Más de 200 artistas de todo el mundo se movilizan contra la presencia de Israel en la Bienal del Venecia

Por mucho que se haya popularizado el libro de Sun Tzu, la guerra no es un arte. Es una atroz carnicería. Por eso, pocas cosas están más alejadas de la exploración artística performativa que la agresiva política expansionista de Israel. Desde el pasado 19 de enero, cuando entró en vigor el supuesto alto el fuego en Gaza, más de 680 gazatíes han muerto a manos del ejército israelí. En ese mismo tiempo, militares y colonos han asesinado a más de un centenar de palestinos en Cisjordania. Y la borrachera de sangre no cesa. La actual ofensiva ordenada por Benjamin Netanyahu y Donald Trump en la región deja hasta la fecha un saldo de más de 3.000 de muertos en Irán y otro millar en el Líbano, donde Israel se vanagloria de imponer su modelo de exterminio ejecutado en Gaza. En total, Israel ha provocado en los últimos meses más de 5.000 muertos, incluyendo más de un centenar de sanitarios. Y más de medio millar de niños asesinados.

Frente a esta dantesca realidad, miles de voces se han levantado por todo el mundo contra el genocidio del pueblo palestino. También para denunciar los intentos del Estado sionista de blanquear sus políticas belicistas y expansionista tratando de normalizar su presencia internacional en eventos deportivos o culturales. Por este motivo, cientos de creadores se están sumado estos días a la campaña de boicot a la participación de Israel en una de las citas más prestigiosas del panorama de las artes plásticas internacional, la Bienal de Venecia, que tiene previsto abrir sus puertas el próximo 9 de mayo.

La campaña está siendo promovida por el colectivo Art Not Genocide Alliance (ANGA), una organización que ya protagonizó una fuerte movilización en Venecia en 2024 que, si bien no consiguió la exclusión oficial de Israel, forzó a que su pabellón permaneciera cerrado. Ahora, los activistas de ANGA redoblan su presión con una carta para exigir la expulsión del que denominan como “pabellón del genocidio”. En su escrito, remitido al presidente de la Bienal, Pietrangelo Buttafuoco, se reafirman en su “negativa colectiva a permitir que se le dé visibilidad al Estado israelí mientras comete genocidio”. En este sentido, los firmantes destacan que “la complicidad de la Bienal de Venecia con el intento de destrucción de la vida palestina debe terminar. Ningún artista ni trabajador cultural debería compartir plataforma con este Estado genocida. Mientras Israel exista mediante el genocidio, la limpieza étnica y el apartheid, no debe estar representado en la Bienal de Venecia”.

La carta de ANGA ha sido firmada hasta ahora por unos 200 artistas, curadores y trabajadores de los pabellones de más de 30 países que participarán en esta edición de la Bienal. Entre estos apoyos se encuentran destacadas figuras internacionales del arte, como el chileno Alejandro Jaar, la artista franco-marroquí Yto Barrada o la creadora multidisciplinar Carolina Caycedo. También se han sumado a ella Oriol Vilanova, artista que representará al pabellón de España, y Carles Guerra, comisario responsable de esta exposición; así como Claudia Pagès Rabal, artista visual, performer, escritora y una de las figuras más destacadas del panorama emergente actual. 

Pagès ultima estos días su proyecto Papers Tears, que mostrará en los Eventi Collaterali de la Bienal tras ser seleccionado por el Institut Ramon Lluc para representar a la cultura catalana en Venecia. “Se trata de una videoinstalación muy escultórica, pensada casi como una obra de teatro donde el público podrá ver cómo una serie de bufones desgranan un archivo de marcas de agua del siglo XV. La elección de este siglo no es naíf, es un siglo de violencia en la Península y nos da juego para hablar de las angustias actuales”, comenta. Sobre su apoyo al boicot al pabellón de Israel, la artista catalana rechaza que esta campaña se presente como una polémica: “En la historia de la Bienal hay casos precedentes en los que se hizo boicot, como el que se promovió contra Sudáfrica durante el apartheid, o en los últimos años con Rusia. Los pabellones de la Bienal son representaciones estatales de países, unos juegos olímpicos del arte, unas pequeñas embajadas mezcladas con cultura. Por eso lo único polémico es que la Bienal siga enseñando y promoviendo la cultura de un Estado genocida”.

