Europa se plantea tomar el relevo de Estados Unidos en las negociaciones entre Ucrania y Rusia

Justine Brabant (Mediapart)

No es que sea un fracaso, pero no ha funcionado. A su regreso a la Casa Blanca, a principios de 2025, Donald Trump prometió poner fin en tiempo récord a la guerra de Rusia contra Ucrania. Tras más de un año de agitación diplomática, las negociaciones impulsadas por su equipo están en punto muerto. "Hemos percibido que no ha habido muchos avances en los últimos meses", admitió el 22 de mayo su secretario de Estado, Marco Rubio, antes de concluir: "Lamentablemente, no han sido fructíferas".

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De hecho, los últimos encuentros entre emisarios de Moscú, Kiev y Washington se remontan a febrero, en Ginebra (Suiza), y no han dado lugar a nada concreto. La Administración Trump deja entrever ahora que otro Estado, o grupo de Estados, podría hacerse cargo de esas conversaciones. "Si alguien más quiere encargarse, que lo haga", dijo también Marco Rubio el 22 de mayo, aunque menos de un minuto después aseguró que su país estaría "encantado" de continuar.

En este contexto, Europa empieza a preguntarse si debe asumir un papel más activo en las negociaciones, o incluso impulsar unas nuevas. Las reflexiones están todavía en una fase incipiente, pero el asunto figuraba en el orden del día de un consejo informal de ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE), que se ha celebrado en Chipre el miércoles 27 y el jueves 28 de mayo.

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La presidencia ucraniana lleva dos meses presionando en este sentido. En una reunión a puerta cerrada con los ministros de Asuntos Exteriores de la UE, a finales de marzo, "Volodímir Zelenski formuló por primera vez una serie de preguntas retóricas sobre el futuro del proceso estadounidense, sobre si hacía falta una alternativa para sustituirlo y, en caso afirmativo, cuál", relata una fuente diplomática europea.

La petición se ha hecho pública y se ha vuelto más firme en las últimas semanas. "Es importante que Europa tenga una voz fuerte y una presencia significativa" en estas negociaciones, insistió el presidente ucraniano tras una conversación telefónica con el presidente del Consejo Europeo, António Costa, el 17 de mayo. "También conviene determinar quién la representará", añadió Zelenski.

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“Una oficina subalterna encargada de los clips”

Sobre esta cuestión se enfrentan dos visiones. Una parte de los Estados europeos considera que la voz del continente debe recaer prioritariamente en los países del llamado grupo E3 —Francia, Alemania y Reino Unido—, por su peso político y por su implicación, desde hace cuatro años, en varias iniciativas relativas a Ucrania, entre ellas la "coalición de voluntarios" impulsada por París y Londres.

Otra parte defiende una solución más representativa de la diversidad de la Unión, que pasaría, por ejemplo, por nombrar a personalidades vinculadas a las instituciones europeas. Pero esa opción tendría el inconveniente de dejar fuera al Reino Unido, que ya no forma parte de la UE. Además, "los representantes rusos nunca querrán hablar con delegados de las instituciones, a las que consideran una oficina subalterna encargada de los clips", opina la misma fuente diplomática.

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Otra parte aboga por una solución más representativa de la diversidad de la Unión, que pasaría, por ejemplo, por el nombramiento de personalidades vinculadas a las instituciones europeas. Pero tendría el inconveniente de dejar de lado al Reino Unido, que ya no forma parte de la UE. Por otra parte, “los representantes rusos nunca querrán hablar con representantes de las instituciones, a las que consideran una suboficina encargada de los clips”, opina la misma fuente diplomática.

Una tercera opción consistiría en nombrar a un antiguo jefe de Estado o de Gobierno europeo, que genere consenso entre los Estados miembros y tenga el peso político suficiente para ser considerado un interlocutor creíble por Moscú. En los últimos días han aparecido en la prensa los nombres de la excanciller alemana Angela Merkel y del expresidente del Consejo de Ministros italiano Mario Draghi, sin que se sepa si realmente han sido contactados ni por quién.

