Los Goya visibilizan el talento femenino, pero la brecha de género persiste: "Sin cuotas no habría mujeres en el cine"

La participación femenina en la recién culminada 40ª edición de los Premios Goya ha dado mucho que hablar. Para empezar, ha habido un notable incremento en la presencia de mujeres entre las nominaciones, hasta alcanzar el 38%: 90 mujeres frente a 146 hombres. Además, la película de Alauda Ruiz de Azúa, Los domingos, se ha convertido en la niña bonita de la edición, obteniendo hasta cinco premios, entre ellos el de Mejor Dirección. Así, la directora vizcaína se ha convertido en la cuarta mujer en toda la historia de los Premios Goya en alzarse con este galardón. Por otro lado, Sirat ha conseguido –entre otros– el premio a Mejor Sonido, con un equipo íntegramente femenino que, además, está nominado al Oscar en la misma categoría.

La directora de fotografía Teresa Medina, conocida por haber trabajado en proyectos como Cosas que nunca te dije, de Isabel Coixet, y en la primera temporada de Las chicas Gilmore, reconoce el beneficio que supone para las cineastas ganar premios de prestigio: “Da prestigio, visibilidad. Y es que las mujeres lo necesitamos para que confíen en nuestro trabajo y nos den proyectos con mayor presupuesto”.

La guionista Marina Parés, galardonada con el Goya a Mejor Guion Adaptado en 2021, pincha la burbuja triunfal para expresar, con temor, que los casos de éxito se podrían tomar como representativos y dar por hecho que la situación está ya equilibrada. “Incluso parece que las mujeres tienen más presencia, pero la realidad es que no es así”, advierte.

Porque, aunque la foto fija invita al optimismo, los algoritmos siguen siendo los mismos. En la mayoría de categorías, de cinco nominados, dos son mujeres. En Dirección de Fotografía, uno de los departamentos más masculinizados del cine, solo ha habido una mujer nominada, al igual que en Montaje. En Dirección de Arte, únicamente una mujer ha obtenido el galardón en toda su historia. Muy distinto a lo que Medina denomina “las tipificadas”: Mejor Diseño de Vestuario y Maquillaje, donde las nominaciones suelen estar copadas por mujeres.

La expresidenta de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), Cristina Andreu, asegura que el incremento de mujeres “no está consolidado”. Atribuye esta tendencia a las cuotas de género en las ayudas públicas al cine, que han permitido “dar una oportunidad a las cineastas para demostrar que sí tienen talento”. Sin ellas, sostiene, difícilmente habrían tenido ese espacio. “Sin las cuotas no habría mujeres en el audiovisual, de la misma forma que no las habría en el Congreso si no existieran mecanismos de corrección”, afirma.

El objetivo, explica, es seguir utilizándolas hasta que, en un futuro, los proyectos liderados por mujeres hayan demostrado su valía y dejen de ser necesarias.

Vanessa Marimbert, montadora de El buen patrón y de uno de los filmes presentes en esta edición, La cena, confiesa la contradicción que siente ante las cuotas: “Yo no quiero que me llamen por ser mujer, sino porque soy buena profesional, y quiero verlo en las miradas de mis compañeros”.

Las profesionales coinciden en que el triunfo femenino en la última edición de los Goya es apenas el fotograma de un largometraje todavía pesado.

“Lo que necesitamos es conseguir el poder, ese que apenas tenemos en casi ningún estamento”, sentencia Andreu. “Me gusta decir la palabra poder porque, cuando lo dicen los hombres, no suena tan mal como cuando lo decimos nosotras”. Confía en que, con un poder equilibrado entre hombres y mujeres, habría más igualdad y menos violencia.

El guion de la industria del cine es masculino

La industria del cine es tradicionalmente masculina, construida por hombres y para hombres. Marina Parés explica que, cuando el productor es un hombre, el equipo suele estar masculinizado y la presencia femenina ronda el 33%. Como en tantas otras industrias, los puestos de decisión siguen ocupados mayoritariamente por hombres, y eso se traduce en equipos donde la diversidad es aún la excepción.

Las profesionales con las que ha contactado infoLibre coinciden en haber vivido situaciones de hostilidad, especialmente en sus inicios. Cristina Andreu relata que, cuando empezó en los rodajes, a menudo era la única mujer y que llegó a ser tratada “como una minusválida” por el hecho de serlo. Sus compañeros se sentían con derecho al paternalismo, a hablar por ella. “Para no ser pisadas, las mujeres acabamos construyendo una personalidad muy fuerte, aunque sea fingida, y eso provoca un desgaste terrible”.

Desde la escritura, Marina Parés admite haberse sentido incomprendida: “En un equipo repleto de hombres, cuando presento mi manera de entender el mundo, a veces se desecha. Hemos tenido experiencias de vida distintas y mi mirada no les parece pertinente. Si el equipo fuera mayoritariamente femenino, quizá sería diferente. Pero no lo es”.

