El asesinato de una familia por el ejército israelí exacerba el terror en Cisjordania
Al otro lado del teléfono se oye la voz de un “niño que ha dejado de serlo”, según dicen sus allegados. “Abrí la puerta del coche y pedí ayuda gritando: ‘¡Han matado a mi familia!’ Un soldado se acercó y me cogió del pelo. Me tiró al suelo gritando a sus compañeros: ‘¡Hemos matado a unos perros!’ Luego se arrodilló sobre mí y empezó a pegarme. También quiso pegarle a mi hermano pequeño, Mustafa. Me interpuse con todas mis fuerzas. Después, los soldados me metieron en un jeep. Me registraron y me preguntaron quién estaba conmigo en el coche. Respondí: mi madre, mi padre y mis hermanos. Me llamaron mentiroso”.
Jaled, de 11 años, cuenta a Mediapart, con voz monótona, el asesinato de su padre, Ali Bani Odeh, de 37 años, de su madre, Waed, de 35 años, de sus hermanos, Mohamed, de 5 años, y Othman, de 6 años, en la noche del sábado 14 al domingo 15 de marzo, por una unidad de la policía de fronteras, dependiente del mando central del ejército israelí.
Es esa misma unidad la que, el 27 de noviembre de 2025, fue filmada en Jenín ejecutando a quemarropa a dos palestinos que se habían rendido con las manos en alto, y cuyo comandante fue ascendido al día siguiente por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir.
La familia Odeh regresaba toda contenta a Tamún, donde vive, en el norte de la Cisjordania ocupada, tras haber cumplido uno de los rituales favoritos de los niños: comprar ropa nueva en Nablus, la gran ciudad, para celebrar la próxima fiesta del Eid al-Fitr, que marca el final del Ramadán, el mes de ayuno en la religión musulmana.
También habían celebrado el regreso del padre tras varias semanas de ausencia: trabajaba en una obra de construcción en Israel. En la parte trasera, los niños dormían o dormitaban cuando, hacia la 1:30, el coche fue ametrallado con fusiles de asalto al llegar a la localidad de 15.000 habitantes. El centenar de casquillos encontrados en el lugar da testimonio de la lluvia de disparos.
“Surgieron de la oscuridad unos hombres, de las calles de los alrededores, y nos dispararon sin previo aviso”, dice Jaled. Todo sucedió “tan rápido” que asegura que “no tuvo tiempo de sentir miedo”. Sentado en el asiento trasero, en el medio, su hermano Mohamed fue el primero en desplomarse. Murió en el acto. Luego fueron Othman y los padres.
“Asesinato a sangre fría”
Cuando oyó a su padre recitar la shuhada, la oración que atestigua su fe en el islam, y sobre todo cuando este le gritó: “Sé un hombre, hijo mío, la responsabilidad de nuestra familia recaerá sobre ti”, Jaled comprendió que estaba a punto de suceder lo irreversible.
Ahora es huérfano, superviviente del tiroteo junto a su último hermano, Mustafa, de 8 años, en la casa de los abuelos, que está en puro trasiego. La gente acude en masa desde los alrededores para presentarles sus condolencias. El domingo, cientos de personas acompañaron el cortejo fúnebre por la ciudad. Jaled está en estado de shock, de estupor. Recuerda las palabras, los gestos, los rostros, el único grito de su madre, el silencio de sus hermanos pequeños.
“Repite como un robot lo que la gente le dice: que debe ser un hombre, fuerte, que no necesita ver a un psicólogo, que su familia es mártir, que irá al paraíso, que el destino de nuestro pueblo es resistir. Pero es un niño que ha visto cómo ejecutaban a su familia ante sus ojos y que ve cómo se derrumba su mundo”, confiesa Fares Furqha, quien le acompaña durante nuestra entrevista e investiga para una ONG palestina las circunstancias de esta nueva tragedia en Cisjordania.
Para las autoridades israelíes fue “un incidente”, y dicen que se está llevando a cabo una investigación. Según ellas, los soldados israelíes, que llegaron a Tamún a primera hora del día, buscaban a militantes palestinos acusados de actividades terroristas. Al parecer, abrieron fuego para protegerse del padre de Jaled, que habría acelerado en su dirección.
Si disparas para matar a un palestino, no tienes nada que temer. Puede incluso que te recompensen
“Una explicación absurda para encubrir el enésimo asesinato a sangre fría de personas inocentes”, denuncia Murad Jadallah, que fue investigador jurídico de la organización de derechos de los presos Addameer. “La familia Odeh no podía saber que había policías israelíes, pues estaban infiltrados, vestidos de civil, en vehículos con matrículas palestinas, según los testimonios”.
El lunes, más de treinta y seis horas después de los hechos, el departamento del Ministerio de Justicia encargado de investigar las faltas profesionales de la policía aún no había citado a los agentes implicados en este cuádruple asesinato, señalaba el diario Haaretz.
”El hecho de que los agentes infiltrados implicados en el incidente aún no hayan sido interrogados contrasta con la práctica habitual en casos similares”, escribe el diario israelí. “Por regla general, los agentes implicados en este tipo de incidentes son interrogados de inmediato para impedir que los sospechosos coordinen sus versiones o falsifiquen las pruebas en el lugar del crimen.”
Para Shawan Jabarin, director de Al-Haq, la ONG palestina de defensa de los derechos humanos más antigua, “no habrá justicia ni garantías procesales”. “La impunidad es total, tanto si eres militar como colono”, denuncia el activista. “Si disparas para matar a un palestino, no tienes nada que temer. Puede incluso que seas recompensado por tus superiores.”
