Brexit

Españolas en el 'Brexit': "Londres es una ciudad hecha por extranjeros"

Un manifestante anti-Brexit lleva una sudadera con la bandera de la UE a la que le falta una estrella europea, durante una protesta frente al Parlamento Europeo.

Este viernes 31 de enero Reino Unido abandonará la Unión EuropeaReino Unido, tras ser ratificado este acuerdo en la Cámara de los Comunes el pasado 9 de enero con 330 votos a favor y 231 en contra. Los posibles acuerdos comerciales con EEUU, las promesas de "soberanía" y principalmente el miedo a la inmigración han marcado la hoja de ruta de salida. A partir del 1 de febrero los 180.000 españoles que residen en Reino Unido, según datos del Ministerio del Interior, no van a verse afectados por esta nueva situación al menos de una forma inmediata. Basta con pedir el llamado estatus de residente o EU Settlement Scheme: el pre settled status, para quien lleve menos de cinco años, o el settled status, para los más veteranos. Pero, ¿qué va a ocurrir según vayan pasando los meses?

La fecha límite para solicitar ese estatus es el 30 de junio de 2021, según el Acuerdo de Retirada. En base a esto, la legislación de la UE, incluyendo la libre circulación de personas, seguirá siendo aplicada en Reino Unido hasta final del presente año. Aunque sí habrá modificaciones en según qué cosas concretas como titulaciones. En el caso de una de nuestras entrevistadas, que se encuentra en proceso de obtener la cualificación para ejercer la abogacía en Reino Unido, este 2020 es el último que se convoca esta especie de "oposición" para abogados colegiados en la Unión Europea.

Son muchos los españoles que fueron a Londres a buscar oportunidades de trabajo, como Sara Miguélez, asturiana de nacimiento y residente en la capital británica desde finales de 2015. Explica que en la industria en la que trabaja, el diseño, las oportunidades en España eran escasas. "De entrada me vine por explorar un poco y con ganas de aprender inglés –afirma Sara–, luego vi que las cosas funcionan muy bien aquí, en especial el sistema laboral, que es muy diferente al de España".

Aunque el salario mínimo interprofesional en Reino Unido está muy por encima del español (1.524,5 euros frente a los 1.108,3 euros en España mensuales en doce pagas), afirma no ver mucha diferencia con el nivel de vida en algunas zonas de España. "Cuando trabajas en Madrid o Barcelona también sueles tener ese bolsillo ajustado que no tienes en otras provincias, como Asturias". Lo mismo ocurre en Reino Unido, donde las diferencias en la vivienda y el nivel de vida varían mucho de la capital a otras ciudades como Liverpool o Manchester.

El salario y las coberturas laborales no son las únicas ventajas a la hora de trabajar en Reino Unido. "Creo que en España la posibilidad de crecer laboralmente es complicada. El empresario tiene una mentalidad muy anticuada, en Reino Unido es fácil ascender, siempre y cuando trabajes bien, vas a tener una recompensa profesional. Las posibilidades de crecer son abismales", indica Sara.

"Yo he ascendido tres veces en la mitad de tiempo que mis compañeros de facultad que trabajan en España y mi sueldo es dos o tres veces superior. Y no porque sea mejor o peor, es porque aquí, desde mi punto de vista, valoran lo que tienen y en España no lo hacen tanto –afirma V. G.–. Algunos de mis compañeros de Derecho han terminado viniendo a Londres también".

El nivel de vida entre la capital y el resto del país no es la única diferencia, de hecho, vemos elección tras elección que Londres es "otro país". En el referéndum de salida de la UE del 23 de junio de 2016, Londres fue una de las excepciones con casi un 60% de los votos por la permanencia en la UE. [ver gráfico abajo]

Aunque la experiencia de V. G., residente en Londres desde 2014, no dista mucho de la de su compatriota asturiana, ella sí que sufrió algún encontronazo por su procedencia española. Tras el referéndum del Brexit, "estaba trabajando en un pub, no le quise servir a una clienta, porque estaba muy borracha y no lo tenía permitido si consideraba que llevaban un elevado grado de alcohol. En ese momento me empezó a gritar 'menos mal que ha salido el Brexit', 'vete a tu puto país', 'qué asco de españoles'Brexit'...", recuerda V.G., aunque también afirma que esa clienta es la única que conoció que estuviera a favor de la salida de la UE. "Recuerdo los días siguientes al referéndum, se notaba en Londres, parecerá una tontería, pero la ciudad estaba como apagada. Estaba trabajando de camarera en ese momento y la mayoría de los locales con los que hablaba no se lo podían creer"."Los londoners que conozco están completamente en contra del Brexit. Ha sido un reflejo de los pueblos y la gente mayor, un poco lo que pasa en España con las ideas conservadoras", cuenta Sara, que afirma que "en Londres no ha experimentado nada de rechazo a los extranjeros". De hecho, según afirma, "Londres es una ciudad hecha por extranjeros".

