Aquiles corretea por el Teatro Real: ¿y si la ópera hubiera inventado lo queer?

En una carta escrita en 1618 a un posible comprador, Rubens ofrecía un cuadro de un "Aquiles vestido de mujer" hecho por su "mejor discípulo", Van Dyck, y todo retocado por su propia mano. "Cuadro hermosísimo y lleno de muchas bellas muchachas", explicaba en esa misiva el pintor barroco de la escuela flamenca, tratando de vender Aquiles descubierto por Ulises y Diómedes (1617-1618), un óleo sobre lienzo que puede disfrutarse en el Museo del Prado y que cobra vida ahora en una nueva coproducción del Teatro Real con el Theater an der Wien de Viena.

"A veces a la ópera se le ponen etiquetas de antigua, elitista o rancia, y al final casi parece que la ópera sea lo que realmente ha inventado lo queer", plantea a infoLibre el director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, al hablar de Aquiles en Esciros (Achile in Sciro), de Francesco Corselli, que llega al coliseo madrileño con cinco funciones entre el 17 y el 25 de febrero. "Hoy en día creo que nos resulta un poco difícil de entender la mentalidad del Barroco respecto al poco interés que tenía en aquella época el tema del género. En el siglo XIX se convirtió en un tema crucial, pero en los siglos XVII y XVIII eso no era así. La distribución del casting, asignar un determinado cantante o actriz a un determinado rol era prácticamente independiente del género de los personajes", explica.

"Esa es una especie de libertad, de abstracción, que luego sería inconcebible en el siglo XIX. Y hoy en día todavía estamos muy lejos de la libertad de tomarse este tema de una forma tan desenfadada y libre como se tomaba en el Barroco. Hoy en día todavía tenemos polémicas si una mujer interpreta a James Bond, algo que en el siglo XVII y XVIII hubiera sido absolutamente incomprensible. Aún te encuentras hoy en día gente protestando porque Nuria Espert o Glenda Jackson han hecho del Rey Lear. Nadie hubiera entendido que fuera un problema esto que hoy en día levanta ampollas".

"Hay que tener en cuenta que esta es una obra de Corte. Al final, lo que hay detrás es un punto de sentido del humor de una Corte que es consciente de sus propias rigideces y en un momento dado pone sobre el escenario algo que cuestiona todo ese mundo en el que viven. Esto hubiera sido mucho menos probable que pasara en una obra pensada para que se consumiera desde el punto de vista del público general", explica Matabosch, quien, en cualquier caso, reconoce que "estas obras hoy en día todavía nos sorprenden por la modernidad y ausencia de prejuicios en cosas en las que la losa de lo que es el siglo XIX aún nos pesa de manera contundente. Esas obras son increíblemente libres, desenfadadas e invitan muchísimo a reírse de las propias rigideces sociales y cortesanas".

Y es que Aquiles en Esciros, con dirección musical de Ivor Bolton y dirección escénica de Mariame Clément, se narra el jugoso episodio de la vida de Aquiles (Achile, contratenor, tesitura de soprano), en el que su madre, Tetis, decide enviarle a la isla de Esciros para evitar que el valiente e impulsivo joven participe en la guerra de Troya, donde, según el oráculo, perderá la vida. "A Tetis la importa poco lo de heroicamente si su hijo muere, así que lo que hace es buscar una manera de esconderle. Y la mejor manera que encuentra es en la isla de Esciros vestido de mujer", indica.

Con la complicidad y vigilancia del viejo Nearco (tenor) y la ayuda del rey Licomedes (Licomede, bajo), Aquiles se oculta entre sus hijas disfrazado de mujer con el nombre de Pirra, lo que le permite conocer y disfrutar, de incógnito, del encanto y placeres de la juventud femenina. En ese juego erótico y camaleónico de travestismo esconde su secreta relación amorosa con Deidamia (soprano), hija de Licomedes, destinada a desposar al joven Teagene (soprano), que a su vez está enamorado de Pirra (Aquiles).

Se van sucediendo los hilarantes enredos, cuya ambigüedad sexual es acentuada por las tesituras, también travestidas, de los cantantes. Y ahí está Aquiles / Pirra "correteando, jugando y tocando la cítara" junto con las doncellas virtuosas de la isla. "Una mujer que interpreta un hombre se siente atraída sexualmente por un hombre disfrazado de mujer", resume Matabosch, quien habla de una obra "basada en un tema mitológico pero con una cantidad importante de salsa picante".

La mala fortuna de Aquiles es que otro oráculo le ha dicho a Ulises que no podrá ganar en Troya si no cuenta con él en su ejército, por lo que procede a buscarle sin descanso. Lo que "no puede imaginar es que éste sea una de las niñas que está por Esciros correteando y tocando la cítara", relata divertido el director artístico, quien desvela así la estratagema de Ulises para lograr que Aquiles confiese su identidad: "Enseña un ostentoso arsenal militar que provoca en Aquiles un ataque de virilidad en el que ya no hay forma de esconder debajo de las faldas que lo militar le pone como nada. Es entonces cuando se revela como el futuro héroe cuya testosterona haría temblar la Tierra, que hasta ahora estaba vestido de mujer. Y se va a la guerra de Troya, donde efectivamente morirá heroicamente".

