El resentimiento, la polarización, el miedo al otro, la masculinidad tóxica, el uso de la religión desde el poder y la expansión de la desinformación han sido instrumentalizados para movilizar masas, justificar medidas que amenazan con dinamitar nuestra estabilidad democrática y devolver a una ultraderecha en auge a los gobiernos de medio mundo. La politóloga argentina Antonella Marty (Rosario, 1992) examina en La nueva derecha (Deusto, 2025) a figuras como Trump o Milei, analiza las motivaciones de sus seguidores y propone respuestas para encarar los riesgos que se nos vienen encima si no actuamos. "Los votantes los eligen por lo que prometen destruir, no por la construcción de ninguna sociedad", alerta a infoLibre la autora, entre otras muchas cosas..
¿Qué es La nueva derecha?
Esta nueva derecha hoy aparece como una ideología reciclada, renovada, como un cúmulo de distintos partidos políticos que tienen una narrativa en común, con enemigos construidos en común, que tiene una esencia macartista, muy al estilo de la creación del fantasma del comunismo, en un mundo donde realmente no hay comunismos. También les une el mensaje religioso y el auge de esta idea de una especie de teocracia, incluso para justificar muchos de ellos su postura ideológica o su política pública. Trump es el caso por excelencia, pero Putin hace lo mismo, ahí hay una especie de mesianismo bastante peligroso, porque cuando se une la religión y la política nunca hay buenos resultados.
Son impactantes las imágenes de Trump en el Despacho Oval rezando rodeado de gente que le toca.
Es tenerlo a él como esta especie de enviado, de mesías. La persona que encabeza todo esto es Paula White, que es la que maneja la oficina de la fe en la Casa Blanca, y llegó a decir que el que no apoya a Trump no cree en Dios. Es esa idea de que decirle que no a Trump es decirle que no a Dios. Ahí está el avance evangélico que viene desde el siglo pasado, con presencia en la política estadounidense y que también avanza en América Latina y está llegando a España.
Un movimiento que está llegando a España. ¿Vamos un poco por detrás del resto del mundo gracias a la resistencia que estamos teniendo a la ultraderecha?
Sí, por ahora están como en la resistencia. En Argentina pasó en algún momento algo similar, con ese nivel de resistencia, con Mauricio Macri en el momento de Cambiemos, que fue capaz de representar un poco al PP, pero se terminaron corriendo completamente a la derecha y abrazando los lemas de Milei. Y después el votante viene y te dice que para qué va a votar a la copia si tienen al original.
¿Vamos directos a posturas de extrema derecha en todo el mundo?
Sí. Incluso si ves un poco el mapa de América Latina, la región está cada vez más copada por este tipo de liderazgos. Vemos a Kast en Chile, que también se suma ahora, y se veía a todos esos líderes hace unos días detrás de Trump inaugurando esa cosa medio rara de la alianza por una supuesta paz. Todos detrás de él, con una especie de sumisión absoluta. Porque hay una sumisión a una figura puntual, que es Trump, que representa algo para muchos de ellos, para la identidad de esta nueva derecha, que radica en la construcción de enemigos, en el antifeminismo, en el anti todo lo que sea un mundo de derechos para minorías o para grupos que históricamente han sido perseguidos. A esta nueva derecha le molesta estar perdiendo ese lugar jerárquico privilegiado, porque ve que la visión de Dios, patria y familia se va resquebrajando, y por eso la quieren imponer. Y lo quieren hacer los que en muchos casos, como Milei u otros que se divorciaron veinte veces, casualmente no tienen familia.
A esta nueva derecha le molesta estar perdiendo ese lugar jerárquico privilegiado, porque ve que la visión de Dios, patria y familia se va resquebrajando, y por eso la quieren imponer
¿El feminismo es el movimiento que más ha puesto contra las cuerdas a esta ultraderecha y por eso ahora es objeto principal de su ira?
