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Daniel Bernabé novela una conspiración de la ultraderecha: "La democracia no está garantizada"

Daniel Bernabé publica 'Todo empieza en septiembre'.

Jaime Peña. Escritor y periodista precario en sus cuarenta años, con la vida deshilachada, sin pareja estable, tratando de sobrevivir en una ciudad que ya apenas reconoce, Madrid en pleno siglo XXI, "satisfecha de cinismo y velocidad". Un adulto perdido que en un mundo cambiante donde todo aquello que le parecía digno y excitante ya no le interesa a nadie. Un hombre anónimo que parece casi invisible hasta que recibe un misterioso correo electrónico que le avisa de una más que probable conspiración política promovida desde la ultraderecha: un juez conservador, una productora televisiva sin escrúpulos, un exministro de perfil bajo, un empresario de éxito y un tipo oscuro relacionado con las cloacas.

Todo empieza en septiembre (Planeta, 2023) es la primera novela de Daniel Bernabé (Madrid, 1980) y es todo eso más. Una novela "muy generacional" y un thriller político-periodístico casi cinematográfico como los de antaño. "La historia habla de una gente que hemos vivido el cambio de siglo, que hemos experimentado lo que era criarnos en unas líneas culturales muy concretas del siglo XX, y que de repente todo cambie muy rápido y quedarnos muy fuera de juego. Y que además nos pille una gran crisis económica hace diez años y ahora otra nueva crisis, lo que nos lleva a sentir que se nos ha complicado en exceso la vida, sobre todo a los que vivíamos fuera de las murallas de la ciudad", explica el autor a infoLibre.

Una novela que no es una autoficción, pero que encuentra inspiración en la propia experiencia del escritor y columnista de infoLibre, quien admite que, al ser su estreno en el género, le resultaba "mucho más sencillo" escribir sobre lo que mejor conoce que poner como protagonista a "una señora turca del siglo XVI". Y lo que él mejor conoce, entre otros muchos temas, es "la precariedad en todos los ámbitos" y también la "incertidumbre" en general y en las relaciones personales en particular. 

"Muchos de los temas que yo he vivido son temas muy generales", asegura, explicando que "hablando con gente más o menos de tu generación te das cuenta de que todo el mundo está muy parecido". "No es que todo el mundo sufra una ruptura sentimental a lo largo de su vida", concede, si bien apostilla que sí que "les cuesta mantener una estabilidad en sus vidas personales, y eso tiene que ser por algo". "No nos hemos vuelto todos locos de repente, tiene que haber unos factores materiales por detrás que impulsen que cada vez sea más difícil tener una pareja durante más de cinco años, que es algo de lo que en general no se habla ni se estudia", plantea.

Y es que, con "treinta y pico" años, la gente empieza a "aterrizar su vida, a comprase una casa y estar más tiempo con una persona", en palabras de Bernabé, quien denuncia que hay una generación en nuestro país, entre quienes él mismo se incluye, a la que la crisis de 2008 a 2014 le "arrasó". Como resultado de ese período, esa generación se pasó varios años "intentando sacar la cabeza y sobrevivir", por lo que por culpa de un factor material fueron "incapaces" de asentar su vida: "Cuando eso te pasa a los treinta y tantos, un día te levantas y tienes cuarenta y te preguntas ¿ahora qué? No tengo pareja, no tengo casa, no tengo hijos ni pareja estable, no tengo nada más que una colección de discos y entonces el vértigo aparece. Eso le pasa a Jaime, que siente que tiene que hacer algo más con su vida. Y más allá de que él no haya llevado una vida demasiado ordenada, es importante señalar que detrás había unos factores muy concretos".

"¿Quién me devuelve estos años que estuve sobreviviendo y no pude organizarme?" Se pregunta el autor, ejerciendo casi diríase que como portavoz más que autorizado del personaje que él mismo ha creado, y al que convierte en una especie de héroe de la vieja escuela como los de películas clásicas a la altura de Todos los hombres del presidente o Los tres días del cóndor. Referentes citados por el propio autor. Pero Jaime Peña no puede ser como ellos porque el periodista ahora es "denostado constantemente" tras haber cometido una serie de "pecados indudables, como acercarse al poder no fiscalizándolo como debería". 

"Por eso, hemos llegado a un punto en el que los enemigos de la democracia atacan al periodismo de forma frontal", añade, apuntando, sin querer desvelar más, que el periodista de esta novela se ve "impulsado en un momento dado a darse cuenta de que va a tener muy difícil luchar o descubrir esta conspiración que hay contra la democracia en España mediante las armas de la verdad y la exposición pública del asunto". "Él es un periodista y escritor que siempre ha intentando contar con la mayor honradez posible todo lo que le rodea, pero de repente se ve impotente porque la mentira empieza a ganar a la verdad. En una confusión donde todo el mundo parece más atento a las cospiranoias que tapan las conspiraciones que existen realmente", destaca.

¿Cómo un periodista explica a la sociedad que existen grupos de poder intentando atentar contra la democracia en un momento donde hay mucha gente que cree en los 'reptilianos' y que no cree en los periodistas?