A partir de ese momento, la ópera adquiere su carácter épico de ópera seria y Aquiles deja la fogosidad juvenil y se debate, hasta el final de la obra, con las grandes cuestiones éticas que subyacen en el mito: ¿Una vida corta con gloria o larga sin ella? ¿El amor bienaventurado o la lucha por un ideal? ¿La inmortalidad en el Edén o la muerte heroica como un hombre? Esa es la parte más profunda y filosófica que reflexiona sobre la decisión entre prolongar la adolescencia disfrutando de los placeres de forma individual y anónima o dar el paso al frente integrándose en la polis ejecutando una acción útil. El paso a la vida adulta, en definitiva: "La obra es un cachondeo con un trasfondo serio. Que la gente no se asuste, porque es una obra divertida, pero tiene detrás un elemento profundo desde el punto de vista filosófico. Algo que no es incompatible".

Estreno pospuesto por el confinamiento

El día 14 de marzo de 2020, tres días antes del estreno de Aquiles en Esciros, de Francesco Corselli en el Teatro Real, el Gobierno de España decretó el estado de alarma y el confinamiento obligatorio de la población. El decorado quedó montado en el escenario durante tres meses, con los trajes colocados en los talleres y todo preparado para un ensayo general que no llegó. "Aquiles tiene el récord de siempre de permanencia en el escenario del Teatro Real, mucho más que Aida, mucho más que Tosca y que cualquiera. Estuvo hasta el final del confinamiento porque nadie lo tocó", rememora Matabosch.

Transcurridos tres años, la ópera renace ahora en el Teatro Real, 278 años después de su estreno en Madrid, cuando la pandemia ha dejado de ser la protagonista de nuestras vidas. Aquiles en Esciros se estrenó en el Coliseo del Buen Retiro de Madrid el 8 de diciembre de 1744 para festejar el enlace de la infanta María Teresa Rafaela de España, hija de Felipe V, con el delfín Luis de Francia, hijo de Luis XV.

En su puesta en escena de la ópera, Mariame Clément -quien dirigió antes Platée, de Rameau, escrita para celebrar la misma boda en París- recrea aquél estreno de Aquiles en Esciros en Madrid, con la presencia de la infanta española, que adquiere un gran protagonismo en la producción.

El director musical del Teatro Real, Ivor Bolton, estará al frente de un selecto reparto, del Coro Titular del Teatro Real y de la Orquesta Barroca de Sevilla, además de interpretar el clavecín. Encabeza el reparto Franco Fagioli (Achille/Pirra), secundado por el contratenor Tim Mead (Ulisse), las sopranos Francesca Aspromonte (Deidamia) y Sabina Puértolas (Teagene), el bajo Mirco Palazzi (Licomede) y los tenores Krystian Adam (Arcade) y Juan Sancho (Nearco).

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La partitura original de la ópera fue recuperada por el Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), en una edición moderna a cargo del musicólogo Álvaro Torrente. "Cuando Ivor Bolton fue nombrado director musical del Teatro Real insistió mucho en que quería encontrar una obra de esta época del barroco español para poner en escena y exhumar y devolver a la circulación. Estuvimos durante años con Álvaro Torrente, audicionando muchas obras de la época, para ver si encontrábamos esa joya. Cuando dimos con Aquiles nos dimos cuenta de que es una obra que tenía sentido recuperar porque es una historia estupenda muy bien puesta en música", destaca el director, reafirmando el compromiso del Teatro Real con la recuperación del patrimonio lírico español.

Además, resalta que, aunque no se puede documentar porque no hay documentos que lo prueben, es "casi seguro" que quien está detrás de la composición de Aquiles, junto a Corselli, es Farinelli: "En aquel momento ya está en Madrid y, aunque todavía no es un personaje crucial, va a tener mucha influencia. En aquel momento estaba empezando a mover los hilos". Y es que, de las seis óperas conocidas de Corselli, dos tienen, como Aquiles en Esciros, libreto de Pietro Metastasio, gran amigo de Farinelli quien, según el musicólogo Álvaro Torrente, habría intervenido en los contactos con el libretista, la selección de intérpretes y otros detalles relativos a la producción de la ópera.

Aquiles en Esciros será retransmitida en directo en Opera Vision, plataforma audiovisual de Opera Europa, el 25 de febrero a las 19.30 horas. Posteriormente la producción estará disponible en el catálogo de My Opera Player. En torno a este montaje se han organizado actividades paralelas en el Teatro Real, Archivo de Simancas, Biblioteca Regional de Madrid Joaquín Leguina, Instituto Italiano de Cultura, Museo Arqueológico Nacional, Museo de Historia de Madrid, Museo Reina Sofía, Palacio Real y Sala Equis.

En una carta escrita en 1618 a un posible comprador, Rubens ofrecía un cuadro de un "Aquiles vestido de mujer" hecho por su "mejor discípulo", Van Dyck, y todo retocado por su propia mano. "Cuadro hermosísimo y lleno de muchas bellas muchachas", explicaba en esa misiva el pintor barroco de la escuela flamenca, tratando de vender Aquiles descubierto por Ulises y Diómedes (1617-1618), un óleo sobre lienzo que puede disfrutarse en el Museo del Prado y que cobra vida ahora en una nueva coproducción del Teatro Real con el Theater an der Wien de Viena.

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