La indignación por la presencia israelí se ha visto acrecentada por el hecho de que su pabellón permanente, ubicado en el área de los Giardini, está siendo reformado, lo que ha obligado a los responsables de la Bienal a buscar un espacio alternativo en el complejo del Arsenale para garantizar su presencia. Este cambio de ubicación ha sido recibido con satisfacción por el artista que representará a Israel en la cita veneciana, el escultor de origen rumano afincado en Haifa, Belu-Simion Fainaru. En la práctica, la reubicación “normalizará” a Israel al permitirle compartir espacio con países musulmanes como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita o Turquía, mientras sus tropas bombardean Palestina, Líbano e Irán. Para ANGA, esta colaboración activa de la Bienal con Israel es inaceptable e implica “un respaldo institucional explícito en un momento de escalada de violencia”.

Rusia regresa a la Bienal

Al boicot contra Israel se le suman otras controversias que están afectando a esta nueva edición de la Bienal de Venecia. Una de las que ha tenido mayor resonancia es el regreso a la prestigiosa cita artística de Rusia, pese a la invasión de Ucrania. La presencia rusa ha desatado una fuerte polémica política después de que la Unión Europea amenazase con retirar sus fondos a la Bienal y el ministro de Cultura italiano, Alessandro Giuli, reclamase públicamente la dimisión de la representante del Gobierno en el consejo que dirige el evento. Por lo pronto, las Pussy Riot y otros representantes de la cultura disidente rusa han anunciado su intención de promover acciones contra el pabellón ruso. 

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A ello se une, además, el malestar provocado por la decisión de Sudáfrica de cancelar su presencia en la Bienal, después de que su ministro de Arte y Cultura, Gayton McKenzie, considerara inapropiado el proyecto Elegy que la artista Gabrielle Goliath había preparado para representar al país. La propuesta de Goliath denunciaba el feminicidio y la violencia contra las personas LGBTQI+, aunque el principal motivo para su cancelación era el homenaje que incluía a la poeta palestina Hiba Abu Nada, muerta durante los bombardeos en la Franja de Gaza

Frente a las críticas y controversias, los organizadores del evento argumentan la imposibilidad de la Bienal de rechazar la participación de ningún país que tenga representación diplomática en Italia. Al mismo tiempo, su director se escuda en la supuesta neutralidad del arte. “Nadie está aquí para plantear cuestiones geopolíticas; estamos aquí para garantizar un espacio libre para el arte”, afirmaba en unas declaraciones recogidas por la agencia de noticias Ansa.

En cualquier caso, las crecientes presiones han obligado a la Bienal a poner en marcha alguna iniciativa que contrarreste las críticas. En este sentido, Buttafouco ha adelantado que se está trabajado para incluir en la edición de este año una conmemoración del cincuenta aniversario de la Biennale del Dissenso, que en 1977 dio voz a los artistas disidentes de la Unión Soviética y el bloque del Este. Para ello, el presidente de la Bienal ha anunciado la preparación de un evento en el que participarán cinco personalidades contemporáneas consideradas non gratas por sus respectivos Gobiernos de Estados Unidos, Israel, China, Rusia e, incluso, la Unión Europea.

Por mucho que se haya popularizado el libro de Sun Tzu, la guerra no es un arte. Es una atroz carnicería. Por eso, pocas cosas están más alejadas de la exploración artística performativa que la agresiva política expansionista de Israel. Desde el pasado 19 de enero, cuando entró en vigor el supuesto alto el fuego en Gaza, más de 680 gazatíes han muerto a manos del ejército israelí. En ese mismo tiempo, militares y colonos han asesinado a más de un centenar de palestinos en Cisjordania. Y la borrachera de sangre no cesa. La actual ofensiva ordenada por Benjamin Netanyahu y Donald Trump en la región deja hasta la fecha un saldo de más de 3.000 de muertos en Irán y otro millar en el Líbano, donde Israel se vanagloria de imponer su modelo de exterminio ejecutado en Gaza. En total, Israel ha provocado en los últimos meses más de 5.000 muertos, incluyendo más de un centenar de sanitarios. Y más de medio millar de niños asesinados.

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