La crisis de los socialdemócratas en Alemania empuja al SPD hacia el colapso

Romaric Godin (Mediapart)

El Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), el más antiguo del país, que en su día dominaba entre las clases populares, está al borde del colapso. Dos semanas después de su dura derrota en las elecciones regionales de Baden-Wurtemberg, los socialdemócratas sufrieron un nuevo revés el domingo 22 de marzo, en las elecciones regionales de Renania-Palatinado.

En este Estado federado del oeste de Alemania, fronterizo con Bélgica, Francia y Luxemburgo, el SPD era el principal partido desde 1991. Desde la creación del land, en 1949, nunca había obtenido un resultado inferior al 30% de los votos. Pero el domingo, el SPD solo obtuvo el 25,9% de los votos, lo que supone un retroceso de 9,8 puntos con respecto a las últimas elecciones regionales, celebradas en 2021.

En cinco años, los socialdemócratas han perdido 165.282 votos, lo que supone el 24% de su electorado. Con 525.680 votos obtenidos para su lista, el SPD registra su resultado más bajo en número de votos desde 1955. Pero en aquella época, el censo electoral del land contaba con 900.000 inscritos menos. Se trata, por tanto, de un desastre que se suma al de Baden-Wurtemberg, el 8 de marzo, donde el SPD también obtuvo el peor resultado de su historia con solo el 5,5% de los votos, apenas por encima del umbral necesario para entrar en el Landtag, el parlamento regional.

Elecciones regionales en Renania-Palatinado: el SPD pierde casi diez puntos con respecto a 2021 y es superado por la CDU, que gana 3,3 puntos. La AfD, por su parte, más que duplica su resultado.

Como las desgracias nunca llegan solas, el SPD también perdió el domingo el cargo de alcalde principal (Oberbürgermeister) de Múnich (Baviera). El alcalde saliente del SPD, Dieter Reiter, en el cargo desde 2014, perdió en la segunda vuelta frente a su rival ecologista Dominik Krause, que obtuvo el 56,4% de los votos. También en este caso se trata de un golpe histórico.

Aunque el SPD perdió la mayoría en el ayuntamiento ya en 2014, había conservado el cargo de alcalde principal. Entre 1948 y 2026, ese cargo solo se le escapó durante seis años, entre 1978 y 1984. Se trata, por tanto, también de una derrota simbólica en uno de los últimos bastiones urbanos de Baviera.

Las clases populares le dan la espalda

De estas elecciones se desprende que el SPD parece haber entrado en una fase de debilitamiento estructural imparable. Para entenderlo, hay que echar un vistazo a la evolución de su electorado. En el apogeo de su esplendor, a finales de la década de 1990, el SPD contaba con dos grandes bases electorales: la de los centros urbanos, basada en una clase media con estudios, y la de los grandes centros industriales, basada en la clase obrera representada por los grandes sindicatos.

Las elecciones de Renania-Palatinado y Baden-Wurtemberg muestran un debilitamiento masivo de esos dos electorados. En Renania-Palatinado, según los análisis postelectorales del instituto Infratest Dimap para la cadena pública de televisión ARD, el SPD ha perdido aproximadamente la mitad de sus votos de 2021 en beneficio de la CDU, el partido democristiano, y alrededor del 20% a favor del partido de extrema derecha AfD. El resto se ha ido mayoritariamente a la abstención.

En esta oleada, los primeros en abandonar el SPD son los obreros y los empleados. En 2021, el SPD aún lideraba el voto obrero con un 36% de los votos, un nivel cercano a la media del Estado federado. Esta vez, solo obtiene el 21% del voto obrero, mientras que la AfD pasa del 18% al 39%. Un salto conseguido principalmente entre los abstencionistas, principal fuente del aumento global de la AfD, que en el land pasa del 8,5% al 19,5% de los votos.

Entre el resto de los trabajadores, el fenómeno es similar. El SPD pierde 13 puntos en esta categoría, hasta el 22%, en beneficio de la CDU, que obtiene el 26% de sus votos (+3 puntos), y de la AfD, que avanza 14 puntos y empata con el SPD en el 21%. Por último, el SPD también pierde muchos votos entre los jubilados, cediendo 10 puntos hasta el 35%, en beneficio de la CDU (+4 puntos hasta el 39%) y de la AfD (+9 puntos hasta el 14%).

