La limpieza étnica en Nagorno-Karabaj condena al éxodo a miles de armenios

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Joseph Confravreux (Mediapart)

Ocurrió hace un siglo, pero sigue vivo en la memoria del pueblo armenio ya viva en Nagorno-Karabaj, en Armenia o en la diáspora y en la de los historiadores. Las imágenes de miles de familias armenias huyendo por las carreteras de Nagorno-Karabaj del avance de las tropas del autócrata azerí Ilham Aliyev no pueden sino evocar el genocidio de los armenios cometido por el Imperio Otomano. El genocidio término negado tanto por Azerbaiyán como por Turquía acabó con la vida de entre 1,2 y 1,5 millones de personas en 1915 y desplazó a cientos de miles más.  

La ofensiva militar azerí, aunque sorpresiva, lanzada el 20 de septiembre, no habrá extrañado a nadie. El año pasado, ese mismo ejército atacó la frontera armenia en esta misma época del año, causando 200 muertos. Por no hablar de los miles de muertos en la "guerra de los 44 días" de 2020, que permitió a Azerbaiyán recuperar el control de una gran parte de Nagorno-Karabaj, región montañosa habitada, entre pueblos y aldeas, por más de 100.000 armenios. Un enclave secesionista no reconocido por la comunidad internacional.  

Ante estas imágenes, destinadas a reavivar los traumas de la región, Francia y Estados Unidos alzaron la voz en la arena diplomática, entre otras cosas por el tamaño de la diáspora armenia en estos dos países. Pero tuvo que pasar una semana para que los veintisiete países de la Unión Europea se pusieran de acuerdo en una declaración conjunta

Esta declaración sigue siendo comedida y no condena directamente a Bakú, contentándose con pedir "un acceso humanitario sin trabas a la población civil necesitada" y entablar "un diálogo global y transparente con los armenios del Karabaj para garantizar sus derechos y su seguridad, incluido su derecho a vivir con dignidad en sus hogares". 

Es fácil echar la culpa del bloqueo a Hungría, estrecho aliado de Ilham Aliyev, para explicar el retraso y la moderación de los europeos a la hora de condenar lo que está ocurriendo a unos miles de kilómetros de las capitales europeas, en una región sometida a grandes tensiones. 

Pero eso sería olvidar que hace poco más de un año, en julio de 2022, la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el Comisario de Energía, Kadri Simson, estuvieron en Bakú para reunirse con el Presidente Ilham Aliyev y su ministro de Energía, Parviz Chahbazov, para reforzar la cooperación existente entre la UE y Azerbaiyán y firmar un nuevo memorándum que amplíe el acceso europeo al gas de Azerbaiyán como parte de un esfuerzo por liberar al país de su dependencia de las fuentes energéticas rusas. 

Las convulsiones geopolíticas vinculadas a la guerra de Ucrania están teniendo un impacto sin precedentes en la situación de Nagorno-Karabaj, lo que explica también el reciente posicionamiento de la diplomacia rusa. Moscú, partidario histórico de Armenia, se ha distanciado en los últimos días, criticando al primer ministro armenio, Nikol Pachinian, por desentenderse de su responsabilidad "por los fracasos de la política interior y exterior armenia". 

Rusia es teóricamente garante en particular mediante la presencia de un contingente de soldados en Nagorno-Karabaj y en las fronteras entre Azerbaiyán y Armenia del alto el fuego firmado en 2020 bajo los auspicios directos de Vladimir Putin. 

Un alto el fuego pisoteado por el régimen de Aliyev desde el 20 de septiembre, a pesar de unas declaraciones tranquilizadoras que resultan difíciles de creer cuando se observa la realidad militar de los últimos cuatro años. Y más cuando estas declaraciones se hacen al lado de un Erdogan cuyo proyecto político no es sólo rehabilitar la herencia otomana en todas sus dimensiones, incluidas las que condujeron a la masacre y el exilio de cientos de miles de armenios, sino también alcanzar los viejos objetivos del panturquismo.  

Entrevista con la historiadora Taline Ter Minassian, co-directora del Observatorio de los Estados pos-soviéticos del INALCO (Instituto nacional de lenguas y civilización orientales) y especialista en el genocidio armenio, autora de Sur l'échiquier du Grand Jeu, XIXe-XXIe siècles, Agents secrets et aventuriers (En el gran tablero de ajedrez, siglos XIX al XXI, Agentes secretos y aventureros, edic. Nouveau Monde) publicado el 6 de septiembre.

 Mediapart: ¿El éxodo de familias armenias que huyen de Nagorno-Karabaj, bajo dominación azerí, le hace temer que se repita lo ocurrido hace un siglo durante el genocidio de armenios en el Imperio Otomano? 

Taline Ter Minassian: No es una cuestión de miedo. Lo que está ocurriendo ahora es una repetición del escenario del genocidio de principios del siglo XX, porque el objetivo del genocidio es erradicar a una población de un territorio determinado. Después de Najicheván, una región que en su día fue predominantemente armenia y que los soviéticos concedieron a Azerbaiyán, los armenios se enfrentan ahora a la pérdida de Nagorno-Karabaj.

¿Es posible utilizar ya el término "limpieza étnica"? 

Las terribles imágenes que estamos viendo de coches bloqueados y a merced de Azerbaiyán así lo sugieren, si bien es cierto que no sabemos si todos se están marchando, la proporción de los que ya se han marchado, los que están en camino o los que han decidido quedarse aunque su destino sea incierto. Pero me temo que toda la región está siendo vaciada de su población armenia y que, por tanto, es legítimo hablar de limpieza étnica.   

¿Podría haberse llevado a cabo el ataque contra Azerbaiyán sin el acuerdo de Turquía?  

