El primer ministro británico, Keir Starmer, dijo a su gabinete este lunes que no tiene intención de dimitir ante las crecientes presiones dentro del Partido Laborista para que lo haga de inmediato o, al menos, presente un calendario para dejar el poder, según informa EFE.
Según sus palabras hechas públicas por su oficina, el partido "dispone de un mecanismo para contestar (la autoridad) de un líder, y no se ha puesto en marcha", en referencia a los 81 diputados necesarios para forzar unas elecciones primarias dentro del partido y buscar un sustituto para Starmer.
El primer ministro aludió a las consecuencias económicas que puede traer al país la inestabilidad que provocaría su sustitución: "Las últimas 48 horas han sido desestabilizadoras para el Gobierno y esto tiene un coste económico claro para el país y las familias".
Con ello, se refiere a los catastróficos resultados cosechados por el Partido Laborista en las elecciones del pasado jueves, municipales en Inglaterra y regionales en Escocia y Gales, en las que el partido sufrió una sonora derrota a manos del populista Reform UK y de los nacionalistas de esos dos territorios históricos.
Cascada de dimisiones
Esos resultados se tradujeron en una presión creciente dentro del Partido Laborista para que Starmer deje el cargo: 82 diputados han pedido ya su dimisión, y a ellos se han unido la ministra del Interior, Shabana Mahmood, y la de Exteriores, Yvette Cooper, que han pedido al primer ministro que establezca un calendario claro para dejar su cargo. Quienes sí han respaldado a Starmer son la ministra de Ciencia, Liz Kendall y el titular de Vivienda, Steve Reed.
Además, minutos antes de la reunión del gabinete, una miembro del Gobierno, la secretaria de Estado de Vivienda, Comunidades y Gobierno Local, Miatta Fahnbulleh, presentó su dimisión y apremió a Starmer a que "haga lo correcto" y también que él ponga su cargo a disposición del partido.
En este momento, tres secretarios de Estado (entre los que se encuentra la ya mencionada Fahnbulleh) ya han presentado su dimisión: la de victimas para la violencia de género, Alex Davies-Jones; y la de protección a la mujer, Jess Phillips.
Phillips, considerada una figura influyente en el partido y a nivel ministerial, ha dicho sentirse cansada de observar cómo "las oportunidades de progreso se ven relegadas o frenadas". Pero en la primera línea, la de los ministros, ninguno de ellos ha renunciado a su cargo.
Por el momento, Starmer aguanta la presión, cuando solo queda un día para que presente su programa de Gobierno en el nuevo periodo de sesiones parlamentario en el llamado "discurso del rey", un discurso pronunciado por el monarca pero que recoge los planes del gabinete para los próximos meses.
"El país espera que sigamos gobernando. Es lo que estoy haciendo y lo que debemos hacer como Gobierno", dijo Starmer a los miembros de su gabinete.
Más de 100 diputados laboristas firman una carta de apoyo a Starmer
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Un centenar de diputados laboristas británicos, que equivalen a la cuarta parte del grupo parlamentario del partido (403), han firmado una carta de apoyo al primer ministro en la que subrayan que "no es hora de discutir por el liderazgo del partido" justo después de que el pasado jueves el partido sufriera "un resultado electoral devastador que demuestra que tenemos un duro trabajo por delante para recuperar la confianza del electorado", según recogen los medios británicos.
El problema de los opositores es que no parecen estar unidos, ya que no han logrado consensuar un nombre que aglutine los apoyos de todos los críticos como posible reemplazo de Starmer. Incluso los estatutos del partido posibilitan que se fuercen las primarias solamente si los críticos están unidos detrás de un nombre.
Aun así, la sensación en el Partido Laborista es de gran tensión y confusión. Esta misma tarde, Starmer acaba de cancelar una reunión que tenía prevista con líderes sindicales cercanos al laborismo, según la agencia estatal Press Association.
El primer ministro británico, Keir Starmer, dijo a su gabinete este lunes que no tiene intención de dimitir ante las crecientes presiones dentro del Partido Laborista para que lo haga de inmediato o, al menos, presente un calendario para dejar el poder, según informa EFE.