Claramente. Para mí, el feminismo es el movimiento histórico por excelencia, de los más importantes de estos últimos siglos. Porque cada ola, cada avance en derechos y en justicia, ya sea para mujeres, personas trans, la comunidad LGTB o migrantes, generan de manera inmediata esas reacciones que buscan frenarlos, revertirlos, deslegitimarlos. Cada logro cuestiona esos privilegios históricos. Por eso, hoy el feminismo es clave, porque el cuerpo de la mujer sigue siendo esta especie de campo de batalla en medio de la ola reaccionaria de la nueva derecha, que también va un poco al ritmo de algoritmos, de la manosfera, de varones que están completamente enojados y culpan al feminismo, a la mujer. Y como el silencio está después de tanto tiempo llegando a su fin y estos misóginos ven sus privilegios amenazados, reaccionan con resistencia, con ira. Esto es, a su vez, parte de esta política del bullying, de la destrucción del otro. Porque esto es lo que encarna esta nueva derecha, y los votantes eligen a sus líderes por lo que destruyen, por lo que prometen destruir, no por la construcción de ninguna sociedad.
Sus votantes los eligen por lo que destruyen, por lo que prometen destruir, no por la construcción de ninguna sociedad
Ahí entra el sentimiento del miedo, que hace que esos votantes de ultraderecha voten más por las emociones que por sus derechos o intereses políticos.
Es una política que está muy guiada por las emociones, sí, movilizada por el miedo, que es algo que ha capitalizado muy bien esta nueva derecha: el miedo a todos estos fantasmas que ellos arman de los que hablábamos antes, como lo woke. Yo reivindico mucho la palabra woke, porque creo que no hay nada mejor que estar despierto frente a las injusticias del pasado, frente a ese mundo complejo que se encargaba de destruir a grupos de personas. Pero otra vez hay una construcción de muchos fantasmas que utilizan y que capitalizan estos personajes, como la figura del inmigrante, las teorías conspirativas como la del gran reemplazo de las personas blancas, donde entran con todo su racismo y deshumanización. Siempre hay una deshumanización del otro, y ahí es donde entra el uso del miedo, la herramienta de apelar a la mente de la tribu.
La cantidad de mentiras y teorías conspirativas a las que recurre esta nueva derecha hacen que la gente caiga y se convenza de cualquier cosa
Esa deshumanización que, como bien apunta, ya la practicaba Hitler llamando parásitos a los judíos. También recuerda en una cita que el nazismo no empezó con las cámaras de gas, sino que se llegó a eso después de un largo proceso. ¿Estamos suficientemente alerta con todo lo que vemos que está pasando o estamos despertando un poco tarde para no repetir el siglo XX, como tanto se dice?
Hoy se empieza a tomar un poquito más de conciencia, pero todavía faltan ideas, faltan respuestas frente a todo el avance de esta nueva derecha, faltan narrativas. Porque además es mucho más complejo del otro lado, ya que hay que estar no solamente dando una propuesta, sino también defendiéndose, haciendo el doble juego de proponer y defender, porque la cantidad de mentiras y teorías conspirativas a las que recurre esta nueva derecha hacen que la gente caiga y se convenza de cualquier cosa. Es decir, cualquier cosa que culpe al otro termina siendo una respuesta a las preguntas que ellos tienen. En este momento estamos en una especie de construcción de un clima político y social complejo que está llevando a la naturalización del odio, a la normalización de la violencia y de la ira.
Las cámaras de gas fueron el final de un largo proceso de construcción de un enemigo que empezó por la deshumanización, por la destrucción del otro
Con las redes sociales como catalizador y amplificador.
Todo ello sumado a las redes sociales. También a muchas juventudes solitarias que hacen que proliferen estos movimientos de los incels, los autodenominados célibes involuntarios, estos jóvenes de la manosfera que antes eran anónimos pero ahora se animan a destilar su odio libremente. Estamos en la construcción de ese clima, y por eso me pareció muy importante arrancar el libro con esa cita del museo de Auschwitz que recuerda el Holocausto y que las cámaras de gas fueron el final de un largo proceso de construcción de un enemigo que empezó por la deshumanización, por la destrucción del otro. Y hoy en día estas personas usan las mismas palabras, no tienen miedo de hacer saludos nazis, de apoyar a nazis. Creímos que después de la Segunda Guerra Mundial el nazismo terminó, y la realidad es que no, que siguieron y siguen existiendo los nazis, y que hoy lamentablemente muchos de ellos están llegando al poder, tienen el poder. Antes no lo decían, pero hoy se sienten libres de ejercer su racismo, su xenofobia, su misoginia muy orgullosamente, porque se sienten muy cómodos siéndolo.
