Fombellida e Irazoki hacen balance

'Mi lado izquierdo', 'Palabra de árbol', 'Un mentido de color' y 'Cómo guardar ceniza en el pecho'.

Es buen momento para hacer balance de lo que han escrito hasta la fecha poetas como Rafael Fombellida o Francisco Javier Irazoki, que hace décadas que vienen mostrando una personalidad propia y bien definida en el marco de la poesía española. Fombellida ha renunciado a sus primeros libros, Irazoki ha querido que estuvieran todos representados. Con ellos, nos asomamos también al último poemario de Felipe Benítez Reyes, otro autor que se desmarca de las modas para mantener su propio estilo. Finalmente, hemos leído la traducción al castellano del libro con el que Miren Agur Meabe ha recibido el premio Nacional de Poesía 2021. Es la primera vez que un libro escrito en euskera recibe el galardón y deja abierta la pregunta de por qué los poemarios escritos en las otras lenguas de las Españas no tienen una modalidad propia, sin tener que competir con traducciones.

 

Mi lado izquierdo (Antología poética, 1989-2019) 

Rafael Fombellida

Renacimiento (2021)

Y te inclinas hacia estos versos míos, / versos que vició siempre una leve demencia. / Te agradezco que lo hagas sin buscarles sentido, / sin hurtarles su euforia, su ausencia de razón, / mientras nieva sobre las uralitas

Con estas palabras del poema Moira, Rafael Fombellida (Torrelavega, 1959) ha condensado un autorretrato poético bastante ajustado. Es la suya una poesía singular en el actual panorama español por lo que tiene de expresionismo apasionado, acumulador de imágenes que a veces se le descontrolan, pero que cuando fluyen bien enfocadas transmiten la emoción sin que sea necesario entenderla, porque las emociones son en su esencia incomprensibles, sobre todo esas que consideramos negativas y por eso mismo resulta difícil usarlas como material poético.

"Aunque tú no lo creas, estos actos / nos dan conocimiento. (...) / Quiero unirme al rencor de ser oscuro / y apedrear la puerta de un garaje / o arrollar algún perro con mi auto, / porque el dolor enseña cuando es otro / quien lo padece". Baudeleriano sin tapujos, Fombellida es capaz de expresar la ira, la lujuria, la violencia, con una autenticidad escalofriante y al mismo tiempo bella, porque los lectores de poesía somos rastreadores de autenticidad. Así, hay un puñado de poemas suyos que merecen ser considerados entre lo más certero que se ha escrito en las últimas décadas, la mayoría de ellos concentrados en su libro Violeta profundo (Matinal de domingo, Geórgica, Árbol de noche...), pero algunos también anteriores y posteriores (Vendimiario, Ella descansa...).

Todos los citados, y otras piezas notables, forman parte de esta selección, Mi lado izquierdo, que recorre el arco temporal de su escritura entre 1989 y 2019. Xelo Candel le ha añadido un prólogo minucioso y esclarecedor. Fombellida hace tiempo que renunció a sus poemas de los 80, porque considera que pertenecen al joven que ya no es. A cambio, y como guinda, añade tres inéditos que prolongan la coherencia del libro: "solo buceo en el invierno. Avanzo / como lo haría un saurio bajo el calambre apático / de las constelaciones".

 

Palabra de árbol

Francisco Javier Irazoki

Hiperión (2021)

Por fin he sabido, conciencia, que eres mi soledad con otros nombres

Francisco Javier Irazoki (Lesaka, 1954) ha escogido 107 poemas propios y los ha reunido bajo el título Palabra de árbol. Ha querido que estuvieran representados sus nueve libros, incluido el inédito Música incinerada. La muestra es lo bastante amplia y coherente como para demostrarnos que, aunque vive en París desde 1993, la patria navarra sigue en el centro de sus emociones. Cuando le anuncian la muerte de una persona que conoció en la infancia o juventud, siente de inmediato "la desaparición de un paisaje".

De hecho, muchos de sus mejores poemas son semblanzas de personajes que influyeron en su vida y que, de algún modo, siguen presentes en ella. Buena parte de esas evocaciones son favorables, pero también las hay dolorosas, como la muerte de su hermana, su propia actitud ante los que consideraba extranjeros o los encontronazos con quienes opinaban de manera distinta: "Desde entonces caminé con el presentimiento de ser odiado por los árboles anochecidos". Experiencias que dejaron convicciones férreas: "Quien ama un idioma ama todos los idiomas".

Irazoki prefiere los poemas en prosa, que constituyen el 85% de los seleccionados ―sin bien en los inéditos ha vuelto al verso convencional―. La mayor parte son narrativos y están escritos con una sencillez que se acerca al reportaje y tocados con un candor casi naïf. Sin embargo, de sus orígenes surrealistas, rescata momentos expresionistas e irracionales con los que muchas veces puntea o remata esas semblanzas: "pronto seré el viejo que lleva en un bolsillo toda la extensión de su tierra".

