Zahra Chami ha estado rebuscando durante horas entre los escombros del edificio donde vivían su primo, Mohamad Krisht, y su esposa, Khatoun, en el lujoso barrio de Tallet el-Khayat, en el centro de Beirut, con la esperanza de encontrar algún recuerdo de la pareja. “Esperamos al menos recuperar algunas cosas para la familia, algo que podamos guardar, un recuerdo suyo”, explica entre lágrimas, con la voz quebrada por el dolor. Pero fue en vano: los cuatro misiles lanzados por el ejército israelí el 8 de abril a primera hora de la tarde redujeron el edificio a escombros.
De ese “miércoles negro”, como ya lo llaman muchos libaneses, solo queda el brutal recuerdo de uno de los días más sangrientos en el Líbano desde la guerra civil (entre 1975 y 1990). En menos de diez minutos, el ejército israelí bombardeó más de cien veces ese pequeño territorio, en pleno día, afirmando, sin aportar pruebas, que su objetivo eran los centros de mando de Hezbolá.
Esos ataques simultáneos han causado la muerte de más de 300 personas, según el último recuento del Ministerio de Sanidad libanés, entre ellas 110 mujeres, niños y personas con discapacidad. A última hora del jueves 9 de abril, seguían desaparecidas varias decenas de personas. Este sombrío balance eleva a 1.880 el número de personas asesinadas en el Líbano por el ejército israelí desde el 2 de marzo y la reanudación del conflicto.
Mohamad, que trabajaba en el sector inmobiliario, y su esposa Khatoun, poetisa, residían en uno de los ocho edificios residenciales atacados el miércoles en el centro de Beirut. “Amaban la vida, profundamente. Amaban a su familia, a sus nietos. Eran gente sencilla. No tenían ninguna afiliación política. Simplemente amaban a su país y querían vivir en él en paz”, cuenta Zahra Chami. “Y eso se lo arrebató Israel”, añade, con los ojos brillantes de emoción. Esta libanesa pasó toda la noche del miércoles al jueves frente a las ruinas del edificio, entre el estruendo de las excavadoras que peinaban los escombros con la esperanza de encontrar supervivientes.
Al igual que en la mayoría de los lugares atacados en Beirut, la defensa civil solo encontró cadáveres y fragmentos de cuerpos, sepultados bajo montañas de escombros. La violencia de los ataques no dejó casi ninguna posibilidad a las familias que residían en los edificios atacados, situados en barrios residenciales a menudo mixtos, donde Hezbolá no suele tener influencia.
Una segunda denuncia ante la ONU
Poco después de los ataques, el ejército israelí aseguró haber tomado las “medidas” necesarias para reducir su impacto sobre la población civil. Los hospitales, por su parte, afirman haberse visto desbordados por una oleada de heridos sin precedentes, entre los que se encontraban numerosas familias.
En el hospital Rizk de Beirut, alrededor del 40 % de las víctimas eran mujeres y niños, según el médico jefe Karl Jalad. La magnitud de los ataques y su sincronización, combinadas con la ausencia de cualquier aviso previo, agravaron considerablemente el balance humano, explica. Entre las víctimas que atendió, un adolescente amputado y su hermano destripado por un proyectil. Su madre había fallecido y el tercer hermano seguía desaparecido. “Y este es solo un ejemplo entre muchos otros”, añade.
El diputado independiente Ibrahim Mneimneh denunció ante Mediapart “un crimen de guerra” dirigido contra civiles “sin distinción”, y pidió al Gobierno que recurra al Tribunal Penal Internacional. “Es inaceptable violar así el derecho internacional”, afirma.
El jueves, el Gobierno libanés anunció que presentaría una denuncia “urgente” ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en respuesta a la “peligrosa escalada israelí” del día anterior, la segunda presentada en menos de un mes. Desde 2023, y a pesar de que las ONG han documentado ampliamente los crímenes de guerra perpetrados en el Líbano, Israel nunca se ha visto obligado a rendir cuentas ante la comunidad internacional.
