El género biográfico plantea un problema al espectador exigente. Este tipo de producción, que garantiza la asistencia a las salas en función del grado de popularidad del personaje en cuestión y de la impaciencia del público, suele tropezar con dos escollos: la hagiografía o el hiperrealismo. La hagiografía, porque la trama narrativa suele consistir en describir a una celebridad bajo una luz positiva, sin asperezas. Y el hiperrealismo, cuando se trata de filmar acontecimientos icónicos y entonces el juicio sobre la obra se centrará en la calidad de la recreación.
Así ocurrió con Bohemian Rhapsody, que narra la vida de Freddie Mercury, líder del grupo Queen. Se ha elogiado la interpretación del actor Rami Malek y del director Bryan Singer, que supieron reproducir al milímetro, hasta los pelos del bigote y la gota de sudor, el concierto de Wembley. En cuanto a Freddie Mercury, sus excesos se suavizaron para ofrecer una imagen pulida, adaptada al público de Disney Plus.
Esa misma dinámica es la que se aplica en “Michael”, la película biográfica dedicada a Michael Jackson, estrenada el miércoles 22 de abril. Pero el objetivo aquí es más pernicioso, ya que en este caso, el ”Rey del pop” es acusado de ser un depredador sexual cuyas víctimas habrían sido algunos de sus fans más jóvenes. El objetivo es, por tanto, volver a levantar una estatua que lleva varios años en el suelo para reactivar la máquina de hacer dinero.
La película recorre los inicios de la carrera de Michael Jackson, un niño prodigioso procedente de una familia muy numerosa. Estamos a finales de los años 60 y la Motown está en pleno auge. Con la aparición de la música soul, la población negra encuentra un medio de expresión y, en ocasiones, una forma de salir de su entorno.
Joe Jackson, el padre, entrena a cinco de sus hijos y forma los Jackson Five, que alcanzarán rápidamente el éxito, impulsados por el carisma y el genio escénico y vocal de un niño de 8 años, Michael. La película cuenta cómo este hará todo lo posible por escapar del yugo de su padre y convertirse en una superestrella mundial.
Salir de la familia
Para ello, hacía falta un malo de película, un antagonista al estilo Disney: será el padre, Joe. Él es el origen de todos los conflictos, utilizando a sus hijos para su éxito personal como un Pigmalión perverso. Todos los demás personajes, incluso los productores, quedan retratados de forma positiva.
Y quizá ahí radique uno de los pocos aciertos de la película. Vemos cómo Michael Jackson es arrancado de la vida real, sin amigos de su edad, atrapado en un mundo de adultos. En la película, solo se le ve interactuar con personas de su familia o con los hombres vinculados a la producción musical (a excepción de su encuentro con miembros de las bandas de Los Ángeles). Se le ve hablar con niños en hospitales y nunca con mujeres. Existe una barrera entre él y el mundo real, representada por una multitud de fans.
Si hay violencia en esta película, es por parte de un padre monstruoso. Por el contrario, Michael Jackson se muestra como una víctima valiente cuando se opone a su progenitor y quiere salir de la familia para hacer una carrera en solitario lejos de los Jackson Five.
Pero el poder descabellado de esta maquinaria ha perdurado. Aunque a lo largo de toda la película vemos a Michael queriendo liberarse de su familia, esta, incluso tras su muerte, sigue controlando su historia. En particular, su hermano mayor Jermaine y su madre Katherine, que han tenido derecho de veto y validado cada imagen de la película. El productor, John Branca, era el abogado de Michael Jackson y su albacea testamentario. Aparece en la película, interpretado por Miles Teller, en el papel de un agente benevolente.
¿Y qué pensar de la posición del actor principal, Jaafar Jackson, hijo de Jermaine y sobrino de Michael, obligado a imitar a su tío, a llevar su ropa, a revivir momentos traumáticos? Todo está recreado hasta el último detalle. Y uno se imagina los esfuerzos y las limitaciones a las que ha debido someterse para lograr este resultado. Otra forma de decir que nunca se sale de la familia.
