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Por qué nadie se cree que los políticos escriben sus libros: "No suelen redactar ni sus propios discursos"

Pedro Sánchez durante la presentación de su libro Manual de Resistencia en Madrid en 2019.

Es uno de los secretos mejor guardados del mundo editorial. Como las meigas, haberlos, haylos, si bien también forman parte de esas leyendas urbanas en las que la ficción en ocasiones supera a la realidad. Sabemos que Irene Lozano ha vuelto, como ya hiciera con el primero, a 'dar forma literaria' al segundo libro del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, Tierra firme, que llega a las librerías este lunes 4 de diciembre. Eso lo sabemos porque es público pero, más allá de este caso en particular, ¿quién escribe los libros de los políticos?

Cierto es también que cuando pensamos en un político escribiendo un libro, tendemos a imaginarle sentado pluma en mano o mecanografiando para dar forma a sus ideas y/o recuerdos. Pero esto no es necesariamente así, pues en ocasiones estos libros se crean a través de conversaciones orales que alguien (y aquí es donde entra la figura del escritor fantasma o ghost writer) graba y luego trascribe y pone negro sobre blanco con el suficiente oficio para que su lectura resulte amena y se refleje adecuadamente la voz del protagonista. Eso es, en última instancia, lo que hace que el libro en cuestión sea realmente del autor, aunque no literalmente de su puño y letra.

"Hay algunos libros de políticos escritos por los propios políticos, como sus memorias o su autobiografía y demás, y hay ocasiones en las que no", apunta a infoLibre el editor de No ficción de La Esfera de los Libros, Diego Afonso, quien apostilla que "hay un equívoco con esto, porque al final el político es político y no es un escritor profesional". "Escribir un libro exige cierta pericia, no es cualquier cosa, no solo por cuestión de tiempo de la persona en cuestión, que suele ser una figura pública con muchos compromisos, sino por el hecho cierto de que no es un escritor profesional", destaca.

Y añade en esta dirección: "Lo imprescindible es que el contenido, las ideas, los sentimientos y las vivencias, sean auténticas y del personaje que está hablando en ese libro. Luego, ya es una ayuda que haya una persona técnica, el ghost writer, que escriba el libro y ordene las palabras con cierta técnica literaria. Es una colaboración que muchas veces hace el propio editor y otras una persona específica dedicada al proyecto porque es un proyecto grande y ambicioso. Para mí, la distinción clave es que, evidentemente, sea un contenido veraz y honesto desde el punto de vista de la persona protagonista, independientemente de que haya una persona técnica concreta y anónima que redacte como tal el libro".

"Ellos no suelen redactar ni sus discursos, van a escribir un libro. Con lo tedioso que es", recalca a infoLibre una periodista que escribió un libro con el líder de un partido joven hace cerca de una década y que señala que la mayoría de los políticos defienden que ellos lo cuentan y es "como si lo hubieran escrito, sin tener en cuenta que alguien lo ha escrito" de verdad. "Serán sus palabras, pero la teoría de que cualquiera puede escribir luego no se cumple tanto ya que no todo el mundo puede escribir. Tienes que ser buen escritor para poder darle un sentido a lo que alguien cuente, manteniendo el ritmo y el interés", argumenta, para luego aclarar: "Tampoco me parece tan dramático decir que has usado a alguien de esa manera. Yo nunca pienso que lo ha escrito ningún político, porque se pasan el día haciendo 20.000 cosas y para escribir necesitas dedicarle un tiempo".

En el caso de esta periodista, fue la propia editorial la que contactó inesperadamente con ella -"me parecía surrealista que me lo pidieran a mí", reconoce divertida- a petición del político de turno. Se cumple así la máxima de que estos escritores fantasma suelen tener un perfil de periodista de periódicos, gabinetes de comunicación o gabinetes políticos, por lo general (aunque no siempre) de confianza del político, si bien también en ocasiones son escritores profesionales que pueden ser periodistas o no, que pueden haber escrito sus propios libros o no, y que colaboran habitualmente desde el anonimato en este tipo de proyectos.

Evidentemente, hay casos en los que hay una aportación intelectual diferencial de esa persona, y ahí lo honesto y lo lógico es que firmaran el protagonista y el colaborador

Diego Afonso — Editor de No ficción de La esfera de los libros

"Evidentemente, hay casos en los que hay una aportación intelectual diferencial de esa persona, y ahí lo honesto y lo lógico es que firmaran el protagonista y el colaborador", puntualiza Afonso con conocimiento de causa, pues su sello acaba de publicar el último libro de Alfonso Guerra, La rosa y las espinas, que lleva como subtítulo En conversación con Manuel Lamarca. Defiende, en cualquier caso, que se haga así cuando es un perfil y un trabajo "muy técnico y de puro apoyo en la redacción". "Eso es perfectamente lógico y creo que no hay ninguna deshonestidad intelectual en ese sentido, que es algo que se habla mucho", defiende, explicando que en el formato de conversaciones a dos son al final muchas horas de grabaciones e intercambio de documentos en una tarea totalmente compartida: "Es siempre un diálogo, en cualquier caso, un trabajo a dos. Veo de forma recurrente esa opinión de 'no lo ha escrito él, esto es falso y mentira', pero yo pienso que eso no es así. Y los editores sabemos que eso no es así".