En respuesta a los ataques israelíes, Hezbolá reanudó los ataques contra el norte del Estado hebreo, lanzando 30 cohetes desde el Líbano durante la noche y el día del jueves 9 de abril. Aunque se había alcanzado un alto el fuego entre Irán y Estados Unidos en la noche del 7 al 8 de abril, y en vísperas de las conversaciones previstas entre ambos países en Islamabad (Pakistán), persiste la preocupación sobre el cumplimiento del acuerdo tras las masacres perpetradas por el ejército israelí en el Líbano, escenario de operaciones que Tel Aviv considera fuera del ámbito de aplicación del acuerdo de alto el fuego.
Negociación de las negociaciones
Por su parte, el presidente libanés, Joseph Aoun, pretende recuperar el control de la diplomacia de su país e intenta desde el miércoles reactivar las conversaciones iniciadas con Israel tras el alto el fuego de noviembre de 2024, estancadas desde principios de este año.
Tras una llamada entre Washington y Tel Aviv el jueves 9 de abril, la AFP informaba de que se esperaba una delegación libanesa, encabezada por el primer ministro Nawaf Salam, en Estados Unidos el 14 de abril. Una reunión que debería celebrarse en presencia del embajador israelí en Washington, Yechiel Leiter, y que el Líbano condiciona a una tregua de dos semanas, según informa el diario libanés L’Orient-Le Jour.
Por su parte, Israel no cambia de postura e insiste en la necesidad de un desarme total de la milicia chií y ya ha anunciado que, tal y como están las cosas, no tiene intención de retirar sus tropas del sur del Líbano, donde han avanzado. El jueves 9 de abril, el Consejo de Ministros libanés anunció que había ordenado el despliegue del ejército en la capital para “asegurar el monopolio de las armas”, decisión a la que se oponen los dos ministros afiliados a Hezbolá, cuya salida es condición de Israel para reanudar las conversaciones.
Una exigencia que la comunidad internacional, incluida Francia, no deja de repetir una y otra vez. “Irán debe dejar de aterrorizar a Israel a través de Hezbolá, que debe ser desarmado imperativamente y entregar sus armas al Estado libanés”, exigía el jefe de la diplomacia francesa, Jean-Noël Barrot, al día siguiente de los mortíferos ataques.
A principios de marzo, poco después de la reanudación de un conflicto abierto entre el brazo armado de Hezbolá y el ejército israelí, el comandante en jefe del ejército libanés, Rodolphe Haykal, denunció una condición imposible de cumplir en caso de conflicto abierto. El 8 de abril, cuatro soldados libaneses murieron a causa de los ataques israelíes.
En el Líbano, el anuncio de estas nuevas negociaciones ha suscitado pocas esperanzas entre la población civil, en primera línea frente a los ataques indiscriminados de Israel. “Hemos visto los anuncios de negociaciones diplomáticas, pero nada cambia. Los israelíes repiten que apuntan hacia militantes de Hezbolá, pero eso no es lo que vemos. Todos esos edificios son viviendas de civiles”, insiste Zahra Chami. A su lado, su hermana, que fuma un cigarrillo sentada en el capó de un coche, maldice sin tapujos al Estado libanés y su incapacidad para proteger a la población de la violencia de las bombas israelíes.
Ver másIsrael acepta el alto el fuego entre EEUU e Irán, pero continuará atacando el Líbano
El jueves por la noche, tras un día de luto nacional en homenaje a las víctimas del 8 de abril, el ejército israelí anunciaba su intención de continuar sus ataques contra “los terroristas” de Hezbolá y ordenaba la evacuación de Jnah, un barrio residencial muy poblado de Beirut. Una vez más, el pánico se apoderó de la capital, y hubo que evacuar un estadio en el que se habían refugiado varios miles de personas. De inmediato, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió al ejército israelí que anulara su orden de evacuación, ya que el barrio alberga dos grandes hospitales, saturados con cientos de personas heridas por los ataques del día anterior.
Traducción de Miguel López
Zahra Chami ha estado rebuscando durante horas entre los escombros del edificio donde vivían su primo, Mohamad Krisht, y su esposa, Khatoun, en el lujoso barrio de Tallet el-Khayat, en el centro de Beirut, con la esperanza de encontrar algún recuerdo de la pareja. “Esperamos al menos recuperar algunas cosas para la familia, algo que podamos guardar, un recuerdo suyo”, explica entre lágrimas, con la voz quebrada por el dolor. Pero fue en vano: los cuatro misiles lanzados por el ejército israelí el 8 de abril a primera hora de la tarde redujeron el edificio a escombros.