En los libros más recientes, utiliza la alegoría para hablar de moralidades; así, la conciencia es otro nombre de la soledad o el alma es un animal salvaje. A la manera de Whitman podríamos decir que "este libro es un hombre" que deja poemas redondos como Autorretrato u Oración laica. En este último reclama "piedad por los que duermen o se despiertan sin cubrirse con los apellidos de una patria. [...] Piedad por los que sobreviven escondidos en una creencia".

 

Un mentido color

Felipe Benítez Reyes

Visor (2021)

Yo que no he sido nada, / he sido a veces el Universo, / el recipiente de todas las leyendas / y el depositario orgulloso de todos los prodigios

Felipe Benítez Reyes (Rota, 1960) es un poeta barroco en el sentido más puro, el de cobrar la herencia del siglo de Oro de nuestra poesía. Desde el título, tomado de una cita de Juan Meléndez Valdés, deja claro que no le importa ser complejo, conceptista, incluso artificioso, en este tiempo de coloquialismo universal. Y paradójicamente se siente cómodo entre antítesis, hipérbaton, paralelismos y retruécanos, porque ese tipo de envoltorio casa bien con la agudeza de su ingenio, que resaltaría en exceso en medio de un estilo más llano.

Por lo demás, los temas que trata son los de siempre, los de toda la vida, aunque tamizados por cierto tono teatral que tampoco elude el guiño a Calderón: "Todo viene de atrás en el tiempo. Todos somos / los actores de un teatrillo universal, / con papeles invariables". A la vida empieza a presentírsele el final, e inmerso en una sucesión de irrealidades, asumiendo la lección de lo fugaz, del que va hacia su fin "no con palabras ya sino con ecos", Benítez Reyes se recita a sí mismo: "Pero no olvides / que todo es avanzar no hacia quien eres, / sino hacia quien vas dejando de ser, / para al final encontrarte / con las manos vacías de ti mismo. // Recuerda que en ese diluirse está el secreto y el tesoro. // La respuesta final. La no pedida".

Las manos, por cierto, juegan un papel importante para conectar la vida y la muerte. Por un lado, los frutos y las flores siguen percibiendo la mano "ya de nieve" de la amiga fallecida. Por otro, cuando se oye la voz de un fantasma "que solo puede oír otro fantasma", la mano va dormida "en busca de otra mano que la sujete al mundo". En cuanto a la naturaleza, ayuda a comprender. Ayudan las olas que rompieron en la mar de la infancia ("la extensión de ese azul, las olas mías / como son nuestras las cosas que más valen: / lo que viene y se va sin tener dueño"). También la nieve que cae, "la tan herida / nieve que va cerrando tus heridas".

  

Cómo guardar ceniza en el pecho

Miren Agur Meabe

Bartleby Editores (2021)

Las intenciones son los andamios de los resultados, / nada más

Un jurado compuesto por once personas, entre las que había académicos, escritores, poetas y directores generales, concedió a Miren Agur Meabe el Premio Nacional de Poesía 2021 por su poemario Nola gorde errautsa kolkoan. Era la primera vez que este galardón se otorgaba a una obra escrita en euskera; eso es lo que más ha trascendido. No se ha incidido tanto en que solo una de las componentes del jurado podía leer la versión original.

El fallo fue el 21 de septiembre, y teníamos lógica curiosidad por leer el libro, para lo que ha sido necesario que la propia autora lo vierta al castellano. Lo ha hecho en un tiempo récord. Bartleby nos lo sirve en una cuidada edición bajo el título de Cómo guardar ceniza en el pecho. Es el quinto poemario de Miren Agur (Lekeitio, 1962), que ya había recibido el Premio de la Crítica dos veces y el Premio Euskadi de Literatura Juvenil en tres ocasiones, y que no obstante a algunos nos era desconocida (por lo que habrá que dar por bueno el premio y engrasar la traducción de textos desde las otras lenguas de las Españas).

Lamentablemente, solo podemos juzgar la versión castellana, porque como han dicho Brines y otros autores, nuestra propia tradición se ampara en los poemas originales, pero también en las versiones solventes que nos han ido legando los buenos traductores. Seguro que Agur Meabe ha vertido su propia poesía con el alma, pero le ha faltado tiempo para añadir ciertos aditamentos que la hubieran hecho más digestiva. Ha forzado rimas que le han obligado a retorcer los idiomas y se ha preocupado más del contenido que del ritmo.

Tampoco parece fácil de traducir, porque se trata de una poesía inteligente, compleja, rica en intertextualidades y en referencias culturales, sobre todo reivindicativas de mujeres pioneras y postergadas. Y a pesar de todo, desde la mitad de este libro desigual, hay unos cuantos poemas a la vez elegiacos e irónicos que nos advierten de que aquí hay una poeta profunda porque sobreviven a todas las distorsiones y salvan el tono y la emoción.

Arturo Tendero es periodista y poeta. Su último libro es 'La hora más peligrosa del día' (La Siesta del Lobo, 2021). Estas reseñas y otras más de poesía pueden encontrarse en su blog El mundanal ruido.

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