"Los invisibles del cine" se rebelan en Francia en pleno rodaje de una producción de Netflix

Yannis Angles (Mediapart)

“Al principio, solo queríamos que se respetaran nuestros derechos. Luego, la situación adquirió unas dimensiones que no habíamos imaginado”. En septiembre y octubre de 2025, Béatrice*, regidora de exteriores en cine, estuvo en huelga durante ocho semanas durante el rodaje del largometraje Quasimodo. La película, anunciada como el próximo gran éxito francés de Netflix (cuyo estreno está previsto para este otoño), está dirigido por Jean-François Richet, quien dirigió, entre otras películas, un díptico sobre el gánster Jacques Mesrine, que le valió el César al mejor director en 2009.

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La larga huelga mantenida durante este rodaje, aunque limitada por el número de personas afectadas, es sintomática de las tensiones que se cristalizan hoy en día en una industria cinematográfica cada vez más frágil.

Mediapart se ha reunido con los cinco huelguistas de este proyecto producido por Radar Films, todos ellos miembros del “equipo de decoración”. Como regidores de exteriores o asistentes, se ocupan de la organización material de los rodajes fuera del estudio: búsqueda y alquiler de objetos, gestión de atrezos y coordinación de los medios logísticos necesarios para las escenas.

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Los huelguistas describen condiciones de trabajo agotadoras, numerosas horas extras y retrasos en la firma de sus contratos, todo ello agravado por una falta de consideración. Han acudido a la jurisdicción laboral para reclamar la reconversión de sus contratos temporales en contratos indefinidos, el reconocimiento de la interrupción de su trabajo como un despido nulo durante una huelga, así como el pago de las horas extraordinarias. Contactada por Mediapart, la productora no ha respondido.

“Con el rodaje de Quasimodo no estamos descubriendo nada realmente nuevo; son situaciones que existen desde hace muchos años”, afirma Nicolas Yassinski, delegado general del sindicato Spiac-CGT. En el sector audiovisual francés, varios indicadores apuntan a una drástica disminución del número de contrataciones y una precarización del sector.

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Un informe del Senado ya alertaba en 2023 del incumplimiento de la legislación laboral y de las tablas salariales en el sector. Es en este contexto se multiplican las movilizaciones por parte de los trabajadores del sector audiovisual y del cine.

Un marco contractual cuestionado

Para los huelguistas, fueron las horas extras no pagadas las que colmaron el vaso. “69 horas para Béatrice, 20 para Daphné, 64 para Mélanie, 40 para Léa y 110 para mí”, en un periodo de entre cinco y 15 semanas, enumera Louis*, regidor de exteriores.

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Afirman haber alertado a la dirección, que les habría “acusado de mentir o de organizarse mal, cuando algunos tienen 20 años de experiencia”. Un cuestionamiento que contrasta con la realidad de su implicación: “Empezamos meses antes del rodaje, somos los invisibles del cine”, dice Béatrice.

Todos afirman haber empezado a trabajar sin contrato. Béatrice y Louis dicen que “empezaron en mayo y firmaron en junio”. Son métodos de otra época: “Era habitual hace 15 años, pero hoy ya no”.

Además de estos retrasos, una parte de los huelguistas también cuestiona el marco contractual. “Me habían hablado de una película de ficción”, cuenta Béatrice. Pero descubrieron que se les aplicaba el convenio colectivo del sector audiovisual, menos favorable que el de la producción cinematográfica. Tras presentar una reclamación, se les abonó una prima a modo de compensación.

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Incluso en proyectos bien financiados, las dificultades persisten: no es una cuestión de medios, sino de voluntad por parte de las productoras

En cambio, en cuanto a las horas extras, la producción habría extraído una norma específica del convenio colectivo del cine, aplicando el sistema de horas de equivalencia, que prevé tres horas de presencia no remuneradas a la semana en un rodaje.

En julio, Béatrice envió un correo electrónico a la producción para pedir explicaciones y enumerar los problemas. En él mencionaba también que había firmado enormes cheques de fianza para algunos decorados —de hasta 22.000 euros—, mientras otros habían firmado cheques de entre 5.000 y 10.000 euros. No recibió respuesta por escrito, pero se ganó una bronca del primer asistente.