"¿Los políticos escriben? Hombre, los políticos se suelen fiar de un editor que les aconseja cosas. Normalmente sí que los escriben, y luego habrá excepciones", resume a infoLibre la directora editorial de No ficción del sello Planeta, Ángeles Aguilera, quien asegura que dirigentes como José Bono -"doy fe porque hemos publicado sus tres tomos", resalta- o Santiago Carrillo escribían sus libros enteros. "Normalmente sí que los escriben, también por una cuestión de vanidad", insiste, concediendo que a lo mejor a alguien en primera línea le resulta "complicado" por cuestiones de agenda. "Estamos ahora mismo preparando un libro de Carmen Calvo que saldrá en febrero y lo ha escrito ella. A lo mejor si la hubiéramos cogido a Carmen en el momento de estar de vicepresidenta del Gobierno, o bien no lo hubiera escrito por una cuestión de tiempo o se hubiera apoyado en alguien. En su caso, hemos podido hacerlo cuando ha dejado de ser vicepresidenta y ha tenido más tiempo", reconoce.

Es algo muy personal, depende de la persona, pero diría que muchos de ellos los escriben los propios políticos

Gonzalo Eltesch — Editor de No ficción de Ediciones B

"En mi caso, los políticos con los que he trabajado han sido ellos los que han escrito sus libros", afirma a infoLibre el editor de No ficción de Ediciones B, Gonzalo Eltesch, quien agrega que al final una obra de este tipo es "muy importante para llegar a sus posibles votantes". Precisamente por eso, explica, es necesario que mantengan su estilo reconocible y su personalidad, por lo que hay que ser "cuidadoso" con las hipotéticas aportaciones externas. "Es algo muy personal, depende de la persona, pero te diría que muchos de ellos los escriben los propios políticos", reitera, calificando de "fundamental" que no sea otra persona "la que lo grabe y transforme el libro en algo que a ellos quizás les resultara incómodo defender". "Los políticos escriben sus libros por una afición intelectual de transmitir ideas y generar un pensamiento. Les mueve la posibilidad de trasladar sus ideas al lector común y corriente porque, además, la gracia del libro es que te da un espacio y una libertad que en otros momentos no tienen para transmitir sus reflexiones", señala.

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Sea como fuere, el interés por los libros escritos por los políticos no es algo nuevo, sino más bien "constante" y "estable" a lo largo de los años desde la Transición. Así lo ve Afonso, quien apostilla que "históricamente siempre ha habido un público lector" para estos temas, "no extensísimo pero sí muy leal". Igual opina Eltesch, editor del libro publicado por Cayetana Álvarez de Toledo, Políticamente indeseable, que tuvo unas ventas de más de 50.000 ejemplares y que así se convirtió, junto a Una España mejor de Mariano Rajoy, editado por Plaza & Janés, en uno de los éxitos de la temporada del pasado año en este nicho de asuntos: "No es algo nuevo, es algo que es natural y me parece muy positivo, porque es otra plataforma muy valiosa donde los políticos pueden comunicarse directamente con sus posibles votantes e incluso con sus críticos, porque el libro genera una conversación y una reflexión".

¿Quién busca a quién?

Y entonces, ¿quién busca a quien? ¿El editor al político o el político al editor? "Es algo mutuo, si bien los editores tenemos que ser muy proactivos para buscar lo que puede interesar a los lectores. Muchas veces somos los editores los que llamamos a los políticos y les preguntamos si tienen algún libro en mente o incluso les proponemos algún tema. En el caso de Cayetana, ella tenía una idea de libro, yo la llamé y fue todo muy sincrónico y muy armónico", relata Eltesch. "Hay veces que es político el que dice que tiene ganas de escribir un libro y nos lo plantea", explica Aguilera, quien aclara que "otra cosa es lo que cuente, porque los libros tienen o no interés si el político de turno está dispuesto a contar cosas que le den enjundia, algún asunto que no se sepa o un episodio interesante". "Cuando un presidente del Gobierno deja de serlo, los editores solemos llamar a la puerta para pedirle un libro", admite, reconociendo a su vez que hay también personajes a los que todos han perseguido sin éxito, como por ejemplo Alfredo Pérez Rubalcaba: "Me reuní con él muchas veces, y creo que mis colegas editores también. Era un personaje encantador que te contaba mil chismes, pero la comida terminaba diciendo 'lo que interesa no lo puedo contar y lo que puedo contar no interesa, así que de momento lo dejamos'. Y se murió sin que nos lo contara".

El exdirigente socialista se fue con multitud de historias sin contar, pero otros muchos parece que cuentan las suyas en cuanto tienen oportunidad. En algunos casos porque quieren dejar su testimonio, para ajustar cuentas o por vanidad. Los motivos son variopintos y algunos pasan a la historia mientras otros son olvidados incluso por sus autores. "Acabé el libro y no me preocupé de si se vendía o no porque no lo sentía como un hijo mío", confiesa la periodista que antes citábamos como escritora fantasma imprevista, que prefiere mantener la tradición del anonimato y que cumplió con el encargo lo mejor que pudo, como con cualquier otro trabajo. "Yo creo que funcionó peor de lo que ellos imaginaban, pero no lo sé porque decidí que no quería royalties, sino que me pagaran una cantidad fija", concluye.

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