Daniel Bernabé — Escritor y periodista

Y prosigue: "¿Cómo un periodista explica a la sociedad que existen grupos de poder intentando atentar contra la democracia en un momento donde hay mucha gente que cree en los reptilianos y que no cree en los periodistas? Porque, en este mundo, las conspiraciones existen y, además, son algo muy obvio. Es decir, una conspiración es un grupo de poder que quiere alterar, normalmente el sistema político o el sistema económico incluso, mediante una serie de maniobras que no estén expuestas a los focos del público y que no sigan los procedimientos establecidos en democracia para ello. Eso existe. Los grupos de poder manejan y empujan. Eso es algo obvio y hay que tratarlo de una forma adulta. Pero sucede que en este momento, cuando estos grupos de poder están presionando más fuerte que nunca, nos encontramos con que la conspiranoia ha explotado en la sociedad: la creencia fantasiosa y artificial de que existen una serie de amenazas que no son tal. Nos encontramos así a adultos funcionales pensando que en las vacunas nos meten chips, que en los pollos nos meten hormonas para dejarnos estériles. Y te encuentras con que esa gente han sido las fuerzas de choque, uno de los sectores principales del trumpismo, por ejemplo".

Así se llega a otra de líneas principales de la trama, en este caso muy política, que se pregunta "si la ultraderecha tiene capacidad de subvertir nuestra democracia". Esa es la "gran pregunta" que se plantea, algo que si nos hubieran planteado hace cinco años, o menos, habría obtenido como probable contestación "¿pero de qué estás hablando?" "Pues ahora, sin embargo, es una ficción que se vuelve realismo. He sentido que no estaba escribiendo un libro de ficción, sino algo que puede ocurrir realmente. Escribiendo esta ficción no sabía si estaba escribiendo sobre algo que había ocurrido o algo que iba a ocurrir. Esa sensación la ha tenido todo el rato", señala Bernabé.

En un momento dado, el protagonista, Jaime, se da cuenta de repente de que se ha metido en un lío muy gordo que le viene muy grande, lo cual lleva al autor a afirmar que "tenemos que ser conscientes de que la democracia no está garantizada, de que este no es un sistema que ya está, ya lo conseguimos y podemos irnos a dormir". Una vez lanzada la alerta, comparte su aspiración de que los lectores y las lectoras lleguen a darse cuenta de que este extremo de pérdida de la democracia "puede ocurrir" porque el poder del dinero siempre tiende "a descontrolarse, y precisamente una de las principales facultades de la democracia es controlar ese poder del dinero". "Y llevamos cuarenta años en los que está muy descontrolado", remata.

Recuerda, asimismo, que España, es un país "muy particular, prácticamente el único lugar del mundo occidental donde el fascismo no fue derrotado en el período de la Segunda Guerra Mundial". Esta situación nos dejó unas "gravedades" y unas "inercias" que pensábamos que "desaparecieron con la transición y la llegada de la democracia, pero no, había quedado latente y dormido: "Este libro habla, precisamente, de cómo esta gente parecía que había desaparecido durante varias décadas, pero había estado ahí, resistiendo, en silencio pero cavando su pequeño nicho, y ahora están dispuestos a llegar a cualquier punto porque creen que es su momento y es algo que nos tenemos que tomar muy en serio".

La historia se desarrolla principalmente en un Madrid que a duras penas reconoce Jaime, quien empieza a ver cosas que no le gustan y que le llevan a sentirse un tipo "ajeno" en las que siempre han sido sus calles. "Desplazado no ya por hordas de turistas, que es casi lo de menos, sino por una serie de formas, modos de vida y valores que no son los que se corresponden con esta ciudad", reflexiona el autor, quien confiesa que, a pesar de que quiere mucho a un Madrid que ha vivido intensamente, de repente le "cuesta mucho" identificarse con lo que hay ahora. "Desde las cuestiones más triviales, como comer en un restaurante de modernos, en el que entré y había una serie de reglas absurdas y apenas sabía cómo pedir. Es algo trivial, pero a veces a través de las trivialidades puedes ver cómo el neoliberalismo se nos ha colado en nuestra vida cotidiana, que ya no es simplemente un sistema económico que está por ahí arriba. Y eso es también lo que a Jaime le duele, porque el tipo quiere vivir en una ciudad que no sea como esta y siente que se la han arrebatado"-

"Al final, una de las grandes victorias de lo neoliberal ha sido lo que podríamos llamar el presentismo, es decir, que no haya ni futuro ni pasado, que solo exista una constante ruleta en el presente que nos haga ser incapaces de tener un hilo con lo que ha ocurrido y aprender de ello y poder planificar el futuro", avisa, para luego concluir: "La gente siente nostalgia porque no está a gusto en su presente, porque cuando está a gusto en el presente no piensa en su pasado. Nos dicen eso de 'es que somos muy nostálgicos', pues hombre, por algo será. Pero aparte, creo que acudir al pasado como un sitio del que aprender no es ser nostálgico".

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