Cambio climático

COP23 de Bonn: Otra gran cumbre del clima sin un gran acuerdo

El presidente de Francia, Emmanuel Macron (i), habla con la canciller alemana, Angela Merkel, durante la Cumbre del Clima (COP23).

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2017 (COP23) encaró su recta final este viernes cumpliendo los pronósticos: una cumbre técnica, de intensa discusión, que no ha logrado alcanzar un acuerdo que suponga un gran avance en la lucha global contra el cambio climático. Durante la madrugada del viernes al sábado se cerró, horas después de lo previsto, un documento concluyente firmado por todas las Partes. Los países estuvieron en discusiones sobre cómo plantear en el papel la financiación climática, el traspaso de recursos desde los países "desarrollados" hacia los "menos desarrollados" (según el sentido industrial de la expresión) para abordar la acción contra el calentamiento global. Los primeros aseguraron que no pueden prever a largo plazo el presupuesto de esas herramientas y los segundos exigieron concreción para poder encarar con garantías un proceso caro y costoso, en el que los que más han contaminado sean transparentes con respecto a cuánto dinero ponen sobre la mesa. Finalmente, no se ha llegado a una cifra exacta sobre cuánto dinero va a dar el Norte al Sur a partir de 2020, aunque sí se han firmado otra serie de concesiones. 

Tras Marrakech, Bonn ha sido la segunda cumbre del clima mundial sin un gran titular, después del hito de París de 2015. Fuentes de la negociación aseguran a infoLibre que se ha llegado a este punto con mucho trabajo por hacer, las discusiones técnicas han ocupado más tiempo que el previsto y que se traslada, una vez más, la concreción y las medidas vinculantes hacia un futuro incierto, con las miras puestas en la COP24 de 2018, en Polonia.

Finalmente, la justicia climática y las tensiones entre el Norte y el Sur han marcado las negociaciones de la COP23 sobre cómo aplicar el Acuerdo de París. Las exigencias de los países en vías de desarrollo han apuntado a varias direcciones. En primer lugar, reclamaban que los ricos evidenciasen que han cumplido con sus compromisos antes de 2020, fecha en la que la vinculación del Acuerdo de París se pone en marcha, lo que se conoce como acción pre-2020. Es por ello que durante este jueves la UE logró el permiso para ratificar en bloque la Enmienda de Doha al Protocolo de Kioto (el acuerdo anterior al de París), que establece un segundo periodo de compromiso adicional hasta dicho año. Pero las peticiones que más dolor de cabeza han causado han sido las de la financiación climática: los recursos que los Estados del Norte se han comprometido a ofrecer a los del Sur. Han logrado la aprobación de un documento que recoge la obligación de que las naciones ricas produzcan un informe detallado de cuánto dinero aportan para la acción climática de las más pobres.

Estos documentos se presentaron y aprobaron el jueves, pero la jornada del viernes, la última de la COP, ha sido una batalla contrarreloj para lograr cerrar un acuerdo sobre lo más importante: el dinero sobre la mesa, compromisos claros sobre la financiación desde los desarrollados a los menos desarrollados. Se ha acordado separar dos herramientas esenciales para este propósito: el Fondo de Pérdidas y Daños y el fondo de adaptación al cambio climático, conocido oficialmente como el Fondo Verde para el Clima. Sobre el primero, no hay compromisos claros de transparencia, pero se ha cerrado una hoja de ruta de cara a una reunión al respecto en mayo de 2018. Tampoco ha habido un acuerdo sobre el segundo fondo, muy cuestionado por la influencia que tienen las grandes empresas en su funcionamiento y que consigue que se destinen recursos a las compañías privadas en los países en vías en desarrollo en detrimento de los fondos públicos. "No se ha querido aceptar la exigencia de los países más vulnerables, como los africanos o las islas del Pacífico, de que existan sólidos y claros mecanismos de transparencia en dicho Fondo, y esto es muy grave en una COP cuya presidencia ha tenido precisamente Fiyi", asegura la europarlamentaria Estefanía Torres.

Las discusiones al respecto han marcado toda la jornada de la COP de este viernes e hicieron retrasarse los actos oficiales de clausura del evento. Esta mañana, el mensaje de la Unión Europea en sus encuentros con los europarlamentarios presentes era que el acuerdo concreto sobre la financiación no se iba a alcanzar. "Habrá que hacer mucho trabajo el próximo año si queremos llegar a la COP de Polonia con algo sobre la mesa", aseguraban fuentes de la presidencia del club comunitario.

En un encuentro posterior de los europarlamentarios con el Comisario de Acción por el Clima y Energía, Miguel Arias Cañete, se les han presentado los principales compromisos alcanzados. Se les ha asegurado, afirman los presentes en la reunión, que no es fácil presentar avances concretos en una cumbre de carácter técnico, pero que los esfuerzos comunicativos deben centrarse en que sí, que se está avanzando. La Comisión Europea destaca, además de los documentos relativos a la justicia climática que salieron adelante el jueves, que se ha llegado a la firma de un Plan de Género, probablemente una de las grandes noticias de la COP de 2017. Numerosos actores no estatales reclamaban incluir la perspectiva de género en la lucha contra el cambio climático, ya que los estudios afirman que las mujeres se verán más afectadas por el calentamiento global. También señala, como buena noticia, el acuerdo alcanzado sobre las funciones de las comunidades indígenas, un punto señalado en la COP de 2015.

