‘Altas capacidades’ aborda la obsesión por ascender de clase: "Utilizamos a los hijos como moneda de cambio"

"Esta es una película sobre contradicciones y miserias humanas, atravesada por un conflicto de clases, de querer formar parte de algo a lo que no se pertenece, con la excusa de unos niños y la educación". Muy pocas veces alguien resume y presenta una película con la precisión de la que hace gala la actriz Natalia Reyes. Tanto es así, que su compañero Juan Diego Botto apostilla: "No sé si puedo mejorar esto, pero diré que es la historia de unos padres que quieren sacar a su hijo de un colegio público para meterlo en uno privado, con todas las aventuras y desventuras que van a vivir en el proceso. Es una comedia muy irónica, muy ácida, sobre intentar ascender de clase social y sobre esas miserias que muchos tenemos y no queremos reconocer".

Ambos atienden a infoLibre con motivo del estreno este viernes en cines de Altas capacidades, una película dirigida por Víctor García León —quien también firma el guion con Borja Cobeaga— que, con una corrosiva mirada sobre la sociedad y sobre nosotros mismos, cuenta la historia de Alicia y Gonzalo, una pareja de clase media que se enfrenta al dilema de matricular a su hijo en un colegio de élite, lo que les podría abrir a ellos la puerta a un ascenso social a costa de renunciar a sus propias convicciones morales. Este dilema da lugar, en palabras de su director, a una "comedia ácida, una tragedia grotesca, un drama ridículo", es decir, la vida misma.

Esta pareja de padres, interpretada por Marián Álvarez e Israel Elejalde, ya tenía la curiosidad de cómo sería su vida si cambiaran a un colegio privado, pero pierden definitivamente los papeles cuando escuchan las palabras mágicas: "Altas capacidades". Ahí empieza el "autoengaño", según García León, quien comparte acto seguido otra reflexión con infoLibre: "Vas cumpliendo años, la vida no te gusta tanto como esperabas, y coges a tu hijo como ariete para intentar entrar en otros sitios. Todos lo hemos hecho, yo lo he hecho: llegas a un parque de bolas y dices 'mi hijo es que es un genio, toca el piano que es una maravilla, pero yo no le empujo, lo hace él solo, y escribe cuentos, habla chino...' yo qué sé, lo que cada uno quiera. En eso hay algo de decir 'pobrecitos de nosotros, si hacemos lo que podemos'".

En medio de esta confusión vital surgen las comparaciones, las aspiraciones, las envidias y los celos. No ya entre los niños, no, qué va, sino entre los padres. De manera que, cuando se abre una puerta, de repente "todo el mundo quiere formar parte de una élite y ser especial", destaca Cobeaga a este diario, recordando que "el problema es que cuando todo el mundo es especial te conviertes en normal". Y añade: "Creo que está en todos, ya seas de derechas y de izquierdas, esa aspiración de ir a más, de ser más querido, aceptado, de pertenecer a un grupo más elitista. A lo mejor no tienes ese chaletazo a las afueras de Madrid que tienen los ricos pijos de esta historia, pero sí un piso increíble en Lavapiés".

En los colegios públicos hay profesores estupendos, igual que en la privada, donde, eso sí, además hay comerciales. La educación no debería ser un negocio, ya que así se convierte en una máquina perfecta de segregar

En ese intento de medrar socialmente, los padres protagonistas de Altas capacidades "utilizan al niño como moneda de cambio, como objeto para ellos", aunque de "manera inconsciente", destaca a infoLibre Marián Álvarez, para quien de alguna manera "la sociedad te lleva hasta ese punto" a base de compararnos a los demás: "Como vivimos en este mundo que es todo un escaparate a través de las redes sociales, igual lo puedes ver incluso fácil de conseguir, porque ves a gente normal en algunas vacaciones que te cagas, viajando en barcos con una ropa increíble. Hasta que llega el punto que lo ves tan al alcance de tu mano que te dices '¿por qué yo no?'"

Además, según la actriz, lo que pasa en última instancia es que "quizá también queremos que nuestros hijos nos representen", como de alguna manera nos representa "nuestro coche o donde vivimos". De este modo, plantea Elejalde, uno como padre intenta hacer "lo mejor para el niño pero, claro, a la vez estás pensando en hacer lo mejor para ti". "Por ejemplo, en la elección de un colegio tú no solo estás eligiendo la mejor educación para tu hijo, sino que también estás proyectándote en qué tipo de amistades quieres que tenga tu hijo más adelante y, de alguna forma también tú a través de él", argumenta.

