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Goya 2022: Entre Berlanga, Buñuel y José Luis Moreno

La actriz Blanca Portillo posa con el Goya a "Mejor actriz protagonista" por su trabajo en 'Maixabel'.

Este año los Goya se celebraban en Valencia, ciudad que además de poner billetes para el evento da la casualidad de que vio nacer a Berlanga hace más de 100 años. El nombre del director de El verdugo se ha mencionado muchas veces esta noche en el Palau de Les Arts, pero su espíritu se ha echado en falta en una gala que empezaba con un número musical inenarrable más cercano a las galas de José Luis Moreno.

“Venimos de una etapa tan difícil”, decía en una especie de amago de monólogo inicial Carmen Machi, justo después de que Jedet, Bebe y, por alguna razón, Cristina Castaño terminaran su espectáculo. Y tan difícil. Y más que lo iba a ser. La decisión de prescindir de la figura de un presentador o presentadora ha lastrado una ceremonia sin hilo conductor ni consistencia, dejándola a la merced del carisma y la elocuencia de los premiados. La mayoría de ellos este año no estaban sobrados ni de lo uno ni de lo otro.

La Academia ha tomado decisiones tan arriesgadas como empezar dando cinco Goyas de categorías técnicas como sonido o diseño de producción. Quizá para compensar, se encargaban de entregarlos Charo López, Belén Rueda, Vicky Peña, Juana Acosta y Najwa Nimri, que han tenido que aguantar sobre el escenario cinco entregas de premios con sus respectivas lecturas de nominados y discursos de agradecimiento. Al acabar el larguísimo segmento se han despedido con un torpe “¡Nos vemos en los cines!”, que pretendía ser al unísono pero muy evidente y tragicómicamente no lo ha sido.

Esa falta de ritmo y sentido del espectáculo ha sido la constante durante una ceremonia que, si quisiera acercar al público a las salas de cine, debería tener como eslogan la frase “¡Vengan a ver nuestras películas, les prometemos que no se parecen en nada a esta gala!”. El año pasado la Academia dio en el clavo con una ceremonia sobria y elegante conducida por un Antonio Banderas que funcionaba como bálsamo para la tristeza y la fatiga. Esta ocasión, de nuevo con el patio de butacas lleno y con la promesa de un futuro mejor cercano, pedía una celebración festiva y explosiva que no hemos tenido.

La gran novedad de la noche era el Goya internacional, un nuevo galardón creado para celebrar figuras extranjeras que se estrenaba con Cate Blanchett. Casualmente, la actriz australiana está preparando con Pedro Almodóvar su primer largometraje en inglés, Manual para señoras de la limpieza. La Academia mataba dos pájaros de un tiro entregando este flamante premio: por un lado sumaba un rostro famoso a las filas de los invitados, y por el otro se aseguraba la presencia de Almodóvar en una noche en la que todo apuntaba a que Madres paralelas iba a ser la gran perdedora.

Y así ha sido: el equipo de El deseo no ha recibido ni uno de los Goya a los que estaba nominada la película. Pero Blanchett (que, como nos ha enseñado Penélope Cruz, se pronuncia con acento en la e) se ha encargado de subrayar el valor del director manchego que la Academia no le ha reconocido este año, poniéndole a la altura de Steven Spielberg y Martin Scorsese. También ha bañado en elogios a Penélope Cruz, quien parecía estar en la gala como espectadora y acompañante de su marido, Javier Bardem, que sí tenía el Goya asegurado. Ella ha perdido el suyo frente a Blanca Portillo, pero irónicamente tiene muchas probabilidades de ganar el Oscar dentro de poco más de un mes.

A lo largo de la noche han surgido algunas preguntas sin respuestas. ¿De qué habrán hablado Penélope Cruz y Cate Blanchett en el backstage? ¿Sabe la Academia que Álvaro Morte es el actor más famoso que ha pisado ese escenario? ¿Qué dura más, el documental de cuatro horas ¿Quién lo impide? o el discurso de Jonás Trueba al recoger el Goya? ¿Qué ha tomado Willy Montesinos antes de salir al escenario?

Cate Blanchett no ha citado en su discurso a Berlanga sino a Buñuel, y es cierto que la gala ha acabado siendo un homenaje involuntario a El ángel exterminador. Demasiados números musicales, sketches sin gracia (ni siquiera los Pantomima Full han estado a la altura) y un sinfín de discursos interminables ponían a prueba la paciencia y la capacidad de atención de los espectadores más cinéfilos. Arturo Valls, uno de los productores del mejor cortometraje de ficción, ha apuntado que los agradecimientos estaban durando más que los propios cortos. No exageraba. Dice mucho de José Sacristán que su discurso al recibir el Goya de honor haya sido de los más cortos de la noche. La voz del actor de películas como La colmena y El diputado llenaba el Palau casi tanto como la de Luz Casal, que ha cantado Negra sombra como acompañante del segmento In memoriam.

Lo cierto es que la permisividad y el respeto que la Academia dedica a los ganadores añade a las galas de los Goya un encantador componente de caos y azar. Cada año, los mejores momentos los protagonizan premiados nerviosos, espontáneos y humanos como Urko Olazabal, ganador del Goya al mejor actor de reparto por Maixabel. El también profesor de instituto cerraba mandando un saludo a “todes sus alumnes”. O Zeltia Montes, autora de la banda sonora de El buen patrón que necesitaba tomar aire entre frases y parecía estar al borde del desmayo, pero en su emotivo discurso ha agradecido con tino a su madre por trabajar día y noche para que ella pudiera recibir su cara educación. También ha señalado la precariedad con la que trabajan los compositores de música en el cine español, aprovechando que tenía ante sí a todos los buenos patrones de la industria.

La película de Fernando León de Aranoa ha sido la gran triunfadora de la noche, con seis premios Goya entre los que se incluyen el de Mejor película, Mejor dirección y Mejor guion. Al subir al escenario a recoger el premio final, el productor Jaume Roures ponía el colofón de una noche incómoda y aburrida empezando su discurso con un desganado “bueno… pues nada…”. El empresario y dueño de Mediapro, criticado por su gestión del cierre de Público, recogía el premio por una película que pretende ser una crítica feroz al desequilibrio en el mundo laboral. Quizá ese sea el mejor homenaje a Berlanga de toda la gala.

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