Sarah Santaolalla (Salamanca, 1998) se ha convertido en muy pocos años en una voz destacada de las tertulias políticas por su óptica progresista, sus análisis contundentes y un lenguaje claro. Su éxito la ha puesto en el punto de mira de las figuras más virulentas de la derecha, especialmente Vito Quiles. Sus datos íntimos han sido filtrados, ha sido hostigada día y noche en la calle y en su domicilio. La analista denuncia un sistema judicial que no protege suficientemente a las víctimas. Reprocha también el silencio cómplice ante los ataques que se vuelve recriminación en cuanto la víctima se revuelve o intenta ejercer su derecho a una legítima defensa.
Acoso organizado contra figuras progresistas
“Siento profunda vergüenza cuando tienes a un individuo en tu casa todas las semanas, en tu trabajo, acosándote cada día, insultándote, intentando violentar no solo tu vida, tu intimidad, sino a los tuyos, a tu familia..., y la justicia no se da la misma prisa que cuando pasa en otros casos. Es una vergüenza que las mujeres tengamos que pedir ayuda a gritos, auxilio a gritos, como estoy haciendo yo desde hace mucho tiempo. Aun así, quiero confiar en que la justicia podrá actuar, y en que puede proteger a las víctimas. Y las víctimas son de todo tipo. Hay víctimas como Violeta, que ha sido una mujer humillada en una manifestación. Hay víctimas como Rubén Sánchez, que ha tenido que sufrir cómo le llamaban pederasta, sin ningún tipo de prueba. Hay víctimas, políticos progresistas, periodistas progresistas, que tienen que aguantar información fake, que tienen que aguantar cómo se les difama, cómo se les persigue hasta la puerta de su casa. Y en este caso hay una víctima que soy yo y que espero llegar hasta el final, porque además voy a dedicar todo el tiempo, todos los ahorros y todo el esfuerzo para que Vito Quiles sea condenado”.
Reparos ante la actuación judicial
“Yo confío poco. Quiero confiar, pero te reconozco que me cuesta porque la vida te demuestra otra cosa. La justicia no solo debería ser justa, sino que debería aparentarlo. Y últimamente ni lo aparenta ni la ejerce. Yo he conocido a víctimas de malos tratos, a mujeres con el ojo morado de lunes a domingo, a mujeres que han sido agredidas sexualmente, a mujeres de las que han filtrado fotos íntimas, a mujeres a las que han retenido, a mujeres a las que han agredido de alguna forma... y no han condenado a sus agresores, a sus acosadores, a sus maltratadores. Yo he conocido a víctimas no solo de sus maltratadores, sino también de un sistema judicial podrido, porque finalmente no han conseguido que la justicia condenase al padre de sus hijos, a su expareja, a su maltratador, en definitiva. Cuando conoces estos ejemplos, incluso alguno mediático, de cantantes, de futbolistas, de hombres poderosos, de políticos, el sabor que se le queda a una es de profunda decepción y de profunda vergüenza. Porque piensas que si ellas no lo han conseguido, yo tampoco lo conseguiré, salvando las diferencias con casos de agresiones sexuales o de maltrato. Pero quiero confiar en un sistema que pueda proteger a una ciudadana”.
