La vergüenza es azul

La vergüenza es azul - Isolda Patrón-Costas

Menoscuarto Ediciones. 2026. Premio de Novela Ateneo Ciudad de Valladolid.

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Hay mujeres que escriben sobre la maternidad, bien sobre la propia, bien sobre la relación con sus madres, algo que, como todas sabemos, nos marca de una manera muy específica. Es como una necesidad de exorcizar, de sacar a la luz pequeños traumas o grandes, de explicar cómo nos ha condicionado el hecho simple de haber nacido con vagina y cómo a base de enfrentamientos hemos podido hacernos personas y mujeres de otra caladura. Y dentro de esos enfrentamientos, al parecer es más condicionante el papel de las madres que el de los padres, acaso porque éstos se han mantenido en segundo plano en nuestra educación, como en el caso de esta novela.

Bienvenido sea un tema recurrente que puede saturar en la lectura, cuando los análisis son demasiado introspectivos y fuera de los contextos sociales, pero nunca llegará a saturar tanto como la cantidad de hombres que han ido escribiendo sobre mujeres pérfidas y traicioneras, abusadoras e interesadas, siendo ellos las víctimas, algo que deforma enormemente la realidad, porque yo, la verdad, he encontrado muy pocas de ese estilo. Hay otra versión, la alternativa a la perfidia, la de mujeres pobres, desgraciadas y echadas a perder, madres solteras con pecado y/o violación de juventud, y sumisas, que arrastran su vergüenza por el mundo. También está la visión de mujeres- objeto eróticos de placer, con tacones finos y medias con raya por detrás que, al parecer, excita mucho. Todo demasiado estereotipado. En cambio, nos resulta muy cercano todo lo relacionado entre una madre y una hija, porque todas lo hemos vivido, todas hemos tenido nuestra propia historia al respecto, mejor o peor, aunque quizá vaya siendo hora de que le hinquemos el diente a la relación padre/hija, al eterno masculino, por mucho Edipo que tengamos.

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En la novela La vergüenza es azul, de Isolda Patrón-Costas, se trata el tema desde otro punto de vista, lo que le infiere un valor añadido. Gira en torno a un triángulo monomarental, dos hijas que tienen que convivir, a partir de una edad, con su madre que las abandonó y las dejó con el padre para viajar y ver mundo y sentirse libre. Muy creíble, muy de una generación de mujeres-madres entre los setenta y los ochenta. Conozco varios casos, no han sido mayoría, pero han existido.  Cuando la madre regresa de ver mundo, decide reclamar a sus hijas y éstas pasan a vivir con ella en Granada. Choque de forma de vida: de un padre tradicional y ordenado que vive en Barcelona y que se desentiende de sus hijas, a una madre hippie, buscadora de nuevas experiencias, con una grieta en el alma que termina cayendo en una secta, con lo que esto afecta a las hijas, hasta que poco a poco, según crecen, se van dando cuenta de las consecuencias de una enfermedad mental no tratada a tiempo.

Lo que nos cuenta esta novela es el cambio de roles y valores: son las hijas las que han de cuidar a la madre, aunque eso suponga no tener infancia o juventud como el resto de chicas.  Quizás, para mí, este sea el tema central, más que lo de la secta, que ocurre durante el lapso central de la novela y es el eje del relato, con un personaje carismático llamado Shirati. Pero el tema es el de los cuidados. Al menos, desde mi punto de vista. Y esto es, por ahora, en literatura, específicamente femenino. Cuántas veces hemos comentado entre mujeres eso de cuidar a los hijos para después cuidar a los padres. Dado que los últimos estudios en arqueología y ciencias adláteres plantean que la civilización humana, allá por el Paleolítico, se inició con los cuidados, bienvenido sea un libro que trata este tema, algo que debería haber hecho toda la humanidad desde hace siglos.

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Pero vayamos a la novela y a su autora. Isolda Patrón-Costas, guionista y productora cinematográfica, es capaz de escribir con un ojo puesto en la literatura y otro en el cine. Ya sabemos de la influencia fecunda de ambas disciplinas. Es una novela muy visual, compuesta de treinta y un capítulos y algo más de trescientas páginas, que va creciendo a medida que avanza, basada en un desencadenante: Clara, la hija mayor que vive en San Francisco, vuelve a Granada a visitar a su madre. La muerte de Shirati, con lo que arranca el inicio, le lleva a recordar y a intercalar capítulos del presente y del pasado, en el que va narrando lo que ya he contado anteriormente, cómo fue su infancia, la juventud, su inclusión en la secta donde estaba su madre, la huida de ella hasta necesitar poner distancia con una progenitora absorbente, que involucraba a su hija en sus luchas y que no estaba muy bien de la cabeza. Me gusta esa visión de la maternidad, tan distinta a la madre tradicional, pero también de una época, madres que buscaban algo sin saber el qué, que no se conformaban con un rol tradicional y que su lucha antisistema se centraba en cuestiones claramente secundarias o marginales, como viajar, entrar en una secta, vivir con gitanos en Sacromonte, (una parte del libro muy interesante y que me hubiera gustado que tuviera más presencia); peleas con los camareros o taxistas que escuchan la COPE, afición a las cartas astrales y al tarot... Frente a ello una hija que no parece hija, empeñada en proteger a su hermana menor de todo eso, de garantizarla al menos una infancia normal ante tanta posición errática y fuera de la norma.

Es la segunda novela de esta joven escritora, nacida en Barcelona en 1974. La primera, Amargosa, fue finalista del Premio Felipe Trigo de Novela 2021 y, la actual, La vergüenza es azul, ha sido ganadora de la septuagésimo tercera edición del Premio de Novela Ateneo-Ciudad de Valladolid. Está editada por Menoscuarto. No voy a hablar del porqué del título. Quien esté interesado en saberlo que se lea la novela y lo descubrirá. Ya tienen ustedes una recomendación veraniega. Con todo mi placer, se despide hasta después del verano.

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*Carmen Peire es escritora. Su último libro es 'Mapas de asfalto(Menoscuarto).

La vergüenza es azul - Isolda Patrón-Costas

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