Esta desafección de la clase trabajadora al SPD se observa en las zonas obreras de Renania-Palatinado. En Kaiserslautern, bastión socialdemócrata que se apoya en una antigua fábrica de Opel ahora cerrada y que tiene dificultades para reconvertirse, el SPD pierde 7 puntos y la AfD gana 15. El candidato socialdemócrata directo de la circunscripción de Kaiserslautern-1 solo aventaja a su rival de la AfD en 1,7 puntos (27,7% frente a 26%).

La encuesta de Infratest Dimap destaca dos ideas compartidas mayoritariamente por los votantes de Renania-Palatinado: El 71% (frente al 62% en 2021) considera que el SPD “ya no está del lado de los trabajadores”, y el 36% (frente al 60% en 2011) que “se preocupa por la justicia social”.

Al mismo tiempo, el SPD no logra reforzar sus posiciones en los centros urbanos acomodados, donde sufre la competencia de los Verdes y, cada vez más, de Die Linke. En la capital renana, Maguncia, el SPD gana las dos circunscripciones directas, pero pierde puntos. Por el contrario, Die Linke gana 7,9 puntos en la circunscripción de Maguncia-1, donde el SPD pierde un punto, y 3,1 puntos en la circunscripción de Maguncia-2, donde el SPD pierde dos puntos. Cabe recordar también la derrota de Múnich como ejemplo de este debilitamiento urbano.

Una estrategia perdedora

El SPD se enfrenta, por tanto, a un colapso de su base electoral: los trabajadores optan cada vez más masivamente por la AfD, y las clases medias urbanas por los Verdes o Die Linke. El declive parece inevitable y el resultado del 16,4% obtenido en las elecciones federales de febrero de 2025, el peor registrado desde 1887, puede que no sea el último peldaño de la caída del partido.

El SPD se ha visto atrapado en la trampa de su obsesión por el poder. Se pueden distinguir varias etapas en este descenso a los infiernos. En primer lugar, hasta 2005, pierde una parte de su electorado popular hostil a las reformas neoliberales del canciller Gerhard Schröder. Pasa del 40% de los votos en 1998 al 34% en 2005. Pero, en ese momento, la política de defensa de la competitividad industrial del país le permitió conservar sus bastiones obreros, aún prósperos.

En segundo lugar, las tres grandes coaliciones con Angela Merkel (2005-2009 y luego 2013-2021) debilitan el interés en votar al SPD. El partido tiene dificultades para imponer sus decisiones y su defensa de la clase trabajadora. El precio de la preservación de los polígonos industriales es una creciente precariedad de los empleados del sector terciario, cuyos salarios ya no aumentan o apenas lo hacen. Se presenta como un aliado fiel de la CDU y no logra erigirse como alternativa a los gobiernos en los que participa.

El SPD comienza a perder terreno en los centros urbanos y fuera de los grandes núcleos industriales. En 2009 se produce un nuevo retroceso y sus resultados se estabilizan entre el 20% y el 25% de los votos, un mínimo histórico. El partido pierde algunos de sus bastiones, como el land de Renania del Norte-Westfalia, y se debilita en los länder del Este.

La coalición “semáforo”, formada en 2021 con los Verdes y los liberales del FDP, es un nuevo fracaso. El canciller socialdemócrata Olaf Scholz es incapaz de hacer frente a la crisis inflacionista y a la crisis industrial estructural que azota al país. Los trabajadores abandonan progresivamente el partido, que no parece capaz de defender los intereses de la industria alemana. El SPD desciende un escalón más al situarse por debajo del 20%.

En 2025, se ve obligado a aliarse con la CDU como socio menor y, una vez más, su identidad se debilita. El partido aparece como un chiringuito electoral que permite a sus dirigentes seguir ocupando cargos en el Gobierno, sin preocuparse realmente por los problemas de la población.