Parar las agresiones
“Ya no va de periodismo, ya no va de análisis, ya no va de personaje público; va de una ciudadana que no puede salir de la puerta de su casa, que tiene miedo, a quien llaman al timbre a las cuatro de la madrugada y se lo dejan bloqueado, y no puede bajar porque pueden estar en la puerta. Una ciudadana de la que han filtrado su dirección, su teléfono móvil y que cada día recibe cientos de llamadas y mensajes con amenazas de muerte, con insultos. Una ciudadana que va por la calle y, cuando han señalado tanto su vida, cuando la han deshumanizado como han hecho conmigo, al final te someten a que te insulten, a que te vejen, a que te persigan todos los seguidores de estos ultras, de estos hooligans del micro. Va de una ciudadana que simplemente quiere vivir en libertad, como se lo deseo hasta a mi peor enemigo. No quiero para Vito, para Ndongo, para esta gentuza, todo lo que estoy sufriendo yo. No lo quiero ni siquiera para ellos. Pero confío poco, porque la justicia no se ha puesto las pilas. Todavía hay una justicia completamente podrida, porque los mismos que pagan a Vito Quiles dentro del Partido Popular son quienes presumen de tener relaciones con los jueces. Creo que en esta guerra cultural, social y política no podemos ir en chanclas. Y a veces vamos en chanclas cuando contra todos estos escuadristas hay que ir a la guerra de verdad. Y hay que ir por el juzgado, hay que ir por los medios de comunicación y hay que ir por la vía pública. Tienen que ser expulsados del Congreso de los Diputados, de cualquier institución, de los partidos en los que militan, que los apoyan. Hay que pedir explicaciones a todo aquel que les financia y que les apoya. Y hay que exigir que no pisen el suelo que pisamos los demócratas”.
No es tiempo de ponerse de perfil ante los violentos
“Me ha llamado mucho la atención, cuando analistas, periodistas o políticos progresistas llevamos meses denunciando el acoso de estos energúmenos, cómo ha habido voces que se han callado, que nunca nos han defendido, que nunca se han solidarizado. Pero eso sí, cuando una de las víctimas responde, ahí sí saltan a enseñar el camino, a dar lecciones. Es muy cómodo opinar desde el sofá de tu casa cuando no te están tocando el timbre abajo, cuando tu familia no tiene miedo. Yo no voy a aguantar ninguna lección de nadie que no esté sufriendo lo que estamos sufriendo mi familia o yo. Jamás voy a juzgar a las víctimas de Vito Quiles o Ndongo. No voy a juzgar si uno le tira el micro, si uno le ríe el chiste, se pone a llorar, se enfada, insulta o se va; porque son víctimas y a las víctimas no se las puede juzgar. Hay personas que trabajan en grupos mediáticos, en ciertas editoriales, en ciertos lobbies que no están de acuerdo con lo que a veces decimos, con lo que a veces hacemos o con lo que a veces contamos. Y eso les lleva a ponerse antes de parte del agresor que de la víctima. Y yo lo siento, pero me he cansado; no solo de los acosadores, sino de los cómplices. Porque hace mucho daño el silencio cómplice, y prefiero que no me den su apoyo y que se callen cuando yo contesto. Porque lo que tengo muy claro es que yo voy a contestar, no me voy a quedar callada. Cuando me estás intimidando, voy a responder con todo. Y si esas armas hacen que alguno se preocupe, que alguno se lleve las manos a la cabeza o se eche a llorar, oye, bienvenido sea”.
Contrarrestar la propaganda ultra
“Cuando un personaje como Vito, como Ndongo, como cualquiera de estos del micro, tiene una financiación pública –como publicaba un medio de comunicación hace unos meses– de 700.000 euros, al final esa propaganda llega. Llega al móvil, a TikTok, a Instagram, a Twitter y llega a la casa de muchas personas. Por eso hay que contrarrestar y hay que informar. Oye, no son valientes, son acosadores. Oye, no son libres, tienen un salario público, son un militante más y, hay que decirlo, algunos del Partido Popular y otros de Vox. Hay que decir para quién trabajan, porque eso es lo que más les molesta. No tienen información buena. Publican fake news, desinformación, no han dado un dato real en su vida, no han contado una verdad ni al médico, ni a su mamá. Esto los chavales lo tienen que saber y yo creo que lo saben. La gente es normal, a la gente normal le asusta que estos filtren una dirección. Creo que el chiringuito empieza a hacer cada vez menos gambas, porque la realidad es que llevan años llamando "comegambas" al resto y los que se pegan mejores mariscadas son ellos. Llevan años hablando de chiringuitos feministas y los que mejor se han montado el chiringuito son ellos. Llevan años atacando a las mujeres, al colectivo LGTBI, a las personas trans hablando de que vivían de las paguitas y los de las paguitas son ellos. Llevan años diciendo que "si la izquierda corrupta", pero los más corruptos son ellos, son la corrupción hecha persona. Y esto cada vez lo saben más jóvenes”.
