la sesión del 9 de julio de 1936. Fue asesinado por el régimen franquista en agosto de ese año. José Germán Fernández ejerció las funciones provisionales de alcalde del 9 al 26 de julio de 1936. Fue fusilado en las inmediaciones del cementerio de Boisaca, en Santiago, el 3 de diciembre de 1936, junto con otros nueve compañeros de cárcel.
VI- Exilio, regreso y fallecimiento de López Pol.
En 1936, Raimundo se exilió en Cuba (1936-1939) y, posteriormente, volvió a residir en Compostela. A su regreso de Cuba fue acusado ante el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas y condenado a seis años de inhabilitación absoluta (Baldomero Cores T., Enciclopedia Gallega).
Raimundo y su familia eran vecinos y amigos de la mía; vivíamos enfrente de su casa, en la calle Calderería, en Santiago. Raimundo hacía tertulia en el comercio de mi abuelo Eloy Artime, junto con otros amigos, entre ellos Ramón del Valle-Inclán.
Raimundo López Pol falleció en Santiago en la tarde del 19 de septiembre de 1958. Recuerdo —tenía yo 16 años— que asistí, con algunos miembros de mi familia, a su funeral en la iglesia de San Francisco de dicha ciudad.
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Eloy Isorna Artime es socio de infoLibre.
I – Un buen Gobierno republicano y una oposición monárquica encomiable