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La crisis da un vuelco al mercado de las renovables: las empresas huyen de la subasta pública

Parque eólico en Las Planas, Zaragoza.

Las bruscas subidas y bajadas del precio de la luz del último año ha transformado el mercado de la generación renovable. Si antes las eléctricas pujaban frente al Gobierno para asegurarse un precio fijo al que vender la luz durante años a ciudadanos y pequeñas empresas, ahora prefieren cerrar acuerdos privados directamente con grandes clientes. El martes 22 de noviembre quedó de nuevo patente después de que una importante puja de eólica y solar del Ministerio de Transición Ecológica quedase prácticamente desierta, una noticia que complica la tarea de abaratar la factura de la luz. 

Este sistema de subasta funciona desde hace más de una década y permite a las eléctricas asegurarse vender la electricidad generada a un precio fijo durante años, lo que anima a estas empresas a invertir en la construcción de parques fotovoltaicos y molinos de viento. Pero prácticamente todas las ofertas que se hicieron en la puja del martes superaron el precio límite de unos 46 euros por megavatio que estaba dispuesto a aceptar el Gobierno. 

Solo se adjudicaron 45,50 megavatios de los 1.500 que se subastaron de energía eólica, mientras que no se vendió ni uno de los 1.800 megavatios de solar. Las dos empresas que pujaron por debajo del límite, Forestalia y Elawan, deben ahora a construir aerogeneradores para cubrir la demanda a la que se han comprometido y vender esa electricidad al precio que han pujado durante los próximos doce años en el mercado diario a los hogares españoles. 

El mecanismo de subasta ha dejado de funcionar en el último año porque las eléctricas han visto que en lugar de comprometer su energía a un precio fijo –y limitado por el Gobierno– durante más de una década, es más rentable cerrar acuerdos a largo plazo con clientes que pagan mucho más por esa luz, como industrias o grandes empresas. 

"Hace unos años, esos 45 euros que hay ahora de tope no era un mal precio, pero las grandes eléctricas saben que pueden vender más caro fuera de la subasta a 50 o incluso 60 euros por megavatio y han preferido no apostar en ella", explica Pol Torrent, analista de Trébol Energía. 

Grandes compañías como Iberdrola o Naturgy participaron en la puja del martes, pero salvo los dos adjudicatarios, el resto de participantes ofrecieron vender su electricidad muy por encima del tope, en la línea de lo que podrían obtener con contratos privados bilaterales, los llamados PPA. 

Pese a que el mercado de subastas renovables está de capa caída –en la de octubre solo se adjudicó el 30% de lo ofertado–, tanto el Gobierno como la patronal renovable creen que el sector está fuerte en España, solo que el mercado ha mutado.  

"Es un momento convulso, pero hay mucha tranquilidad en los promotores de eólica y fotovoltaica", dijo la ministra de Transición Ecológica este miércoles. "Esto no significa que no haya apetito ni que la potencia no se vaya a instalar. Se va a instalar, pero probablemente se venda a través de otros cauces", apuntó Teresa Ribera. 

"No nos preocupa que no se hayan adjudicado los megavatios de solar y eólica porque los más de 4.000 megavatios que se han instalado estos dos últimos años no han necesitado subastas, se han hecho con principalmente con PPA", añadió José María González Moya, director general de la patronal de renovables APPA. 

González Moya también recalcó que España tiene potencial suficiente para seguir construyendo más solar y fotovoltaica en los próximos años, y cumplir "holgadamente" con el objetivo de que en 2030 el 73% de la electricidad generada sea renovable. A finales de 2021 se alcanzó el 46%, frente al 37% de media en la Unión Europea, aunque países como Noruega (99%), Suecia (67%) o Portugal (62%) están por delante. 

Las pequeñas se hacen con la eólica

La mayoría de las empresas que acudieron a las dos subastas de renovables de este año ofertaron por encima del tope, pero este martes Forestalia y Elawan se mantuvieron en el margen fijado por el Gobierno. La primera se llevó tres ofertas para instalar y generar 25,5 megavatios de eólica a unos 45 euros, y la segunda 20 megavatios a 39,88 euros.  

¿Por qué ellos apostaron a un precio más bajo que el resto de participantes? "Cada empresa hace sus cálculos sobre cuánto va a costar el proyecto y ellos han considerado que esa cifra suficiente para rentabilizarlo", opina Torrent.  

Sin embargo, el resto de compañías debería tener unos costes más o menos parecidos, por lo que el consultor añade que probablemente las grandes eléctricas tengan mayor facilidad para vender su luz con contratos cerrados a empresas donde puedan sacar más beneficio. O simplemente las pequeñas generadoras prefieran asegurarse ingresos a doce años en un contrato con el Gobierno que más o menos les permita seguir funcionando. 

"Simplemente consideramos que a ese precio los 25,5 megavatios se pueden gestionar y tener el suficiente beneficio, aunque es verdad que es un precio ajustado", opina un portavoz de Forestalia, que no descarta volver a acudir a la próxima subasta si les dan los números. 

La subasta rebaja el precio de la luz 

El mecanismo de pujas había permitido hasta ahora abaratar la factura de la luz, ya que el mercado eléctrico se asegura grandes cantidades de electricidad a precios bajos y fijos durante más de una década y encima generada sin emisiones. 

Por ejemplo, en 2021 se adjudicaron en subasta más de 6.000 megavatios a entre 25 y 30 euros por megavatio hora, meses antes de que el mercado eléctrico colapsase por la guerra de Ucrania. "El sistema no solo incentiva la generación renovable, también beneficia a los consumidores porque rebaja el precio diario de la luz", resume Pol Torrent.

Aunque desde el sector también recuerdan que alguno de los que se comprometió hace dos años a vender su electricidad a 30 euros en una de estas subastas, ha terminado rompiendo el contrato para aprovechar el panorama actual. "Muchas de las compañías que fueron a estas subastas y pujaron bajo para entrar, en la actualidad les es más rentable renunciar a la retribución pagando una penalización y vender en el mercado privado por el entorno de precios altos que hay ahora", comenta una fuente.

En el otro lado de la balanza, el Ministerio de Transición Ecológica tampoco se puede permitir aumentar el tope de la subasta en exceso para que las empresas oferten más caro, aunque eso suponga el éxito de la subasta, ya que podría darse la paradoja de que en cinco o diez años la electricidad se abarate –como se espera que ocurra– y se termine pagando más cara la adjudicada por subasta que la del precio diario, lo que encarecería la factura de los consumidores. 

"Para nosotros es importante mantener un límite de oferta que proteja a los consumidores”, comentó sobre ello la ministra Ribera. “Los precios de hoy no van a ser los de dentro de tres, cinco u ocho años, y no tendría sentido elevar demasiado ese umbral". 

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