Londres es una de las capitales europeas con mayor tasa de inmigración y sin comparación con el resto del país. Teniendo en cuenta que la tasa de desempleo en Reino Unido es del 3,8% "¿Qué pasaría si se fueran todos los extranjeros? ¿Cómo llenarían los puestos de trabajo del país? –se pregunta V.G.–. Inglaterra es lo que es gracias a los extranjeros, mucha gente que está trabajando en Londres tiene unas cualificaciones que muchos ingleses no tienen" y se necesitan para desarrollar ciertos empleos.

Las zonas rurales

Es cuanto menos curioso que los pueblos con menores tasas de inmigración sean a los que más incomodan los extranjeros y los que apuestan fuerte por la salida de la Unión Europea, como una especie de receta milagrosa contra la inmigración. Es justo en estos objetivos, en las zonas rurales, donde jugó un papel primordial la agresiva campaña de leave.eu y las fake news que abordaban a los electores indecisos en la estrategia diseñada por Cambridge Analytica, que también jugó su papel en la campaña presidencial de Donald Trump, según las investigaciones de Carole Cadwalladr.

"Inglaterra es un país muy rural. Manchester y Liverpool son ciudades conocidas, pero no cosmopolitas como puede ser Londres. Saliendo de esas tres ciudades son todo pueblos. La ideología siempre va a ser más conservadora", afirma Sara.

Los votantes de las zonas rurales no convivían con extranjeros a diferencia de los habitantes de la City, así que la imagen que tenían de ello era únicamente la que se les plasmaba desde los medios de comunicación y las campañas electorales, en muchas ocasiones imágenes cuanto menos distorsionadas, como las que se muestran a continuación.

Nigel Farage frente al un cartel de la campaña pro-'Brexit'.

El clásico cartel de la agencia Saatchi & Saatchi (irónicamente conocida como Taatchi & Taatchi) utilizado para la campaña de Margaret Thatcher sentó el precedente de varias campañas, como el 'Obama isn't working' utilizado durante la campaña electoral de Donald Trump.

"El que vive rodeado de extranjeros no les tiene miedo, les conoce y sabe que la convivencia es perfectamente factible. Mientras, en los pueblos la mayor parte de la gente tiene una mente más cerrada. Al no tener contacto con ellos suena el discurso de '¿Qué hace aquí este inmigrante? Viene a quitarme el pan'", opina V.G.

Tanto Sara como V.G. coinciden en que uno de los mayores problemas reside en que la gente desconoce el fin y las repercusiones de lo que está votando. "Solo conocí a una persona pro-Brexit y al escucharle veías que no tenía argumentos para defender su postura", indica la asturiana. "Lo vemos en España habitualmente, si preguntas cómo es el programa del partido político que están votando, la mayoría no te saben contestar. Aquí pasa lo mismo", añade la marbellí.

¿Victoria de Johnson o un segundo referéndum?

Las elecciones generales del pasado año fueron tomadas como un segundo referéndum por la gran mayoría de la población. Las medidas sociales o económicas de los diferentes partidos quedaron arrinconadas en un segundo plano. La sorpresa fue mucho menor que en el referéndum de 2016. La victoria que todas las encuestas preveían de Johnson llegó y con ella la ratificación del Brexit. "Obviamente, fue un segundo referéndum, quien votó a los tories votó por la salida de la UE", afirma V.G.

Aunque la victoria de Johnson fue más que clara, mayoría absoluta con 363 escaños, volvemos a ver claras diferencias territoriales. Las más comentadas: Escocia e Irlanda del Norte, pero dentro de Inglaterra volvemos a ver que Londres repite la tendencia ya marcada en el referéndum de 2016, dando la victoria a los laboristas.

El salto generacional, el modelo electoral y el voto rogado

Un factor determinante en las elecciones generales de este pasado diciembre fue el salto generacional, algo que ya se vislumbró en el referéndum. De esta manera, tal y como aprecia V.G., "los mayores han decidido el futuro de los jóvenes".

"Esta situación, la del salto generacional en el voto conservador, recuerda a España. Londres, sin embargo, es por norma general progresista, es una ciudad llena de extranjeros, con mentes abiertas y estamos en contra de los valores más conservadores –aprecia Sara–. Incluso los jóvenes conservadores tienen una amplia diferencia con los conservadores mayores".

Además del factor generacional, el sistema electoral ha favorecido en gran medida la salida de la UE. El sistema de circunscripciones británico, que este pasado 12 de diciembre contaba con nada menos que 650, favorece a las fuerzas mayoritarias ya que solamente sale un diputado por cada una de ellas.

V.G. tiene claro uno de los mayores retos a los que se enfrentaban las fuerzas progresistas en estas elecciones con carácter plebiscitario tiene mucho que ver con esto. "La izquierda estaba dividida de una manera errónea", entre quienes defendían una segunda consulta y quienes mostraban una oposición rotunda al Brexit. "Ahí se dividió y se perdieron muchos votos", razona.

El voto rogado también ha sido decisivo para una gran población inmigrante que no ha tenido derecho a acudir a las urnas, aunque esta decisión les afecte directamente. "Los inmigrantes no pueden votar, por mucho que digan que son elecciones generales, no lo son. Es un referéndum. Los que llevamos años y hemos pagado nuestras tasas, deberíamos tener el mismo el mismo derecho a votar que el que tiene la ciudadanía aquí", valora la marbellí.

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