Las dos rutas posibles del gasoducto España-Alemania: costes, plazos, ventajas y riesgos

Central de regasificación de Enagás de Barcelona

Después de semanas de declaraciones cruzadas, España y Alemania anunciaron este martes su compromiso de reforzar la conexión gasista del continente para que el centro de Europa tenga asegurado su suministro energético una vez rompa todos sus lazos con Rusia, algo que ya ha ocurrido este verano en varias ocasiones. La cuestión ahora es cómo y cuándo llegará ese gas o si circulará a través de Francia o de Italia. En ambas hipótesis, el conducto serviría también para transportar en el futuro hidrógeno verde en lugar de gas.

MidCat, la gran apuesta 

La solución principal pasa por la construcción del proyecto MidCat, una interconexión de gas con Francia diseñada en 2007 que hasta ahora no había cuajado porque económicamente no era viable. Pero también porque Francia no ganaba nada con su construcción, ya que este país se sostenía principalmente con su parque nuclear, el mismo que ahora languidece por una serie de averías y revisiones. 

A esta situación, unida al elevado precio de la luz, se ha venido a sumar la presión derivada de la reunión que este martes mantuvieron el presidente español, Pedro Sánchez, y Olaf Scholz, su homólogo alemán, de la que surgió la petición explícita a París de que reconsidere su posición. 

"España y Alemania son dos socios muy cercanos a Francia. Así que cuando hagan una propuesta, la examinaremos", contestó ese mismo día el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, la primera muestra de apertura del Gobierno francés en este asunto. 

De salir adelante, el MidCat conectará con un gasoducto el municipio de Hostalric (Girona) con Barbaira (sur de Francia) y permitiría más que duplicar el gas natural que España exporta a Europa. La capacidad máxima pasaría de los 7.000 millones de metros cúbicos de gas que se envían ahora mediante los dos tubos de País Vasco y Navarra, a unos 14.500 cuando la nueva conexión esté a pleno rendimiento.  

El coste de la construcción, según Enagás, sería de 470 millones de euros de aquí a 2030, una cifra que solo corresponde al gasoducto del lado español, y cuya construcción llevaría unos ocho meses, según dijo esta semana la vicepresidenta y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, por lo que estaría disponible a finales de 2023 en el mejor de los casos. 

Pedro Cantuel, consultor de Ignis Energía, opina que España tendría margen de sobra para enviar ese gas al continente gracias a su amplio excedente. “Yo creo que España sí tendría la capacidad de exportar esa cantidad, tiene un sistema muy flexible con una capacidad de regasificación que prácticamente dobla las necesidades diarias del sistema”, explica a infoLibre.

Aunque el MidCat es un importante avance en la interconexión energética europea, hasta ahora recibía una dura oposición desde Francia, especialmente desde la Commission de Régulation de L’Énergie (CLR), el regulador energético francés, que entendía que una inversión de estas características era demasiado cara. Este argumento también lo hizo suyo la Comisión Nacional del Mercado de Valores, el regulador español, en enero de 2019, meses después de la llegada del PSOE a la Moncloa.

La viabilidad económica de la parte francesa era especialmente complicada, ya que a los 440 millones que se calculó que costaría el tubo del lado galo, se suma la adaptación del circuito gasista francés para poder exportar la materia prima a Alemania, que dejaría un coste total de unos 3.000 millones de euros, según calculó el CLR en 2016.

Lo mismo sentenció Poyry, una consultora contratada por la Comisión Europea para estudiar la viabilidad del proyecto, a lo que esta respondió que solo tendría sentido “en un escenario con un mercado de gas natural licuado tensionado”, una situación similar a la actual.

En 2019 la situación energética era distinta, con la Unión Europea legislando a favor de la producción renovable, pero la situación ha dado un giro tras la guerra de Ucrania y el gas natural ha pasado a ser la principal fuente de producción eléctrica en el continente, por lo que el gas natural licuado que España puede ofrecer se ha convertido en un activo clave para la Unión Europea. 

"Históricamente, el MidCat no ha sido rentable porque el precio del gas era demasiado bajo, pero teniendo en cuenta su precio actual y que nos movemos a un sistema europeo basado en el gas natural licuado, que es más caro, hay que rehacer números y seguramente sí, ahora debe ser rentable construirlo", afirma Cantuel. 

A los altos precios del gas, que facilitarían rentabilizar la inversión, se suma que Europa no puede permitirse derrochar ni una gota del gas que pueda conseguir de cualquier nación para evitar un desabastecimiento energético. En este caso, al tratarse de gas natural licuado –que llega en forma líquida a través de barcos metaneros– que entra por la península ibérica, procedería principalmente de los países del norte de África o de Estados Unidos.  

También ayuda que el proyecto se financiaría con dinero europeo, ya que está recogido como una de las propuestas para desligar a la Unión del gas ruso dentro del programa RepowerEU, aprobado en mayo y dotado con más de 220.000 millones de euros hasta 2027. 

La débil alternativa italiana 

“Esto tenemos que arreglarlo. Si no es por Francia, será por Italia”, añadió Pedro Sánchez este martes desde Berlín. La frase abre la puerta a una alternativa en caso de que Francia ponga trabas a la construcción del MidCat.  

Sin embargo, este Plan B parece más una maniobra de presión sobre Francia, por la enorme complejidad del proyecto. “El gasoducto con Italia sería más ambicioso y complicado, con una infraestructura bajo el mar y de más kilómetros que la francesa”, apunta Cantuel, quien asegura que además sería más cara que la construcción del MidCat y llevaría más años construirlo. 

En este caso, se trataría de un tubo submarino que conectaría Cataluña con el norte de Italia, y su coste sería de unos 1.500 millones para España y una cifra similar para Italia, según las estimaciones de Enagás, que también contarían con ayuda financiera de Bruselas. Además, este proyecto se encuentra en una fase inicial de análisis técnico, según una persona familiarizada con el proyecto, mientras que la opción francesa está mucho más avanzada. 

 

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