Una sentencia del tribunal de apelación de París no considera violación obligar a una niña a cunnilingus continuados

Sarah Brethes (Mediapart)

Se trata de un debate jurídico técnico, pero dice mucho de la justicia francesa, ya condenada en varias ocasiones por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por su trato a las víctimas de violencia sexual. El 10 de febrero, la sala de instrucción del Tribunal de Apelación de París dictó una sentencia que confirmaba que los actos de cunnilingus impuestos a una niña no podían considerarse una violación, según una sentencia consultada por Mediapart. Una decisión calificada de “repugnante” por la demandante y de “arcaica” por su abogada, Frédérique Pollet-Rouyer.

Daphné (ficticio), una artista de 35 años, recurrió a la sala de instrucción para que se reconociera que los miles de actos sexuales a los que fue obligada, entre los ocho y los 14 años, por “un tercero de confianza designado por la justicia” constituían una violación (delito castigado con 20 años de reclusión) y no una simple agresión sexual (delito castigado con cinco años de prisión y una multa de 75.000 euros). Fue por este delito por lo que la justicia decidió, al término de la investigación penal, remitir a su agresor ante un tribunal correccional, y no ante un tribunal penal.

La denuncia de la joven data de 2017. En aquella época, la ley de 1980 definía la violación así: “Cualquier acto de penetración sexual, sea cual sea su naturaleza”. Una definición amplia, que podía incluir perfectamente la violación bucogenital.

Pero, en el caso de Daphné, la justicia se ha remitido hasta ahora a una jurisprudencia de 2020 en la que el Tribunal de Casación había considerado que el cunnilingus impuesto a una menor no constituía violación, a falta de “una introducción voluntaria más allá del vestíbulo vaginal, lo suficientemente profunda como para caracterizar un acto de penetración”. “Una visión restrictiva de la penetración sexual que es contraria a la realidad anatómica del sexo femenino”, argumentaba su abogada, Frédérique Pollet-Rouyer, en el escrito dirigido a la sala de instrucción del tribunal de apelación. La letrada añade que esta sentencia es también “contraria al espíritu de la ley de 1980, y discriminatoria, ya que nada justifica que el sexo de las mujeres sea violentado”.

En diciembre de 2025, en un artículo de opinión publicado en L’Humanité, varias figuras feministas, entre ellas Emmanuelle Piet, del Colectivo Feminista contra la Violación, Suzy Rojtman, del Colectivo Nacional por los Derechos de las Mujeres, o Céline Piques, de Osez le féminisme, habían instado a la sala de instrucción a dictar una “decisión determinante” para afirmar que un cunnilingus impuesto sea considerado una violación.

“Penetrar la vulva no bastaría para caracterizar una violación. Esta interpretación restrictiva del sexo femenino opera una mutilación simbólica: una ablación judicial. Niega la anatomía real de las mujeres para retener solo lo que sirve al placer de los hombres o a la procreación”, subrayaban estas activistas. “Un cunnilingus forzado […] se ajusta perfectamente a la definición legal de violación. Pretender lo contrario es borrar el cuerpo de las mujeres del derecho penal”, insistían también, pidiendo que “se revise una jurisprudencia indigna”.

Un cambio de ley contraproducente

El 10 de febrero, nueve años después de la denuncia de Daphné, la sala de instrucción del tribunal de apelación no les dio la razón y volvió a remitirse a la jurisprudencia de 2020: un cunnilingus sería una simple agresión sexual. No obstante, los magistrados accedieron a solicitar el envío a juicio de su agresor por otra violación, mediante penetración con el pene, denunciada por la joven ya en 2017 y que hasta entonces no se había tenido en cuenta.

“De repente, sacan a relucir esta violación, que dista mucho de ser el núcleo del caso, pero siguen negándose a reconocer los actos de violencia más graves que sufrí y que me dejaron traumatizada: 3.600 actos como mínimo —puesto que se trataba de un cunnilingus al día de media durante el curso escolar, y tres durante los fines de semana y las vacaciones— con el pretexto de que, supuestamente, su lengua no habría penetrado en el interior de mi vagina. Es indignante”, se indigna Daphné.

La joven califica la postura de la justicia sobre su caso de “completamente aberrante”. De hecho, precisamente para evitar este tipo de situaciones y denunciar la criticada jurisprudencia de 2020, una enmienda vino a precisar la definición penal de la violación en 2021, tras la movilización de asociaciones feministas. Desde entonces, la ley establece claramente que un acto bucogenital puede constituir una violación, lo que ya estaba contemplado en el espíritu de la ley de 1980. “La enmienda se aprobó sin ninguna oposición, ni siquiera debate, pues estaba muy claro”, subraya la abogada Pollet-Rouyer en su escrito.

Pero el caso de Daphné no se ve afectado por esta ley de 2021, ya que los hechos denunciados son anteriores. Paradójicamente, la enmienda que se suponía que iba a aclarar las cosas de una vez por todas ha sido interpretada al pie de la letra por los magistrados, que consideran que los casos de cunnilingus impuesto anteriores a 2021 no constituyen violaciones. “Es indignante y exasperante. La ley ha tenido el efecto contrario al esperado para las víctimas”, dice la demandante. “La ley del 21 de abril de 2021 tenía precisamente por objeto contrarrestar esta jurisprudencia profundamente patriarcal al incluir los actos bucogenitales en la definición de violación. Es por tanto un completo contrasentido considerar que deben quedar excluidos cuando son anteriores a su entrada en vigor”, opina su abogada.

Decidida a conseguir que se reconozca que las agresiones que sufrió son efectivamente delitos, Daphné ha decidido recurrir ante el Tribunal de Casación. “Hay que llamar a las cosas por su nombre”, resume. “El Tribunal de Casación debe pronunciarse sobre esta decisión totalmente arcaica”, subraya su abogada.

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Para financiar los gastos judiciales necesarios para continuar su lucha legal, la joven ha decidido crear un fondo de previsión, con el apoyo, entre otros, de la asociación Osez le féminisme.

 

Traducción de Miguel López

Se trata de un debate jurídico técnico, pero dice mucho de la justicia francesa, ya condenada en varias ocasiones por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por su trato a las víctimas de violencia sexual. El 10 de febrero, la sala de instrucción del Tribunal de Apelación de París dictó una sentencia que confirmaba que los actos de cunnilingus impuestos a una niña no podían considerarse una violación, según una sentencia consultada por Mediapart. Una decisión calificada de “repugnante” por la demandante y de “arcaica” por su abogada, Frédérique Pollet-Rouyer.

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