“Pakistán salva a toda una civilización”. Como ha hecho el diario de Karachi The Express Tribune, la prensa pakistaní celebró el miércoles 8 de abril la discreta y eficaz mediación de Pakistán, que permitió lograr in extremis un alto el fuego de dos semanas entre Irán y Estados Unidos.
Menos de dos horas antes de que expirara el ultimátum de Donald Trump, quien había prometido hacer “desaparecer” la civilización iraní si el estrecho de Ormuz no se reabría a la navegación, Washington y Teherán llegaron a un acuerdo de diez puntos para poner fin a la guerra ilegal iniciada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero. Ahora están discutiendo y negociando en Islamabad, la capital de Pakistán, sobre los detalles de su aplicación a partir del viernes 10 de abril.
Pakistán, que no deja de ser una potencia nuclear, aunque parece aislado en la escena internacional y se encuentra en conflicto con Afganistán, se ha impuesto, para sorpresa general, como el intermediario clave, relegando a un segundo plano al tradicional mediador omaní, que se ha visto envuelto, a su pesar, en la vorágine de la guerra.
“Me complace anunciar que la República Islámica de Irán y Estados Unidos, así como sus aliados, han aceptado un alto el fuego inmediato en todas partes, incluido el Líbano y otros lugares, CON EFECTO INMEDIATO”, se congratuló en la red social X el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, en la noche del martes al miércoles, imitando a Donald Trump, que acostumbra a publicar en mayúsculas en su red Truth Social.
Pakistán logra así una victoria diplomática sin precedentes que lo sitúa en el centro y lo convierte en un actor imprescindible. Desde hace unas dos semanas, sus dirigentes se han movilizado para lograr una tregua, mientras la guerra entre Israel y Estados Unidos desestabiliza no solo a la región, ya de por sí muy castigada, sino también al mundo entero.
Pakistán, vecino de Irán con el que comparte 900 kilómetros de frontera y uno de los cinco países más poblados del planeta, tiene todo el interés en que cesen las hostilidades, sobre todo porque alberga una de las principales comunidades musulmanas chiitas del mundo (aproximadamente el 15 % de sus habitantes, es decir, más de 30 millones de personas).
Esta comunidad es especialmente sensible a la suerte del pueblo iraní y de la República Islámica. De hecho, a principios de marzo, miles de pakistaníes se manifestaron en todo el país, en Karachi, Skardu, Lahore, Islamabad, etc., para denunciar los ataques israelo-americanos y el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. Más de una decena de manifestantes fueron abatidos durante las protestas frente a los consulados estadounidenses.
“La fortaleza de Pakistán radica en mantener buenas relaciones con todos los actores”, afirma Didier Chaudet, especialista en la zona turco-persa y sur de Asia, asociado al Observatorio Nueva Eurasia. “Todo el mundo tiene la sensación de que puede hablar con Pakistán, que se ha posicionado de una manera bastante única en términos diplomáticos como para ser indispensable para cada actor clave: Irán, Estados Unidos, e incluso China”.
Asim Munir, el “Mariscal preferido”
Aunque las relaciones con Irán —el primer país en reconocer a Pakistán tras su independencia en 1947— hayan sido difíciles en el pasado, siempre ha habido diálogo. Pakistán, que depende de los hidrocarburos que transitan por el estrecho de Ormuz, ha sido uno de los pocos países autorizados a hacer pasar sus buques por allí en los últimos días. Para Washington, es Pakistán quien representa los intereses iraníes, a falta de una embajada propia de Irán. Otra particularidad fundamental para los iraníes es que Pakistán no tiene ninguna base americana en su territorio.
En cuanto a la administración Trump, “los pakistaníes han sabido forjar un vínculo privilegiado”, opina Didier Chaudet: “Tanto con Biden como con Obama la relación era compleja, y se habían distanciado de Estados Unidos tras el asesinato de Bin Laden, pero los pakistaníes se han acercado a Donald Trump, halagando su orgullo y creando un vínculo especial.”
Prueba de ello son dos figuras relevantes: el hombre fuerte de Pakistán y poderoso jefe del ejército, Asim Munir, apodado por Donald Trump el “mariscal favorito”, y Shehbaz Sharif, el primer ministro pakistaní. Ambos agradecieron el año pasado al presidente estadounidense haber evitado una escalada del conflicto con la India, el gran rival de Pakistán, elogiando una intervención “audaz y visionaria”. Para Asim Munir, Donald Trump merecía el Premio Nobel de la Paz.
“A Donald Trump le gusta destacar a los ganadores”, señala Didier Chaudet. “Le gustó ver que la India, supuestamente la gran potencia, tenía dificultades frente a Pakistán, un Estado mucho más débil, con una economía en mal estado. Y no le molesta que Pakistán esté en conflicto directo con Afganistán, país que le importa un comino.” Han surgido alianzas en numerosos frentes, desde la lucha contra el terrorismo hasta acuerdos comerciales sobre criptomonedas, tierras raras, etc.
Paraguas nuclear
China, primer socio comercial de Irán, destaca “el papel único e importante de Pakistán en el apaciguamiento de la situación” y ha estado apoyando en la sombra la mediación pakistaní. Sabe que puede contar con Pakistán, un aliado de larga data y de primer orden, especialmente para su proyecto de la nueva Ruta de la Seda.
“A la diplomacia china no le gusta hacer alarde de poder”, recuerda el geopolítico Didier Chaudet. “Tiene en el punto de mira su influencia en los países musulmanes de la región e impulsa la distensión, como ya hizo en el pasado entre Irán y Arabia Saudí.”
Para Arabia Saudí, donde viven y trabajan más de 2,5 millones de pakistaníes, Pakistán, el único país musulmán que posee armas nucleares, es un escudo capaz de disuadir las amenazas procedentes tanto de Irán como de Israel, que quiere imponer su hegemonía en la región. Ambos países firmaron en septiembre de 2025 un “acuerdo de defensa mutua estratégica” pocos días después de un bombardeo israelí contra líderes de Hamás en la vecina Catar, que sacudió a las monarquías del Golfo.
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Aunque Israel ha manifestado su apoyo a la decisión de Donald Trump de suspender los ataques contra Irán a cambio de la reapertura del estrecho de Ormuz, se niega a hacerlo en el Líbano, donde el miércoles 8 de abril llevó a cabo los bombardeos más violentos en el corazón de Beirut desde el inicio de la guerra. A pesar de que el primer ministro pakistaní había anunciado que el alto el fuego se aplicaba “en todas partes, incluido el Líbano”.
Traducción de Miguel López
“Pakistán salva a toda una civilización”. Como ha hecho el diario de Karachi The Express Tribune, la prensa pakistaní celebró el miércoles 8 de abril la discreta y eficaz mediación de Pakistán, que permitió lograr in extremis un alto el fuego de dos semanas entre Irán y Estados Unidos.