'Más que rivales' y la preponderancia gay en cines y series: "El amor lésbico se considera minoritario"

Shane Hollander e Ilya Rozanov son las dos mayores estrellas de la liga de hockey sobre hielo. Dos hombres que, quieran o no, están unidos por la ambición y la rivalidad, y también por una atracción magnética que ninguno de los dos comprende del todo. Lo que comienza como una aventura secreta entre dos novatos se convierte en un viaje de años de amor, negación y autodescubrimiento. Mientras pelean por la gloria en la pista, luchan por comprender sus sentimientos mutuos en un entorno en el que, como sabemos porque lo vemos todas las semanas, la homofobia campa a sus anchas: el deporte profesional de máximo nivel.

Esta es la trama troncal de Más que rivales, la serie (canadiense) del momento a nivel internacional que acaba de llegar a nuestro país a través de Movistar Plus+, basada en las ya de por sí exitosas novelas Game Changers de Rachel Reid. Un fenómeno televisivo protagonizado por Connor Storrie y Hudson Williams como dos jugadores de la National Hockey League (NHL), competición formada por franquicias de Canadá y Estados Unidos en la que solo un jugador, Luke Prokop, en 2021, de perfil medio-bajo, se ha declarado abiertamente gay en más de un siglo de historia.

Secretismo, encuentros clandestinos, gente guapa con poca ropa, sentimientos a flor de (mucha) piel en perfectos cuerpos masculinos. Los ingredientes adecuados para volver a poner un romance homosexual en primera plana. Algo que no es un género audiovisual en sí mismo al hablar de series o películas, pero que nos retrotrae a títulos como Brokeback Mountain (2005, con Heath Ledger y Jake Gyllenhaal), Desconocidos (2023, con Andrew Scott y Paul Mescal), Call me by your name (2017, con Armie Hammer y Timothée Chalamet), Mi hermosa lavandería (1985, con Daniel Day-Lewis y Gordon Warnecke), Rojo, blanco y sangre azul (2023, con Taylor Zakhar Perez y Nicholas Galitzine) o My own private Idaho (1991, con River Phoenix y Keanu Reeves).

A la luz de todos estos títulos, el impacto de Más que rivales nos dice que lo LGTBIQ+ "es, y probablemente seguirá siendo, marginal y que por lo tanto requiere, y probablemente siempre requerirá, un esfuerzo extra de afirmación, especialmente en la juventud, al que pueden ayudar estas narrativas", apunta a infoLibre Alberto Mira, profesor de Estudios Cinematográficos en la Universidad Oxford Brookes y autor de libros como Entre la cámara y la carne. El cine homoherótico en 25 películas (Egales, 2023), quien en cualquier caso también concede "avances monumentales" en la representación homosexual en la pantalla: "Esta serie habría sido inconcebible cuando yo tenía quince, veinte, treinta años". 

Porque esta nueva historia de amor gay, con éxito fulgurante nada más estrenarse a finales de noviembre en Estados Unidos y sus protagonistas convertidos en rutilantes estrellas, pasa desde ya a formar parte del histórico de producciones LGTBIQ+ que quedan en el imaginario colectivo al nivel de series como Heartstopper (estreno en 2022), Queer as folk (2000), Jóvenes altezas (2021), Élite (2018), It's a sin (2021), Sex education (2019), Euphoria (2019), Orange is the new black (2013), Compañeros de ruta (2023) o Sense8 (primer capítulo de 2015).

Todavía nos siguen matando y estigmatizando en el sistema de salud, y nos siguen haciendo bullying. Cómo no nos va a sorprender que haya una serie con un romance entre hombres que se haya convertido en una serie mainstream

Series y películas todas ellas que impactaron y siguen impactando por sus tramas y por la presencia de personajes LGTBIQ+ en mayor o menor medida. Algo que ocurre porque su presencia social todavía "no está normalizada, en el mejor sentido de la palabra, si es que eso existe", según la periodista y escritora Irantzu Varela. "Todavía hay que explicarlo, todavía hay que salir del armario, todavía le tienes que decir a la gente que la chica que viaja contigo no es tu amiga sino tu novia. Y todavía nos siguen matando y estigmatizando en el sistema de salud, y nos siguen haciendo bullying en el colegio, en la calle, en la familia y en la vida. Así que cómo no nos va a sorprender que haya una serie con un romance entre hombres que se haya convertido en una serie mainstream. Ojalá algún día nos deje de sorprender", plantea a infoLibre.

Lo que cabe preguntarse, llegados a este punto, es por las relaciones entre mujeres en películas y series, pues de todas las mencionadas hasta ahora, aún estando presentes, solo Orange is the new black, sin duda con un éxito más que considerable, puede considerarse enteramente femenina —eso sí, en un entorno carcelario violento, con la mirada masculina que eso lleva implícito—. "La pregunta sería directamente por qué no tienen éxito las series de mujeres, independientemente de su orientación sexual", acota Varela, para acto seguido responderse a sí misma: "Porque la feminidad y las historias de amor, amistad, compañerismo y vínculo entre mujeres se consideran de nicho. Las lesbianas nos hemos metido por el culo todas las series de lesbianas y todas las películas en las que sale una lesbiana, sobre todo si no se suicida".