“Iniciamos la huelga el lunes 22 de septiembre, pensando que pronto se encontraría una solución”, recuerda Louis. A los regidores se les unen tres asistentes de escenografía. “No se nos respetaba”, justifica Léa*, una de ellas.

Inmediatamente se inician conversaciones con la producción. Tres días después llega una propuesta: pago de las horas extras de rodaje, un refuerzo en la dirección de producción, pero no la creación de un puesto de coordinador, que era lo que reclamaban los huelguistas. “Nos dieron a entender que, dado que no habíamos conseguido todo lo que pedíamos, seguramente no volveríamos al trabajo”, cuenta Béatrice. “Cuando lo que nunca quisimos fue parar”, insiste Louis.

“Una especie de electroshock”

La huelga se prolongó hasta el 22 de octubre. A partir de comienzos de ese mes, los trabajadores afirman también haber perdido el acceso a sus herramientas de trabajo, recuperadas por la producción. De ahí surgieron las sospechas de que habían sido sustituidos por otros trabajadores. Acudieron a la Inspección de Trabajo, que indicó no poder hacer declaraciones “para no perjudicar las investigaciones”. Al ser preguntada sobre todos estos puntos, Radar Films no respondió.

No obstante, la producción pagó los salarios correspondientes a todos los días de huelga. “Actúan como si no hubiera pasado nada en este rodaje”, comenta Louis. No no ha sido así. La movilización ha tenido cierta repercusión en el sector. Sobre todo porque, en septiembre, otro regidor de exteriores, Julien Joanny, rompió el silencio para denunciar en dos cartas abiertas las condiciones de trabajo en el rodaje de la película Les Rayons et les Ombres (Luces y sombras), de Xavier Giannoli.

Desde septiembre, la Asociación de Decoradores de Cine (ADC) organiza mesas redondas con todas las asociaciones, sindicatos y colectivos del sector. Desde entonces, se celebran reuniones para dar voz a las quejas de los trabajadores de base de la industria cinematográfica.

“Al inicio de las conversaciones, tuvimos la impresión de que los miembros de la ADC descubrían en parte nuestras condiciones de trabajo: fue una especie de electroshock”, cuenta una portavoz de la asociación Métiers associés du décor (Oficios asociados a la decoración, MAD). Pero desde “el inicio de la segunda ronda”, hace unas semanas, el sentimiento es más ambivalente: parecen perfilarse pocos cambios concretos. “Esta iniciativa y sus conclusiones no cuentan con el apoyo unánime de la ADC, pero al menos han permitido una amplia movilización y han sacado a la luz problemas comunes”, señala la asociación.

Sobre el terreno, en cualquier caso, “se nota un cierto revuelo desde el inicio de las conversaciones”, observa una portavoz de MAD. Un revuelo que se traduce en algunos avances, como la creación de partidas presupuestarias para las horas extras en algunos rodajes o el acuerdo de las productoras para cumplimentar hojas de control de horas de trabajo.

El Spiac-CGT también participa en las conversaciones con varias reivindicaciones. “El respeto del Código Laboral, de los convenios colectivos y una mejora de las condiciones de trabajo”, resume Nicolas Yassinski. Para él, la situación denunciada en el rodaje de Quasimodo demuestra que “los trabajadores ya no están dispuestos a dejarse pisotear por las productoras”, pero también que “incluso en proyectos bien financiados, las dificultades persisten: no es una cuestión de medios, sino de voluntad por parte de las productoras”.

Por parte de los huelguistas, las expectativas respecto a estas mesas redondas siguen siendo limitadas. Siguen esperando un cambio real en las prácticas, resumido sencillamente por Béatrice: “Que nunca más tengamos que movilizarnos solo para reclamar que se respete el Código Laboral”.

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* Nombre ficticio

 

Traducción de Miguel López

“Al principio, solo queríamos que se respetaran nuestros derechos. Luego, la situación adquirió unas dimensiones que no habíamos imaginado”. En septiembre y octubre de 2025, Béatrice*, regidora de exteriores en cine, estuvo en huelga durante ocho semanas durante el rodaje del largometraje Quasimodo. La película, anunciada como el próximo gran éxito francés de Netflix (cuyo estreno está previsto para este otoño), está dirigido por Jean-François Richet, quien dirigió, entre otras películas, un díptico sobre el gánster Jacques Mesrine, que le valió el César al mejor director en 2009.

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