Europa empieza a preguntarse si debe asumir un papel más activo en las negociaciones, o incluso impulsar unas nuevas

El presidente ruso, Vladímir Putin, que nunca desaprovecha una ocasión para sembrar algo de discordia entre los países europeos, también ha hecho su propuesta: Gerhard Schröder, de 82 años, con vínculos muy estrechos con la Federación de Rusia. El excanciller alemán no oculta su "amistad" con Putin y fue durante cinco años presidente del consejo de administración del gigante petrolero ruso Rosneft.

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Este pequeño juego de sugerencias, adivinanzas y globos sonda en torno al nombramiento de un "enviado" o una "enviada" parece todavía prematuro. En primer lugar, porque Estados Unidos no tiene, en realidad, tan claro que quiera ceder el testigo. El presidente Trump ha amenazado en varias ocasiones con retirarse del proceso, pero nunca ha esbozado un gesto concreto en ese sentido.

Pese a los signos de cansancio dentro de su Administración, "la negociación bajo el paraguas de Estados Unidos sigue ahí, y no hay espacio político para dos iniciativas distintas", estima la fuente diplomática europea, aunque considera "útil" que los dirigentes europeos empiecen ya a hacerse estas preguntas: "Tarde o temprano tendremos que implicarnos. El día en que Donald Trump decrete que todo esto es absurdo y que se retira, será demasiado tarde para empezar a reflexionar".

Falta de presión sobre Rusia

Más allá de Estados Unidos, la gran incógnita sigue siendo cuáles son las intenciones del Kremlin. Nada indica que Rusia quiera negociar más que hace seis meses o un año. "Puedes nombrar a quien quieras, movilizar a todos los que quieras en torno a los esfuerzos de paz, pero, si antes no has 'preparado' a Rusia presionándola, no conseguirás nada", objeta una fuente diplomática ucraniana.

Más allá de Estados Unidos, el mayor interrogante sigue siendo la cuestión de las intenciones del Kremlin. Nada indica que Rusia desee negociar más que hace seis meses o un año. “Puedes nombrar a quien quieras, movilizar a todos los que quieras en torno a los esfuerzos de paz, pero si no has ‘preparado’ a Rusia metiéndole presión, no conseguirás nada”, objeta una fuente diplomática ucraniana.

Esa es la principal razón por la que han fracasado todas las conversaciones mantenidas hasta ahora bajo la batuta de Estados Unidos. Conviene recordar que los "esfuerzos de paz" de la Administración Trump han consistido sobre todo en descalificar las reivindicaciones ucranianas antes incluso de que Kiev pudiera formularlas, en agitar la amenaza de sanciones contra el petróleo ruso sin llegar a adoptarlas —las únicas finalmente aprobadas, en octubre de 2025, fueron levantadas en marzo— y, después, en proponer un "plan de paz" de 28 puntos claramente inspirado por la Administración rusa.

Pese a las reflexiones concretas sobre las modalidades de un posible alto el fuego, incluida la creación de una zona desmilitarizada, el principal obstáculo sigue siendo el mismo: Rusia no parece tener intención de detener su guerra, en gran medida porque Estados Unidos no ha utilizado ningún medio serio de presión para obligarlo a hacerlo.

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Por su parte, los ucranianos, aunque agotados, no tienen intención de aceptar la ocupación rusa del 20% de su territorio; y desde luego no sin una garantía sólida de que Rusia no lanzará una nueva ofensiva dentro de unos años para apoderarse de todo el país.

El ataque lanzado por el ejército ruso contra Ucrania el 24 de mayo, con unos 600 drones y 90 misiles —que destruyó un centro comercial, una escuela, un museo dedicado a la catástrofe de Chernóbil y las oficinas de varios medios de comunicación en la capital, Kiev—, sumado al que diez días antes había matado a 24 personas y herido a otras 50, también en Kiev, no ha contribuido precisamente a hacerles cambiar de opinión.

Traducción de Miguel López

No es que sea un fracaso, pero no ha funcionado. A su regreso a la Casa Blanca, a principios de 2025, Donald Trump prometió poner fin en tiempo récord a la guerra de Rusia contra Ucrania. Tras más de un año de agitación diplomática, las negociaciones impulsadas por su equipo están en punto muerto. "Hemos percibido que no ha habido muchos avances en los últimos meses", admitió el 22 de mayo su secretario de Estado, Marco Rubio, antes de concluir: "Lamentablemente, no han sido fructíferas".

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