El Diálogo de Talanoa, como explicábamos aquí el pasado jueves, ha sido otro de los elementos sobre los que se ha centrado el debate, motivo también del retraso en el cierre de la COP. El anteriormente conocido como diálogo facilitador busca definir el único objetivo vinculante del Acuerdo de París, el que regula las contribuciones nacionales que cada país debe hacer para mitigar el cambio climático y que se revisa, de nuevo, en 2020. Una vez más, indefinición. "El único documento de trabajo es un texto no oficial de 266 páginas que recoge todas las impresiones generales realizadas por los Estados. Sin que exista en el documento ninguna decisión real, en su lugar abre un nuevo proceso de recogida de impresiones que concluirá después de mayo de 2018", señala, en un comunicado, Ecologistas en Acción. No se ha llegado a ningún pacto concreto sobre sobre qué mecanismos deben habilitarse para adaptar los compromisos nacionales a las indicaciones que realiza la comunidad científica. Países como China o India, como afirma EFE, se negaron, hasta última hora, a la esencia del diálogo (la revisión de los compromisos de manera acorde con los estudios) y prefirieron poner sobre la mesa la acción pre-2020 de los desarrollados, aunque finalmente lo han aceptado. La Comisión Europea defiende en privado que las aportaciones políticas van por buen camino, pero reconoce que no se puede vender ninguna cifra, ningún titular sobre a qué acuerdo han llegado los países para reducir sus emisiones y llevar al papel el pacto de 2015.

 

"Ha sido una cumbre muy técnica. Se han perfilado las decisiones del Acuerdo de París, pero me habría gustado que se hubiera avanzado más", asegura la ex secretaria de Estado de Cambio Climático y copresidenta de la Red Española de Desarrollo Sostenible (REDS-SDSN), Teresa Ribera. Sobre la posición de los países menos desarrollados, afirma que hay un componente táctico: "No quieren estar sometidos a la presión de tener que hacer más" si los ricos no lo hacen, asegura: pero también un componente "de inquietud política real" ante la falta de recursos. "Se reabre la falta de confianza de los países vulnerables con respecto a la seriedad de los desarrollados", concluye.

El papel de España

En la cumbre del clima de Bonn estuvieron presentes la canciller de Alemania, Angela Merkel, y el presidente francés, Enmanuel Macron, dos de los países que más están tirando de la Unión Europea para dignificar su papel en la acción climática. España, el país que se verá más afectado de toda Europa por el cambio climático, no mandó a su presidente, sino a su ministra de Medio Ambiente, Isabel García Tejerina.

El pasado jueves saltaba el que ha sido uno de los grandes titulares de estas jornadas climáticas: un buen número de países firmaban un compromiso para abandonar el carbón como fuente de generación de electricidad en 2030, por su extremo nivel contaminante. Están reino Unido, Canadá, Dinamarca, Francia, Italia, Austria, Países Bajos, Portugal, así como los estados americanos de Washington, Alberta, Vancouver, Colombia Británica, Quebec y Ontario. Alemania y Polonia, muy dependientes del carbón, no lo han firmado. España tampoco.

La decisión de España de desmarcarse de este acuerdo, aceptado por gran parte de los países de nuestro entorno, se enmarca dentro de la intención de Iberdrola de cerrar las dos térmicas de carbón que le quedaban. La respuesta del Ministerio de Energía ha sido preparar un decreto para regular el cierre de este tipo de instalaciones. Pretende condicionar estas decisiones a que no se aumente el precio para el consumidor, se respete la competencia del mercado y se garantice la seguridad del suministro.

La decisión de España de no firmar dicho acuerdo causó sorpresa en los corrillos de Bonn, y estupor cuando se conoció la intención del Gobierno de poner trabas a la descarbonización de Iberdrola. "No puede ser verdad, tiene que haber sido una mala traducción", aseguraban presentes en la cumbre, explica Ribera. "Ha sido percibido como una marcianada. España no se da cuenta del planeta en el que vive. La decisión viene de un ministro de Energía de un país cuya capacidad instalada duplica el consumo medio", asegura la exsecretaria de Estado, en referencia a la seguridad del suministro a la que alude el Ejecutivo para torpedear la determinación de la eléctrica.

El papel de España en la lucha contra el cambio climático ha quedado cuestionado en Bonn, una cumbre donde la geopolítica inherente a la acción climática global ha cambiado: asumida la marcha de Estados Unidos, Francia y Alemania se erigen como líderes, al menos simbólicos, del compromiso de la Unión Europea, ratificado en esta semana aunque aún lastrado por sus luchas internas. Las viejas rencillas entre el Norte contaminador y el Sur vulnerable vuelven, pero también emergen nuevas perspectivas, como la de género o el altavoz a los pueblos indígenas. La fuerza de las ciudades como campo de experimentación, sobre todo en cuestiones como la del transporte, ha quedado acreditada, así como el papel creciente de ONG's y empresas que, aunque vistas con suspicacia por muchos, tienen mucho que decir. El problema de la patada hacia adelante es que el planeta no espera.

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