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El Gobierno espera que todo el hidrógeno producido en España sea renovable en 2030

Proyecto de autobús de hidrógeno de Alsa en la Comunidad de Madrid.

España aspira a ser uno de los países que lideren a finales de esta década la generación de hidrógeno renovable en el mundo, un elemento imprescindible en la industria y que poco a poco ganará peso a medida que se introduce como combustible en vehículos. Los proyectos en funcionamiento se cuentan con una mano, pero hay ya más de 80 ideados que juntos podrían generar tanto hidrógeno como el que consume ahora la industria española, según los cálculos del Ministerio de Transición Ecológica, e incluso generar un excedente para exportar al resto de Europa. 

El hidrógeno ha vivido un impulso en el último año a medida que la tecnología avanza y cada vez es más barata su producción, al tiempo que los combustibles fósiles se encarecen debido a la crisis energética. En solo un mes se han presentado dos mega instalaciones de Maersk y Cepsa y el Gobierno ha acordado con Francia y Portugal la construcción de un tubo para exportar hidrógeno verde al centro de Europa. 

En total hay 84 proyectos conocidos relacionados con el desarrollo de hidrógeno renovable, la mayoría de ellos destinados a la industria, con capacidad para generar 15,7 gigavatios de hidrógeno renovable, cifra suficiente para sustituir el consumo anual en España de hidrógeno gris, el que más contamina a la hora de ser producido, del que se queman entre 500.000 y 700.000 toneladas al año. 

Esos 15,7 gigavatios son casi cuatro veces más que los 4 que esperaba tener instalados el Gobierno para finales de esta década, según sus previsiones realizadas en la Hoja de Ruta del Hidrógeno presentada hace dos años. "El Plan Nacional de Energía y Clima se ha visto sobrepasado en muchos puntos, a veces para bien y otras para mal. Al final hablamos de una hoja de ruta, pero quien decide qué construir es el sector privado. En todo caso, lo importante es que se descarbonice", resume Xavier Cugat, experto en el mercado renovable. 

No está claro que todos los proyectos ideados lleguen a puerto, ya que muchos están todavía en fase de estudio y podrían ser descartados, pero se espera que al mismo tiempo se propongan nuevas instalaciones a medida que el hidrógeno renovable se abarate en los próximos años. 

La Agencia Internacional de la Energía calcula que a partir de 2030 el precio del hidrógeno será similar en su forma renovable que en su forma contaminante. La versión gris se genera con la quema de gas natural, una materia prima que seguirá siendo cara en el futuro por su gran demanda global, mientras que la versión verde será más accesible a medida que se instalen a gran escala paneles solares y parques eólicos, y se desarrollen baterías de gran capacidad que almacenen la electricidad que estos producen.  

El hidrógeno verde se produce a través de electrólisis, un chispazo a una molécula de agua que separa el hidrógeno y el oxígeno, pero con la condición de que la electricidad utilizada en el proceso sea renovable. Esta es la clave, según el Gobierno, para que España pueda ser una potencia global en su producción: la península ibérica tiene capacidad para generar grandes cantidades de luz mediante paneles solares y molinos de viento, por lo que sería más barato producir aquí el hidrógeno verde que en el centro de Europa. 

La idea es que además de abastecer a la industria nacional, España pueda vender hidrógeno al resto del continente, aunque todavía no está claro cómo se transportará. Según los cálculos del sector, para distancias cortas –dentro de Europa– la mejor fórmula son los hidroductos, las mismas tuberías que llevan gas natural, pero con un refuerzo de su sellado para evitar fugas. 

De esta manera se podrá mover el hidrógeno a lo largo de la península por la red de gasoductos que ya existe, aunque desde Transición Ecológica reconocen que esa posibilidad se valorará en el futuro y que en todo caso solo se utilizarán tuberías que estén duplicadas, como las que recorren la costa mediterránea para alimentar la industria cerámica. 

Para enviar hidrógeno al resto del continente, España cuenta con dos gasoductos en los Pirineos que tendrían que ser adaptados a este uso, aunque ya prepara con Francia la construcción del H2 Med (conocido como BarMar), una tubería submarina que conectará Barcelona con Marsella. Por ahora, los técnicos del Gobierno solo han confirmado que planean que entre en funcionamiento en 2030, aunque se conocerán más detalles el próximo viernes, cuando Pedro Sánchez se reunirá con Emmanuel Macron y su homólogo portugués António Costa en Alicante. 

La construcción del H2 Med, no obstante, fue muy criticada desde el sector privado este jueves en el Congreso Nacional de Renovables organizado por la patronal APPA. "Lo que necesitamos es que la industria española consuma hidrógeno más barato que el europeo, lo que no tiene sentido es que seamos el productor de energía de Alemania o Francia", criticó Patxi Calleja, director de Regulación de Iberdrola. "Lo que tenemos que pensar es cómo ayudamos a la industria a descarbonizarse... y no sé qué hacemos pensando en hacer infraestructuras que solo van a incrementar el precio de la energía", añadió. 

Para qué sirve el hidrógeno 

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El ministerio de Teresa Ribera afirma que el primer destino de este hidrógeno verde serán los fabricantes españoles, por lo que las plantas electrolizadoras están ideadas junto a zonas muy industrializadas, especialmente en la costa española. En la industria se podrá quemar para producir calor sin generar emisiones de efecto invernadero, ya que la combustión de hidrógeno no expulsa CO₂, sino que lo transforma de nuevo en agua.  

El proyecto más grande ideado de este tipo será el asturiano HyDeal, que alimentará con hidrógeno la planta de Fertiberia de Avilés que fabrica fertilizantes y las acereras de Avilés y Gijón de la multinacional ArcelorMittal. Solo esta instalación espera tener una capacidad de 7,4 gigavatios. 

Más allá de la industria, las baterías de hidrógeno –transforman el H2 en electricidad– sirven para mover vehículos, especialmente los de gran tamaño, como las flotas de autobuses urbanas, las furgonetas y camiones. La Hoja de Ruta del Gobierno espera también que al menos dos líneas de tren funcionen con hidrógeno en zonas donde no pueda instalarse un tren eléctrico por la geografía. Para calentar los hogares, en cambio, parece que no tendrá futuro, ya que son mucho más eficientes las bombas de calor eléctricas.

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