"Y hay series que son de nicho que se supone que son para mujeres como si fuéramos una minoría", continúa. "La feminidad sigue sin interesar, el amor lésbico se considera algo minoritario, como si fuera una subcultura. Y el mainstream solo concibe el sexo lésbico como un subgénero del porno, al servicio de la mirada masculina cis-heteronormativa", destaca. "Es decir, las mujeres solo interesamos como cuidadoras y como objetos sexuales. Y las lesbianas, como no estamos cuidando muchos hombres así en general, solo interesamos muy puntualmente como objetos sexuales, pero tampoco", apostilla.

Si la identidad que afirmamos es gay, los hombres son más voceras y les gusta liderar narrativas. Las tradiciones identitarias lésbicas son mucho menos visibles, y por lo tanto hay menos que afirmar para muchas mujeres

En cualquier caso, sobre relaciones amorosas entre mujeres podemos mencionar La vida de Adele (2013, con Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux), Fucking Amal (1998, con Alexandra Dahlström y Rebecka Liljeberg), La doncella (cinta surcoreana de 2016 dirigida por Park Chan-wook y protagonizada por Kim Min-hee, Kim Tae-ri, Ha Jung-woo y Cho Jin-woong), o las españolas Carmen y Lola (2018, la historia dirigida por Arantxa Echevarría de dos lesbianas gitanas interpretadas por Zaira Romero y Rosy Rodríguez), o Elisa y Marcela (2019, película protagonizada por Natalia de Molina y Greta Fernández, dirigida por Isabel Coixet, sobre el primer matrimonio homosexual registrado en España en 1901). 

Porque claro que hay series y películas con temas y protagonistas lésbicas. En los noventa, "con la creciente visibilidad de lo LGTBI, había historias de mujeres tanto como de hombres", recuerda Mira, mencionando But I'm a cheerleader (1999, protagonizada por Natasha Lyonne) o Bound (1996, dirigida por las hermanas Wachowski). Señala, asimismo, que "buena parte del 'nuevo cine queer' de aquellos primeros años noventa estaba dirigido por mujeres y contaba historias de mujeres", caso de Go Fish (1994, de Rose Troche). Y agrega: "Curiosamente, la primera película comercial hecha desde posiciones LGTBI y producida por crowdfunding específicamente LGTBI, en los años ochenta, Desert hearts (1985, de Donna Deitch), es una historia de amor entre mujeres, no entre hombres. Y el gran hito de los primeros dos mil fue The L-Word (2004), una serie que fue muy debatida pero que presentaba un grupo de lesbianas". 

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Dicho todo lo cual, para Alberto Mira, la respuesta a ese menor impacto masivo de las historias lésbicas "está en el mercado y se relaciona con el tema identitario". "Si la identidad que afirmamos es gay, los hombres son más voceras y les gusta liderar narrativas. Las tradiciones identitarias lésbicas son mucho menos visibles, y por lo tanto hay menos que afirmar para muchas mujeres. Esto dicho así suena a binarismo, pero es que aunque el binarismo no se aplica a las personas, sí se aplica a la cultura", argumenta Mira, puntualizando que, de todos modos, los motivos son complejos: "Por ejemplo, si en lugar de afirmar 'identidades lésbicas' afirmas 'sexualidades queer', en principio menos sujetas a las limitaciones identitarias, sí tienes muchas protagonistas mujeres. Mira en Stranger Things, Euphoria o Élite".

Para él, el otro tema importante es que "el cuerpo masculino se está mercantilizando de manera brutal en los últimos años". En su opinión, "no podemos decir que el cuerpo femenino haya dejado de ser un objeto erótico en las narrativas, pero la tendencia emergente, o ya bien consolidada, es mostrar cuerpos desnudos de hombres jóvenes". En este sentido, volviendo a Más que rivales concretamente, asegura que "ambientar la serie en un equipo deportivo funciona tanto en términos de narrativa (el armario, la homofobia) como de espectacularización de los cuerpos", pues entonces hay "drama y espectáculo". 

Para terminar, Varela rescata dos películas de temática lésbica de la talla de Retrato de una mujer en llamas (2019, dirigida por Céline Sciamma) y Sangre en los labios (2024, de Rose Glass), antes de reivindicar la importancia de un éxito global como Más que rivales en el momento actual, pues "el cine, el arte y la cultura en general son el muro de contención contra todos los totalitarismos". Y remata: "La cultura es el arma que mejor puede frenar todos los pensamientos totalitarios, pues con ella puedes explorar muchos caminos que no se pueden explorar en la política institucional, y porque los discursos ideológicos a veces se quedan cortos para expresar lenguajes que tienen que ver con lo revolucionario, con la canalización de la rabia colectiva y del amor. El lenguaje de lo colectivo y lo subversivo es claramente la cultura en sus formas. El cine, además, te permite inventar mundos posibles, y ese es el primer paso para que se haga realidad".

Shane Hollander e Ilya Rozanov son las dos mayores estrellas de la liga de hockey sobre hielo. Dos hombres que, quieran o no, están unidos por la ambición y la rivalidad, y también por una atracción magnética que ninguno de los dos comprende del todo. Lo que comienza como una aventura secreta entre dos novatos se convierte en un viaje de años de amor, negación y autodescubrimiento. Mientras pelean por la gloria en la pista, luchan por comprender sus sentimientos mutuos en un entorno en el que, como sabemos porque lo vemos todas las semanas, la homofobia campa a sus anchas: el deporte profesional de máximo nivel.

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