Nos encontramos en una situación extremadamente difícil

Los socialdemócratas no logran convencer de su capacidad para modificar las políticas de derechas del canciller Friedrich Merz, cuyas líneas generales adoptan en gran medida, desde el rearme hasta la “modernización” fiscal que prevé recortes en sanidad y bajadas de impuestos para los más ricos. Al igual que la CDU, tampoco disponen de una propuesta creíble para restablecer la posición de una industria alemana que ahora compite directamente con China.

El descenso electoral al infierno sigue ahí y esta situación lo encierra en una lógica letal. El SPD, debilitado, a veces no tiene más remedio que ser el socio de coalición secundario de la CDU, lo que le conduce a una impotencia que le hace perder aún más apoyo entre el electorado.

El SPD se presenta como un partido envejecido, que ya no tiene mucho que ofrecer. El lunes 23 de marzo, sus dirigentes regionales y nacionales no ocultaban su preocupación. “Nos encontramos en una situación extremadamente difícil”, señaló el jefe del grupo parlamentario del SPD en el Bundestag, Matthias Miersch.

En Berlín se organizó una reunión de emergencia del presidium del partido para abordar “la evolución de la política federal” y nuevas conversaciones con la CDU. Pero se trata ante todo de dar una imagen de normalidad, ya que el líder federal del partido, Lars Klingbeil, apenas tiene margen de maniobra.

En caso de ruptura con la CDU, se convocarían nuevas elecciones federales que podrían suponer un desastre para el SPD y para Alemania, ya que la AfD saldría aún más reforzada y las posibilidades de coaliciones alternativas seguirán siendo inexistentes. El SPD no tiene pues más remedio que permanecer en el Gobierno, y Friedrich Merz lo sabe. Por lo tanto, no tiene ningún motivo para andarse con miramientos con su socio, que, cada vez más, parece ahogarse en su propia estrategia.

Durante mucho tiempo, el SPD se presentó en Francia como un ejemplo de reformismo exitoso, que contrastaba con una izquierda socialista francesa aún demasiado “dogmática”. Además de que la comparación era discutible, olvidaba que la lógica reformista del SPD, dominante desde hace casi un siglo, se convirtió en una trampa cuando el sistema ya no se dejó reformar.

Cuando, para salvar el capitalismo alemán, hubo que abandonar a los desempleados, luego a los trabajadores precarios, después a los jubilados y, por último, a los obreros, el SPD siempre respondió apoyándose en los fundamentos de la doctrina reformista: la buena salud del capital garantiza la mejora de la condición de las clases populares.

Pero dado que esta doctrina se está hundiendo y que el SPD no tiene otra, su coherencia se desmorona y, con ella, su utilidad política. Triste decadencia para este partido que fue el primero en situar la defensa de los obreros en el centro de la política alemana.

El FDP en vías de desaparición

El liberal FDP, partido clave de la República Federal, capaz de hacer y deshacer coaliciones, como cuando abandonó a Helmut Schmidt por Helmut Kohl en 1982, está ahora en vías de desaparición.

Excluido del Bundestag en febrero de 2025, este partido ha sufrido desde entonces duras derrotas electorales que lo empujan, cada vez más, hacia la insignificancia. Ha sido excluido de los parlamentos regionales en Hamburgo, en Baden-Wurtemberg y en Renania-Palatinado. El mismo destino parece esperarle en septiembre en Sajonia-Anhalt y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.

Este partido, defensor de las clases medias altas y de las profesiones liberales, se centró en la década de 2010 únicamente en la cuestión de las rebajas fiscales. Pero su incapacidad para mantener una línea coherente durante la coalición “semáforo” lo ha desacreditado por completo.

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Su electorado se inclina ahora hacia la abstención, la CDU y la AfD. En Renania-Palatinado, perdió 60.000 votos, de los cuales 30.000 habrían ido a parar a la CDU, 10.000 a la AfD y casi 20.000 a la abstención. Lo que amenaza ahora al FDP es, sin duda, su desaparición.

 

Traducción de Miguel López

El Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), el más antiguo del país, que en su día dominaba entre las clases populares, está al borde del colapso. Dos semanas después de su dura derrota en las elecciones regionales de Baden-Wurtemberg, los socialdemócratas sufrieron un nuevo revés el domingo 22 de marzo, en las elecciones regionales de Renania-Palatinado.

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