Relata la proliferación de abusos y humillaciones perpetrados por los colonos y el ejército israelí en Cisjordania, la expansión de los asentamientos, las redadas en las casas palestinas, las detenciones arbitrarias de adultos y niños, los desplazamientos forzados de la población, la restricción de la libertad de movimiento, los robos de tierras y ganado, y la apropiación de los recursos hídricos.
“Cada vez que un acontecimiento llama la atención de los medios internacionales, los colonos y el ejército aprovechan para intensificar sus ataques”, señala Shawan Jabarin. “Lo vimos durante la pandemia del covid-19, después del 7 de octubre y ahora con la guerra contra Irán. Israel no solo quiere impedir la creación de un Estado palestino. Quiere empujarnos a marcharnos, a abandonar nuestras tierras. Vivimos lo que ya vivieron nuestros antepasados antes de 1948: la limpieza étnica de Palestina.”
“Vivimos aterrorizados. Ya no son pequeños grupos de colonos los que atacan un pueblo o a los palestinos”, coincide Murad Jadallah, “sino manadas enteras. Vienen cincuenta, cien, con armas pesadas, morteros de fragmentación y el apoyo y la protección del ejército.”
36.000 desplazamientos forzados en un año
Desde el inicio de los bombardeos israelo-americanos sobre Irán el 28 de febrero, en Cisjordania han sido asesinados al menos once palestinos a manos de militares o colonos israelíes. A principios de marzo, en el espacio de una semana fueron asesinados cinco palestinos por supremacistas israelíes. Se suman a los cientos de muertos, entre ellos más de doscientos niños, asesinados desde el 7 de octubre de 2023 en este territorio ocupado desde 1967, que no deja de ser fragmentado por la colonización.
El martes 17 de marzo, la Organización de las Naciones Unidas instó a Israel a detener inmediatamente la expansión de sus colonias, que ha provocado el desplazamiento forzoso de más de 36.000 palestinos en un año. El informe de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos señala “una expulsión masiva de palestinos de una magnitud sin precedentes”, “que coincide con el desplazamiento masivo de palestinos en Gaza”, y que “parece indicar una política israelí concertada de traslado forzoso masivo” en todos los territorios ocupados, “lo que suscita preocupaciones respecto a una limpieza étnica”.
La zona C en particular, codiciada por la extrema derecha israelí y bajo control total de Israel en materia de seguridad y administración, que representa más del 60 % de la superficie de Cisjordania y concentra las mayores riquezas, se ha vuelto “inhabitable”, explica Shawan Jabarin. “Los ataques de los colonos son masivos y diarios. Decenas de comunidades beduinas han sido obligadas por los colonos a abandonar sus montañas.”
El activista se muestra preocupado por las restricciones de circulación en Cisjordania, aún más drásticas desde la guerra contra Irán. En las carreteras que utilizan los habitantes, las ambulancias y el tráfico comercial, Israel ha instalado cientos de barreras y puestos de control, lo que agrava la pesadilla diaria de desplazarse y dificulta las intervenciones de emergencia. “Cada barrio se ha convertido últimamente en una auténtica prisión, ya que incluso las carreteras de circunvalación y los caminos secundarios están cerrados con candados”, afirma Shawan Jabarin.
En la noche del sábado 14 al domingo 15 de marzo, las ambulancias tardaron más de veinte minutos en recibir autorización para intervenir, según la Media Luna Roja Palestina. “Toda una eternidad” para Jaled y Mustafa, heridos, que esperaban ser trasladados al hospital. Las personas que recuperaron los cuerpos de sus padres y hermanos, acribillados a balazos, sobre todo en la cabeza y la cara, tardaron aún más en obtener el visto bueno de las autoridades israelíes. Estas, en cambio, retiraron el coche a toda prisa, escenario del crimen.
Al soldado que lo había sacado violentamente del vehículo, Jaled le hizo una pregunta: “¿Quieres a tu madre y a tu padre?”. El militar respondió: “Sí”. Jaled le preguntó entonces: “¿Por qué habéis matado a mi madre y a mi padre?”. La respuesta fue una lluvia de golpes.
Israel cierra la mezquita de Al-Aqsa
Desde el 28 de febrero, por primera vez y en pleno Ramadán, Israel mantiene cerrada la mezquita de Al-Aqsa, tercer lugar santo del islam, situada en Jerusalén Este, con el pretexto de la guerra contra Irán. Los fieles se ven obligados a rezar en las calles, fuera de los muros de la ciudad vieja de Jerusalén. Un cierre total, mientras que el acceso al Muro de las Lamentaciones, el lugar de oración más importante para los judíos, solo está restringido. Los fieles pueden rezar allí con un límite de cincuenta personas.
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“Los israelíes nunca habían ido tan lejos”, condena Shawan Jabarin, director general de la ONG palestina Al-Haq. “No lo hacen por razones de seguridad, sino por motivos políticos e ideológicos. Quieren afianzar su dominio sobre los lugares sagrados y sentar un precedente para que Al-Aqsa quede reservada exclusivamente a los judíos, como hicieron en 1994 con la mezquita de Ibrahim, en la Cisjordania ocupada, en Hebrón, bajo control total israelí.” En aquel momento, tras la masacre de veintinueve fieles musulmanes a manos de colonos ese mismo año, el 63 % del recinto se asignó a los fieles judíos y el 37 % a los musulmanes.
Traducción de Miguel López