Las pérdidas deben unir Luis García Montero
Contar, contarse, supone buscarle un sentido a la vida. Como soy seguidor del Granada Club de Fútbol y del Real Madrid, no celebro con mi hija Elisa las victorias del Atleti. No me gusta sentirme como un hipócrita en las celebraciones y los abrazos para festejar los aciertos del Cholo Simeone, Griezmann o Koke. Conocemos nuestras maneras de sentir, nuestras diferencias. Ella es tan atlética como su madre, o incluso más, porque ha hecho socia a su hija Candela antes de cumplir los 3 meses. A mí me resulta muy antipático confundir la convivencia y el respeto con la mentira. Sin embargo, distante de algunas victorias que no van conmigo, comparto con toda sinceridad y hago mías algunas de sus derrotas. Los peligros de las pérdidas pueden unir más que las celebraciones del triunfo.
Es lo que me pasó el otro día en la semifinal de la Champions cuando el Arsenal, ayudado por un árbitro injusto, eliminó al Atleti. Me había ido a casa de Elisa para ver el partido con mi nieta en brazos, movido más por el deseo de compartir el peligro de una derrota que por las ganas de celebrar la victoria. Lo pasé muy mal cuando Saka aprovechó un despeje de Oblak y disparó a puerta vacía sin que Le Normand y Ruggieri reaccionasen a tiempo. Y sufrí cuando Sorloth o Giuliano no supieron aprovechar las ocasiones rojiblancas. Así que me alegré de estar con ellas, de tener a mi nieta en brazos mientras le repetía a mi hija que el fútbol no tiene importancia. Si acaso, es lo más importante de las cosas sin importancia. Para mí es más grave, por ejemplo, que el campo del Arsenal en Londres se llame Emirates Stadium. Tampoco me gusta lo de Riyadh Air. Prefiero aplaudir en palabras como Cármenes, Manzanares o Metropolitano.
Contar, contarse, supone buscarle un sentido a la vida. Después de mi derrota, leí un rato en la cama, apagué la luz. Y las preocupaciones sobre las cosas importantes impidieron que me quedase dormido. El peligro de las pérdidas que estamos viviendo debería servir para unirnos a los que creemos en los espacios públicos no sometidos a la prepotencia del dinero y de las élites económicas. Las reflexiones sobre los peligros que afectan a la democracia en Europa y sobre la deriva de la derecha hacia un capitalismo desalmado se evidencian en la realidad de carne y hueso cuando vemos en España que algunos gobiernos autonómicos castigan a la sanidad pública y dejan sin recursos a la educación para favorecer las privatizaciones y convertir los derechos cívicos en un negocio.
El peligro de las pérdidas que estamos viviendo debería servir para unirnos a los que creemos en los espacios públicos no sometidos a la prepotencia del dinero y de las élites económicas
La izquierda en España tiene diferencias, sigue a distintos equipos. Unos aspiran a resistir, no descender o desaparecer a costa de que otros no asciendan. Algunos líderes consideran más importante adquirir protagonismo y llamar la atención que defender aquellas causas identificadas con la democracia social. Se olvidan las palabras en las que nos gusta aplaudir, los campos de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Corremos el peligro de que nuestros terrenos de juego se acaben llamando Nuevo Estadio del Autoritarismo Neoliberal, Cancha del Capitalismo Descarnado, Coliseo del Genocidio o Recinto de la Violencia de Género. Así están las cosas.
Parece que a la izquierda no puede unirla en estos momentos el deseo de una victoria. Pero ganar es evitar la derrota, un compromiso muy importante. Sería necesario que se compartieran los peligros de una derrota: no ya en los posibles avances, sino en la pérdida de lo conseguido, los derechos democráticos, cívicos y laborales. Hay muchos árbitros dispuestos a no pitar penalti cuando se derriba en el área a un hospital o una universidad pública.
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