Es evidente que no. Aliyev está siendo calentado por Erdogan, al igual que durante la guerra de 2020. Para los turcos, en este momento, la configuración es perfecta, en el contexto de la relación que mantienen con los rusos en la región, hecha de conflictos episódicos pero también de intereses mutuos bien entendidos. 

Justo antes del ataque a Azerbaiyán, Erdogan había declarado que Crimea nunca volvería a ser ucraniana, como dando a Rusia unas cuantas garantías antes de permitir que su aliado azerí atacara Nagorno-Karabaj. 

Por lo que sabemos, Rusia fue informada de este ataque sólo unos minutos antes de que se produjera, y murieron soldados rusos de la fuerza de mantenimiento de la paz allí desplegada, entre ellos un militar de alto rango.

Una vez que Azerbaiyán haya recuperado el control total de Nagorno-Karabaj, ¿es probable que se pare ahí, o pretende expandirse hacia el sur de Armenia para unirse con su enclave, la república autónoma de Najicheván, a su vez asociada a Turquía? 

Tanto turcos como azeríes llevan mucho tiempo esgrimiendo la idea de que son una nación en dos países, y ambos quieren estar vinculados entre sí pasando por territorio armenio. Son significativas las imágenes de un Aliyev todo sonriente recibiendo a Erdogan en el aeropuerto de Nakhchivan. 

Esta unión entre los territorios de Turquía y Azerbaiyán a espaldas de Armenia es deseada desde hace cien años. Si no se produjo entonces fue porque el Imperio Otomano salió derrotado de la Primera Guerra Mundial. 

Como observadora preocupada por Armenia, sólo puedo esperar que potencias regionales como Irán y Rusia impidan esa unión. Pero estamos ante una región en guerra, parte del "arco de confrontación" que se extiende desde Ucrania a Siria y Afganistán. El Cáucaso se encuentra en el centro de esta confrontación, que en la actualidad pesa sobre las poblaciones armenias de Nagorno-Karabaj.

 ¿Cómo es posible que Azerbaiyán, derrotada militar y políticamente por Armenia a principios de los noventa, se haya convertido en un país tan hegemónico dos décadas después? 

En primer lugar, porque ha experimentado un fantástico crecimiento económico desde principios de los noventa gracias a los hidrocarburos. También hay que reconocer que ha tenido algo que ver la continuidad dinástica entre Aliyev y su padre . El padre del actual líder de Azerbaiyán, al que sucedió en 2003, había sido del KGB. Tanto él como su hijo mantenían muy buenas relaciones con los hombres fuertes, oficiales y oficiosos, del poderoso vecino ruso tras la desaparición de la URSS y hasta la actualidad. 

La naturaleza autocrática del régimen también puede haber jugado a favor de Azerbaiyán. Mientras Armenia estaba sumida en incesantes enfrentamientos políticos y permanecía económicamente bajo tutela rusa, sobre todo por falta de petróleo, la riqueza petrolífera y gasística de Azerbaiyán le permitía comprar armas modernas a Turquía e Israel. Por no hablar de la propensión de Azerbaiyán a corromper todo lo corrompible a nivel europeo, como demuestra el llamado asunto "caviargate". 

Pero hay que decir que si bien la situación actual es consecuencia del creciente poder financiero, militar y político de Azerbaiyán, también es el resultado de treinta años de mala gestión por parte de los sucesivos gobiernos de Armenia, que no han sabido crear ni mantener un Estado verdaderamente independiente.

Los manifestantes salen cada día a las calles de Ereván para criticar a Nikol Pachinian, el Primer Ministro armenio, por no apoyar más al pueblo de Nagorno-Karabaj. Pero, ¿tiene poder para hacerlo?  

Hay que entender por qué gran parte de la opinión pública considera a Pachinian un traidor. Llegó al poder en 2018 a lomos de una "revolución de terciopelo" llena de promesas de paz y del fin de la corrupción, pero llevó al país a una humillante derrota en 2020. 

Murieron más de 5.000 jóvenes , la mitad de su cohorte de edad, por absolutamente nada, ya que Azerbaiyán consiguió todo lo que quería, y ahora los rusos revelan que se ofrecieron a mediar tres veces antes de que Pachinian admitiera su derrota. 

Es más, en la reunión celebrada en Praga en octubre de 2022 entre Nikol Pachinian, Ilham Aliyev, Emmanuel Macron y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, el primer ministro armenio reconoció la plena soberanía de Azerbaiyán sobre su territorio, lo que significaba que tarde o temprano tendría que aceptar la conquista definitiva de Nagorno-Karabaj. 

Por tanto, es comprensible que muchos armenios carguen ahora contra Pachinian, aunque la sociedad armenia esté fracturada, porque también existe un "alivio cobarde" en muchas familias traumatizadas por el pasado, lejano o reciente, que prefieren que no haya guerra por defender Nagorno-Karabaj y que sus hijos en el servicio militar no corran el riesgo de morir en un ataque del ejército azerí, como volvió a ocurrir en septiembre de 2022.

La autoproclamada república de Nagorno Karabaj anuncia que se disolverá el 1 de enero de 2024

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Traducción de Miguel López

 

Ocurrió hace un siglo, pero sigue vivo en la memoria del pueblo armenio ya viva en Nagorno-Karabaj, en Armenia o en la diáspora y en la de los historiadores. Las imágenes de miles de familias armenias huyendo por las carreteras de Nagorno-Karabaj del avance de las tropas del autócrata azerí Ilham Aliyev no pueden sino evocar el genocidio de los armenios cometido por el Imperio Otomano. El genocidio término negado tanto por Azerbaiyán como por Turquía acabó con la vida de entre 1,2 y 1,5 millones de personas en 1915 y desplazó a cientos de miles más.  

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