Vanessa Marimbert también recuerda experiencias que “te hacen sentir pequeña”: “He dado opiniones en salas de mezcla y nadie se ha girado siquiera a escucharme”. Hoy cuenta que ya no le ocurre. Pero ocurrió.

Todo ello desemboca en lo que Teresa Medina denomina el “complejo de la impostora”: no sentirse suficientemente válida, tanto por esas situaciones concretas como por “tantos años de educación y sistema que pesan sobre las mujeres”.

La universalidad masculina en el cine también se refleja en la jerarquización de los relatos. Como critican las entrevistadas, el cine dirigido por mujeres ha comenzado a etiquetarse como “cine de mujeres”, como si fuera un género aparte. “¿Qué tiene que ver una película de Alauda Ruiz de Azúa con una de Pilar Palomero? ¿Que están protagonizadas por mujeres? ¿Que cuentan relatos de mujeres? También lo hacen las películas dirigidas por hombres”, señala Parés, evidenciando lo absurdo de esa categoría.

"Si no hay voluntad, la igualdad no llega sola”, sentencia Cristina Andreu sobre la pobre financiación privada que reciben los proyectos liderados por mujeres. Los datos recientes confirman que la situación sigue siendo desigual, aunque con excepciones. Según el último informe de CIMA, de 2024, RTVE apoyó un total de 53 largometrajes, de los cuales un 38% fueron dirigidos y guionizados por mujeres. Atresmedia Cine financió 13 proyectos, con un 31% de dirección femenina, mientras que Telecinco Cinema se mantuvo rezagada: de cuatro largometrajes apoyados, solo un 33% fueron dirigidos por mujeres y ninguno guionizado por ellas. Entre las plataformas de streaming, Movistar+ lidera el respaldo a cine español dirigido por mujeres con un 34% de 29 producciones, seguida de Netflix (22% de 8 producciones) y Amazon Prime Video (13% de 8 producciones).

La mirada femenina aumenta la profundidad de campo

Si algo empieza a cambiar —aunque todavía con timidez— es el lugar que ocupan los relatos protagonizados y pensados por mujeres. No se trata solo de contar más historias, sino de contarlas de otra manera. De ampliar el encuadre.

La montadora Vanessa Marimbert lo percibe en su propio oficio. “Somos diferentes, y eso se nota en la sensibilidad”, afirma. Cada vez más, en equipos de montaje de series, se busca deliberadamente una composición mixta: “Nos dicen que quieren hombres y mujeres para tener las dos visiones”. Esa voluntad de equilibrio, explica, empieza a formar parte consciente del proceso creativo.

En el montaje, la mirada lo es todo. “Un montador trabaja sobre el material, y su sensibilidad condiciona cómo va a elegirlo”. No se trata de trazar una línea rígida entre lo femenino y lo masculino —ella misma reconoce que coincide en muchas decisiones con compañeros hombres—, pero sí de admitir que la experiencia influye en cómo se interpreta una escena, en "qué elemento se subraya y cuál se descarta".

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La guionista Marina Parés también aprecia esa evolución. “Ahora hay muchas más mujeres que protagonizan el relato. Inevitablemente, al tener un personaje que lidere la historia, tienes más espacio para explorarlo, para darle más ambigüedad o más complejidad”.

Parés señala además un cambio en la escritura colectiva: “Cuando empiezas a trabajar en cualquier equipo de guionistas, sea de hombres o de mujeres, una de las primeras preocupaciones es cómo abordar personajes fuera del estereotipo, y sobre todo un personaje femenino”. Aunque los clichés no han desaparecido —esa pareja del protagonista que solo existe para sostenerle emocionalmente sigue asomando en algunas ficciones—, cada vez generan más incomodidad. “Como espectadores, cuando vemos personajes así, muchas veces los cuestionamos ya de manera natural”. Y eso, subraya, ya es un avance cultural.

Pero para Cristina Andreu la cuestión va más allá de la representación: tiene que ver con la mirada. “No digo que sea mejor ni peor, pero las mujeres miran lo que ocurre en la sociedad de manera diferente”. Esa diferencia no nace de una esencia, sino de la experiencia de vivir en una sociedad patriarcal. “Toda esa mirada se tiene que contar para conseguir una sociedad mejor para todos y para todas. No solamente para las mujeres, sino para que podamos relacionarnos mejor, que nos conozcamos”.

La participación femenina en la recién culminada 40ª edición de los Premios Goya ha dado mucho que hablar. Para empezar, ha habido un notable incremento en la presencia de mujeres entre las nominaciones, hasta alcanzar el 38%: 90 mujeres frente a 146 hombres. Además, la película de Alauda Ruiz de Azúa, Los domingos, se ha convertido en la niña bonita de la edición, obteniendo hasta cinco premios, entre ellos el de Mejor Dirección. Así, la directora vizcaína se ha convertido en la cuarta mujer en toda la historia de los Premios Goya en alzarse con este galardón. Por otro lado, Sirat ha conseguido –entre otros– el premio a Mejor Sonido, con un equipo íntegramente femenino que, además, está nominado al Oscar en la misma categoría.

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