Violencia verbal de Abascal
“No ha habido un salto, creo que siempre ha sido así. Esto es como cuando tienes un colega que se bebe dos copas y dices “solo es así cuando bebe” y le justificas. No, no, Santiago Abascal era así de día, de tarde y de noche. Es verdad que cada vez están más envalentonados. Hay una característica de Abascal muy clara, que es la simpleza, no la sencillez. La simpleza. Es muy simple, si es que se le ve venir. Entonces, ¿a quién le está sorprendiendo? ¿Quién no se ha enterado de qué va esto? ¿De que si Abascal llega a ser vicepresidente de este país, o presidente, va deportar a personas migrantes, va a acabar con políticas feministas que protegen a las mujeres, a las víctimas de malos tratos? ¿Quién no se ha enterado de que Abascal, cuando llegue a ser presidente, va a quitar o reducir el salario mínimo interprofesional, que gente que ahora está ganando más de 1.200 euros va a ganar 200?”.
Derecha asimilada a la ultraderecha
“Se ha normalizado el insulto y la violencia en toda la derecha. Hemos visto a la presidenta de la Comunidad de Madrid llamar "hijo de puta" al presidente del Gobierno. Hemos visto a Alberto Núñez Feijóo bailar una canción del limonero un poco ridícula para meterse con el presidente del Gobierno. A Abascal llamar "rata", "mierda", al presidente, al delegado del Gobierno, al ministro del Interior. Se ha normalizado tanto la violencia que cuando cantan en un acto “hijo de puta” o cualquier tipo de insulto, de barbaridad, no lo condenan en la derecha. El día que le ocurra a Alberto Núñez Feijóo a Santiago Abascal o a Jaime de los Santos –que tienen la lengua muy rápida, el intelecto no tanto–, la izquierda lo va a condenar, como ha condenado los ataques a las sedes del Partido Popular y otro tipo de violencias. Por eso yo creo que la polarización no existe, que la violencia no existe en todo el espectro político. No. Hay una derecha cada vez más violenta, cada vez más envalentonada. Pero es que así es el fascismo. El fascismo puro y duro es esto: violencia, acoso, desinformación, intentar deslegitimar, deshumanizar al adversario. Es que cuando llegan los fascistas, llegan los fascistas”.
El PP y la "prioridad nacional"
“Me parece una de las mayores barbaridades que ha podido hacer el Partido Popular. Es segregación y discriminación, es racismo y xenofobia, es política racista, es crueldad. Estamos hablando de que, a las personas más vulnerables, a las personas migrantes, se están atreviendo a dejarlas sin atención médica y sin poder escolarizarse. En un país en el que por mucho que ellos quieran decir que las personas migrantes están apartadas, están en sus guetos, no forman parte de la vida, es mentira. Las personas migrantes son nuestros vecinos, son nuestros amigos, pagan impuestos, muchos más que ellos. Trabajan en nuestro país desde hace mucho más tiempo que ellos. Tienen hijos, familias, han creado grupos, han creado una vida social. ¿Quién no tiene un vecino, un amigo, que ha venido de otro país o que incluso ha nacido en este país pero tiene otro apellido u otro color de piel? Pero, ¿quién es esta gente para intentar impedir que puedan ir a una escuela o a un médico? Las políticas del Partido Popular y de Vox son las más reaccionarias de los últimos años en este país. Y empiezan en Extremadura, en Aragón, en gobiernos autonómicos, pero quieren aplicarlas en clave nacional. Es una patada a la Constitución. Los mismos que dicen defenderla le están dando una patada, igual que los mismos que van diciendo que defienden su patria están dejando tirados a más de la mitad de compatriotas. Y si tocan a una persona migrante, nos están tocando a todas. Hoy son las personas migrantes, ayer fueron las mujeres, mañana serán los sindicalistas, al día siguiente serán las personas que se dedican a la política en partidos de izquierdas. Dentro de un mes, los periodistas. Son cacerías humanas y segregación.