El desafío está en presentar la idea, o la oportunidad, de entender que hay una forma democrática que nos ha dado los grandes derechos que hoy tiene la gran parte de la sociedad, y que se han ido obteniendo pero todavía faltan
Ha hablado de proponer al mismo tiempo que defender. ¿Qué propuestas nos pueden alumbrar el camino a seguir?
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Ese es el desafío. Se trataría de repensar la narrativa, la manera en que la gente abrace una sociedad mucho más libre, que se valore la democracia. En los casos de España y Argentina, venimos de procesos largos en los que ha costado mucho alcanzar la democracia. De hecho, mi abuelo fue desaparecido de la dictadura militar argentina, y hoy llega al gobierno gente que la reivindica y niega la cifra de los desaparecidos. Habría que encontrar esas vacunas para entender que no podemos retroceder a ese mundo arcaico al que nos quiere llevar esta nueva derecha. El desafío está en presentar la idea, o la oportunidad, de entender que hay una forma democrática que nos ha dado los grandes derechos que hoy tiene la gran parte de la sociedad, y que se han ido obteniendo pero todavía faltan. El otro gran desafío también está en cómo hacer para romper esta nueva idea de vincular la religión a la política, porque hay mucha gente cada vez más convencida de que la religión tiene que estar otra vez presente en la política, en el poder, y no nos olvidemos de las veces que eso pasó. Trump es la expresión más bizarra del llamado nacionalismo cristiano, que es el fuerte avance del movimiento evangélico y una instrumentalización de la religión en nombre de una visión de la vida muy puntual.
¿Es esta nueva derecha el mayor peligro para nuestras democracias? ¿Hemos dado por sentadas las democracias y se nos ha olvidado defenderlas?
Tristemente, se nos ha olvidado defender la importancia de la democracia. Esta nueva derecha nunca habla de democracia, no está en su vocabulario, no les interesa al ser políticos muy narcisistas. Y al narcisista no le gusta que le pongan límites, no le gusta que le digan 'vos mañana te vas del poder'. Por eso, van a hacer todo lo posible designando jueces a dedo o atacando al periodismo. Van a atacar todo lo que les ponga límites, y la democracia se los pone. Hay que defender lo que nos costó tanto alcanzar, incluso ante esos jóvenes que no vivieron en su momento dictaduras pero hoy las reivindican porque quieren ser parte de esta identidad de unos hombres blancos enojados. Depende mucho de cada uno de nosotros volver a la conversación en un mundo en el que a esta nueva derecha no le interesa conversar, ni poner en el centro de la política el debate porque no están para debatir, sino para manifestar su enojo e imponer sus ideas con lo que ellos llaman batalla cultural, que no es más que una cruzada moral y un intento de imponer al resto de la sociedad un modelo particular de vida medieval, al estilo incluso de Torquemada.
El resentimiento, la polarización, el miedo al otro, la masculinidad tóxica, el uso de la religión desde el poder y la expansión de la desinformación han sido instrumentalizados para movilizar masas, justificar medidas que amenazan con dinamitar nuestra estabilidad democrática y devolver a una ultraderecha en auge a los gobiernos de medio mundo. La politóloga argentina Antonella Marty (Rosario, 1992) examina en La nueva derecha (Deusto, 2025) a figuras como Trump o Milei, analiza las motivaciones de sus seguidores y propone respuestas para encarar los riesgos que se nos vienen encima si no actuamos. "Los votantes los eligen por lo que prometen destruir, no por la construcción de ninguna sociedad", alerta a infoLibre la autora, entre otras muchas cosas..