La izquierda europea

Medio millón de militantes del SPD deciden el futuro de Alemania

Medio millón de militantes del SPD deciden el futuro de Alemania

Un desconocido hackeó esta semana la centralita telefónica del SPD hackeóen la Willy Brandt-Haus, de Berlín, la sede del Partido Socialdemócrata Alemán. Desde ese número se hizo pasar por un ayudante de la secretaria general, Andrea Nahles, y amenazó con las penas del infierno a los militantes que se atrevieran a votar no en el referéndum noplanteado por el partido. La invasión informática fue resuelta y la historia no ha pasado de ser una anécdota. “En el SPD no hay sitio para las llamadas de amenaza”, proclamó muy solemne Nahles al conocer el incidente. Lo bien cierto es que todo apunta a que la dirección del SPD no necesitará de métodos sucios para que una amplia mayoría de los 475.000 militantes respalde el pacto de Gobierno alcanzado por los socialdemócratas con la CDU de Angela Merkel.

En las últimas dos semanas la dirección del SPD, con su presidente Sigmar Gabriel a la cabeza, se ha volcado por tierra, mar, aire y redes sociales para convencer a la militancia de las bondades de una futura Gran Coalición. El referéndum, que comienza el viernes 6 de diciembre y termina el día 12, no tiene precedentes en la historia de un partido fundado en 1863 y que ha tenido entre sus principales líderes a Friedrich Ebert, Willy Brandt y Helmut Schmidt.

En las elecciones del pasado septiembre, la canciller Angela Merkel y su partido democristiano (CDU) se quedaron a unos pocos escaños de la mayoría absoluta; pero su socio de Gobierno, los liberales del FDP, se quedó fuera del Bundestag (Parlamento federal). Ese desplome imprevisto de los liberales obligó a la canciller de hierro a repetir la fórmula de Gran Coalición con el SPD que ya llevara a la práctica entre 2005 y 2009. Eso sí, con excelentes resultados electorales para los democristianos y nefastos para el centro-izquierda.

Por ello, el SPD abordó las negociaciones con la CDU y con sus socios bávaros de la CSU, que se han alargado durante dos meses, con un listón muy alto de reivindicaciones. En ningún caso querían reeditar el abrazo del oso que Merkel les dio en 2005 y que llevó al descrédito electoral y ciudadano del SPD. Así las cosas, el partido que dirigen Sigmar Gabriel y Andrea Nahles puso algunas condiciones irrenunciables para salvar la cara frente a su electorado y para lograr el apoyo imprescindible de su militancia.

El acuerdo incluye 10 puntos, pero los tres más relevantes que impuso el SPD se refieren a un salario mínimo de 8,5 euros por hora; la posibilidad de jubilarse a los 63 años si se ha cotizado durante 45 y una pensión mínima de solidaridad de 850 euros; y la doble nacionalidad para los hijos de inmigrantes nacidos en Alemania. Otras medidas previstas son el abandono de la energía nuclear para 2022, el aumento de las inversiones públicas en transportes y educación, unas reglas más estrictas de regulación bancaria y la renuncia a las subidas de impuestos.

En una cultura política de consensos y de estabilidad desde la Segunda Guerra Mundial, una mayoría de ciudadanos alemanes respalda siempre el pacto frente a la disputa y los gobiernos fuertes frente a las frágiles aritméticas parlamentarias. De este modo se explica que un 80% de la población se muestre favorable en las encuestas a una Gran Coalición entre la derecha y la izquierda, entre la CDU y el SPD. Algo inimaginable en otros países europeos. Desde el punto de vista del SPD, haberse negado a priori al acuerdo ofrecido por Merkel, a pesar de su arrolladora victoria en las elecciones de septiembre, hubiera sido suicida.a priori En el caso de un rechazo de las bases del SPD y descartado gobernar en minoría, las opciones de la CDU pasarían por un hipotético Gobierno con Los Verdes o por una nueva convocatoria de elecciones. Una posible cita, por cierto, en la que Merkel probablemente arrasaría. De ahí se deriva la dureza de las negociaciones que han mantenido las cúpulas de la CDU y el SPD y su programa de Gran Coalición que, a juicio de muchos analistas, recoge más reivindicaciones socialdemócratas que democristianas.

Otra cosa bien distinta será a la hora de gobernar, cuando Merkel y los suyos ocupen las carteras más importantes e impongan una política conservadora y de austeridad económica en el día a día del Ejecutivo. De cualquier modo, Alemania contaría hasta 2017 con un gobierno de amplísima mayoría parlamentaria y donde la oposición de Los Verdes y Die Linke apenas podrá influir desde el Bundestag en la política del país. En su actitud hacia Europa y hacia los países del Sur no parece que una Gran Coalición vaya a fomentar mucho políticas de crecimiento, con menos recortes y más derechos sociales, porque en ese aspecto el SPD se ha limitado a vagas declaraciones de principios.

Entretanto, cerca de medio millón de militantes del SPD votarán por correo o no al acuerdo de gran coalición en un referéndum que, en declaraciones de Andrea Nahles, no tiene precedentes en la ya larga historia del SPD. En las últimas semanas la movilización de los dirigentes ha sido frenética, desde mítines y reuniones de militantes a lo largo de todo el país hasta los chats diarios en la página web del partido, pasando por los mensajes en las redes sociales o las entrevistas en prensa, radio y televisión. La dirección ha vinculado una posible derrota con su dimisión porque el órdago pasa por un cara o cruz sin matices. Ahora bien, no da la impresión de que Sigmar Gabriel y los suyos vayan a perder la apuesta porque el apoyo de las bases ha crecido al compás de las reivindicaciones conseguidas en el pacto.

No obstante, el recuerdo de la infausta experiencia del periodo de Gran Coalición entre 2005 y 2009 y la actitud rebelde de las Juventudes Socialistas pesarán también en el ánimo de muchos militantes. La respuesta se sabrá con la proclamación de los resultados el próximo día 14 y, si las bases aprueban el pacto, Angela Merkel será elegida de nuevo canciller de Alemania el día 17 y pasará definitivamente, después de tres mandatos consecutivos, a un Olimpo reservado sólo para líderes que marcaron épocas históricas en la Democracia Cristiana alemana como Konrad Adenauer o Helmut Kohl. Pero hasta que llegue ese momento y sea cual sea el resultado del referéndum, el SPD dará una lección de democracia directa y de participación a unas izquierdas europeas cada día más desacreditadas y alejadas de los ciudadanos. Y no queremos señalar a nadie.

El 76% de los militantes del SPD aprueba el acuerdo de gobierno con Merkel

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