Situación a la izquierda del PSOE
“Al final hay una necesidad de voto a la izquierda en un momento de auge de la extrema derecha. Lo que puede pasar en 2027 es preocupante, porque el Partido Socialista no va a perder escaños, no va a sufrir, pero a la izquierda del Partido Socialista sí [hay ese riesgo]. Entonces creo que hay movimiento. He seguido de cerca tanto el acto con Gabriel Rufián y Emilio Delgado aquí en Madrid (me tocó moderarlo), como el de Irene Montero y Gabriel Rufián en Barcelona, al que acudí. Ves que la gente necesita abrazo, sentirse arropada en un momento en el que tenemos miedo por una guerra ilegal, en el que tenemos rabia por un genocidio, en el que tenemos preocupación por que suban los precios y la derecha vota en contra de cualquier ayuda social. Eso se traduce mucho en el efecto Gabriel Rufián. Creo que Gabriel Rufián ahora es el político más valorado en la izquierda. Es la persona que puede movilizar un tándem con distintos partidos, con distintas organizaciones progresistas que pueden llevar al éxito de la izquierda. Pero creo que hay que concretar, pasar un poco más allá de los actos y hablar de papeletas, hablar de consensos. Eso sí, no en un plató de televisión: en reuniones, en asambleas, en agrupaciones. Sobre todo, contar con la militancia, porque la militancia lo es todo. Se puede hacer, se puede salir a ganar.
Formas de articularse
“Creo que la izquierda tiene que ir a ganar y tiene que ir con la cabeza alta, y en esa lista puede haber mucha gente, muchos partidos, ya sea encabezada por Gabriel Rufián, con Esquerra, ya sea por el acompañamiento de Podemos, por la presencia de Izquierda Unida, de Más Madrid, de Compromís, de Bildu, de BNG... Hay muchas formas y muchas estrategias, no todo tiene que ser en una lista. A veces se puede hacer una lista de la izquierda española respaldada por izquierdas nacionalistas. En algunos territorios puede haber un nombre, puede haber varios. Creo que hay muchas fórmulas para llegar a la victoria, pero se tienen que aclarar y contarlo cuanto antes, porque si vamos a elecciones en el 2027, vamos con todo y van con todo. No puede haber vetos. El 23J hubo vetos y fue el mayor error de la izquierda. Y tiene que haber muchas mujeres. Creo que es el momento también de las mujeres. Y luego, sobre todo, de ilusionar. La izquierda debe seguir ilusionando porque es el momento de parar a esta gente”.
Esquivar errores pasados
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“Venimos de batallitas que no le importan a nadie. Al votante de izquierdas no le importa la batalla que puede tener un miembro de un partido o de otro, le importa que su sueldo se mantenga, que su casa no se la robe un fondo buitre, que su abuela tenga una pensión y que su amiga, a la que el marido o el exmarido ha intentado agredir, no pierda las políticas que le permitan solicitar una orden de alejamiento para proteger a una mujer maltratada. Al votante progresista le importa que no se desmantelen servicios públicos, no la lucha de egos. Unión, debate y reflexión. Al final vamos a otros cuatro años en los que da igual que hayas ido de número dos o de número 15. Si te vas a comer cuatro años en la oposición con un Consejo de Ministros lleno de fascistas, ¿de qué sirve que tú fueses el siete o tú fueses el cuatro? Si vas a sacar cuatro o cinco escaños, no vas a poder decidir nada, no vas a poder ayudar a la gente, no vas a poder legislar para mejorar la vida de la gente. Estamos en unas cifras que... a lo mejor Abascal no es vicepresidente, es que puede ser el presidente. Podemos tener un ministro de Defensa que mande a chavales de 18 años con un fusil a una guerra ilegal. Que el Ministerio de Igualdad se borre y que cuando una mujer tenga miedo se rían y la ridiculicen”.