La sombra de Peter Pan
Lo más preocupante es que la película estrenada en cines no es la que deberíamos ver. Existe una versión rodada que recuerda, desde la primera escena, las acusaciones de agresiones sexuales que resquebrajaron la imagen de Michael Jackson en los años noventa. La revista Variety describe esas imágenes que nunca veremos. En ella aparece el rostro triste de la estrella mientras unos policías registran el rancho de Neverland, el parque de atracciones privado del cantante inspirado en Peter Pan.
Esta escena, que debía abrir la película, evocaba el registro que tuvo lugar en 1993 tras la denuncia del padre de Jordan Chandler, un joven que acusó al cantante de agresión sexual. Este primer caso, que se resolvió con el pago de cerca de 23 millones de dólares a su familia, fue el primero en empañar la imagen de la estrella del pop.
Pero si la escena desapareció del montaje final, no fue por deseo de los productores. Según Variety, la familia Jackson habría pasado por alto una sutileza jurídica al firmar dicho acuerdo, que prohibía cualquier mención del caso en una película. Hoy en día, Jordan Chandler ha desaparecido por completo y su padre, enfermo, acabó suicidándose.
El montaje se reanudó pues con urgencia y se volvieron a rodar algunas escenas, lo que ha permitido que la película termine con un concierto y un Michael Jackson triunfante.
La película parece, por tanto, mutilada. Sin embargo, aunque los productores estén preparando ya una segunda parte, como sugiere el final del primer largometraje al evocar las acusaciones de pederastia, la forma en que la familia Jackson siempre ha defendido a Michael contra cualquier acusación da que pensar que esto podría acabar en una vasta campaña para desacreditar a las víctimas.
Esas imágenes y esos relatos de violencia existen de verdad: aparecen en el documental Leaving Neverland estrenado en 2019 y producido por HBO. En esta película, Wade Robson y James Safechuck, que fueron niños bailarines fans de Michael Jackson, relatan los verdaderos métodos de grooming que permitieron al cantante ganarse la confianza de los niños y agredirlos sexualmente.
Cuentan cómo la estrella mundial lograba ganarse la confianza de las familias e invocar auténticas “historias de amor” para conseguir sus fines. Ese es el documental que hay que ver como contrapunto a “Michael”, al igual que el que se estrena en France 2, titulado Michael Jackson, l’envers d’une légende (Michael Jackson, la otra cara de una leyenda).
Michael Jackson y las acusaciones de abuso sexual
El primer terremoto se produjo en 1993, cuando un padre de familia, dentista en Los Ángeles, acusó a Michael Jackson de haber agredido sexualmente a su hijo en el rancho Neverland. El caso provocó un registro policial muy mediático, pero concluyó con un acuerdo civil de unos 23 millones de dólares, sin juicio penal.
Una segunda acusación desemboca esta vez en un juicio penal. A principios de la década de 2000, Gavin Arvizo, un niño enfermo de cáncer que había visitado Neverland en varias ocasiones, acusa a Michael Jackson de agresión sexual. El juicio, celebrado en 2005, terminó con la absolución del cantante.
Durante este juicio, Wade Robson testificó a favor de Michael Jackson. James Safechuck y él, que tenían mucho contacto con la estrella cuando eran niños, aparecerán más tarde en el documental Leaving Neverland, donde describen lo que presentan como un sistema de control que condujo a violaciones. Se describe al cantante como manipulador, adicto al alcohol y a la pornografía.
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En la actualidad, Wade Robson y James Safechuck han emprendido acciones civiles contra empresas vinculadas a Michael Jackson.
Traducción de Miguel López
El género biográfico plantea un problema al espectador exigente. Este tipo de producción, que garantiza la asistencia a las salas en función del grado de popularidad del personaje en cuestión y de la impaciencia del público, suele tropezar con dos escollos: la hagiografía o el hiperrealismo. La hagiografía, porque la trama narrativa suele consistir en describir a una celebridad bajo una luz positiva, sin asperezas. Y el hiperrealismo, cuando se trata de filmar acontecimientos icónicos y entonces el juicio sobre la obra se centrará en la calidad de la recreación.