En esta lucha de clases, aspiraciones y debacles, no falta en Altas capacidades la contraposición entre la escuela pública y la privada, personificada en un profesor veterano, ya cansado, pero que es el único que trata de aportar un poquito de cordura a padres y alumnos. "Es que en los colegios públicos hay profesores estupendos, igual que en la privada, donde, eso sí, además hay comerciales", plantea el director, todavía profundizando: "Lo que no tiene la pública son comerciales que te digan que todo es increíble y maravilloso en su cole y que, además, solo queda una última plaza, de manera que si no corres y pagas ahora mismo un dineral, eso se pierde y tu hijo será devorado por los tiburones".

Esto lleva a García León a defender que más allá de que haya proyectos educativos privados "estupendos", en última instancia "la educación no debería ser un negocio", pues entonces "se convierte en una máquina perfecta de segregar". Una idea que desarrolla aún más Cobeaga avanzando "la crítica directa que hay en esta peli a esos colegios que son mezcla de Montessori y capitalismo salvaje", tal y como ellos mismos han comprobado visitando centros para documentarse: "Intentan mezclar una educación como muy inclusiva y todo eso con un emprendimiento salvaje y cierta selección natural, que son conceptos que deberían ser antagónicos".

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Coincide Natalia Reyes con estos planteamientos y destaca que "en el momento en el que, igual que pasa con la salud, la educación se privatiza y se vuelve un negocio, arranca esta dinámica del capitalismo que no tiene fin" y la gente comienza a "fantasear con la cantidad de extracurriculares, idiomas, bienestar, meditación, yoga o pilates que le pueden dar a la primera infancia". "Eso no tiene fin", insiste, para acto seguido aclarar que en esa rueda que no cesa "tampoco hay posibilidad de ascenso real al estar en una sociedad en la que siempre va a haber alguien más rico que tú". "Nunca va a ser suficiente y lo único que surge ante este panorama es la ansiedad y la frustración".

Abriendo otra línea de diálogo, Botto, que interpreta a uno de los padres que manejan el cotarro en el colegio privado, concede que en todo este proceso de cambio "hay un punto desde el que se puede empezar de forma genuina por el niño, pero luego es evidente que los padres ven la oportunidad de entrar en un mundo de dinero y privilegios que les era ajeno", por lo que es justo ahí cuando el pequeño "se convierte en un instrumento, en esa llave que les va a permitir abrir esa puerta maravillosa". Así que, de alguna forma, la pregunta sería, según el actor: "¿Cuánto estamos dispuestos a negociar con nuestros principios y afectos? Porque de por medio también está engañar a suegros para pedirles dinero, padres, amistades... Hay una negociación con el afecto importante también. ¿Cuánto estamos dispuestos a negociar por ascender de clase social?"

Todo por cambiar de clase —que no de aula—, en definitiva, como bien resume el juego de palabras de estas Altas capacidades en las que cualquiera, quien se atreva, puede verse reflejado sin filtros, ni trampa, ni cartón. "En realidad, el tema central de la película es cómo proyectas tus frustraciones y miserias en tus hijos", subraya Cobeaga. "Al final, esta historia es un todo para el pueblo pero sin el pueblo, es decir, todo para el niño, pero sin el niño. Porque se supone que están haciendo esto por el chaval, pero es al único al que no le prestan atención. Además, todas las naves afectivas, personales y económicas que estos padres queman en este viaje les terminan convirtiendo en unas personas que están muy lejos de la felicidad. Porque parece que tenemos que luchar obligadamente por una felicidad que siempre está en otro sitio y nunca es lo que tenemos", termina Botto.

"Esta es una película sobre contradicciones y miserias humanas, atravesada por un conflicto de clases, de querer formar parte de algo a lo que no se pertenece, con la excusa de unos niños y la educación". Muy pocas veces alguien resume y presenta una película con la precisión de la que hace gala la actriz Natalia Reyes. Tanto es así, que su compañero Juan Diego Botto apostilla: "No sé si puedo mejorar esto, pero diré que es la historia de unos padres que quieren sacar a su hijo de un colegio público para meterlo en uno privado, con todas las aventuras y desventuras que van a vivir en el proceso. Es una comedia muy irónica, muy ácida, sobre intentar ascender de clase social y sobre esas miserias que muchos tenemos y no queremos reconocer".