Dimensión internacional de Pedro Sánchez
“Yo creo que Pedro Sánchez es el líder internacional más valiente. Ha demostrado que se puede enfrentar a un oligarca yanqui, a un genocida y parar los pies a la guerra. Ha ganado muchos puntos con su batalla internacional mientras algunos hacen un papelón y todavía no saben si están con los genocidas o con las víctimas. Hay que recordar que Sánchez es el primer líder que dice no a Donald Trump y el resto de países de la Unión Europea se suman días y semanas después a él. Está siendo muy valiente, pero porque España también lo es, porque la sociedad española, en medio del genocidio en Gaza, salió a protestar. Hubo manifestaciones en todo el país, se paró la Vuelta Ciclista. Yo creo que la española es una sociedad humana, empática, que no solo se moviliza, sino que además protesta contra estos tipos que nos llevan al caos, a la incertidumbre y al hambre. Y el Gobierno es el reflejo de la gente. Luego ya tenemos a la derecha, que todavía no saben por dónde les viene el viento. Están ahí un poco esperando la ráfaga de la sensatez, porque hemos tenido a la portavoz del Partido Popular, a la señora Muñoz, pidiendo el voto para Israel en Eurovisión cuando estaban quemando a niños vivos, bombardeando hospitales. ¿Pero qué tipo de persona eres? ¿Estás orgullosa de eso? Hemos tenido a la señora Cayetana Álvarez de Toledo diciendo “sí a la guerra” contra Irán, sí a la guerra. Vete tú; no mandes al pueblo español a batallar una guerra que no quiere. La derecha se ríe de nuestros soldados. Recordad a Ester Muñoz intentando ridiculizar a un soldado español, comparando con una demora en un control de tráfico un secuestro ilegal, una detención ilegal. Yo creo que la gente decente sabe que no hay que estar con un genocidio, sabe que está mal quemar a un niño vivo, sabe que los colegios y los hospitales no se bombardean. Eso es la guerra, no la peli de Netflix que se pone Abascal a las cuatro de la tarde, y luego sale motivado de casa para ir al Congreso a las doce de la mañana, que antes que está durmiendo”.
Deriva de Donald Trump
“Creo que Donald Trump es un auténtico psicópata, creo que es el tipo más peligroso y con más poder que hay en el mundo. Creo que Donald Trump no quiere un acuerdo por la paz, no quiere finalizar la guerra. Él quiere sumisión, quiere que se rindan y, si no lo consigue, lo contará así: “No bajé la cabeza”. Él dirá que es un héroe, que las encuestas le apoyan, que ha conseguido que sus amigos ricachones se beneficien; eso es cierto. Y contará que todo el mundo está a sus pies. Es como un nuevo rico. Un hortera que hace cuadros de oro consigo mismo, que pone diamantes en todas sus fotos, que tendrá un jacuzzi en cada habitación de la casa de colores. Necesita que le veamos, que hablemos de él, necesita protagonismo y necesita pasta; al final es una forma de mantenerse en el negocio. Pero creo que va a perder las próximas elecciones. El juego del Monopoly en el que nos ha metido se empieza a acabar y comienza a enseñar el final a muchos compatriotas suyos. Es el ejemplo de lo que puede venir a este país, de lo que puede pasar. Creo que lo estamos viendo, y es de agradecer, en parte, al psicópata de Donald Trump que nos enseñe lo que es, con luz, con pruebas, con la realidad, para que podamos huir de eso”.
Sarah Santaolalla (Salamanca, 1998) se ha convertido en muy pocos años en una voz destacada de las tertulias políticas por su óptica progresista, sus análisis contundentes y un lenguaje claro. Su éxito la ha puesto en el punto de mira de las figuras más virulentas de la derecha, especialmente Vito Quiles. Sus datos íntimos han sido filtrados, ha sido hostigada día y noche en la calle y en su domicilio. La analista denuncia un sistema judicial que no protege suficientemente a las víctimas. Reprocha también el silencio cómplice ante los ataques que se vuelve recriminación en cuanto la víctima se revuelve o intenta ejercer su derecho a una legítima defensa.