Ana Rosa llega a las tardes televisivas siendo ella misma y sin política (al menos en el estreno)

Ana Rosa Quintana posa durante la presentación de la nueva temporada de Mediaset España.

Volvió Ana Rosa como si nunca se hubiera ido. Sí ha cambiado el horario, y el programa ha cambiado por lo visto en el estreno, pero Ana Rosa, no: segura, profesional y -lo que más importará a sus seguidores- siendo ella misma, sin que ello signifique elogio o crítica. A estas alturas de una carrera de cuatro décadas, los últimos 18 años al frente de las mañanas con éxito, no ha habido bandazos ni improvisaciones, todo estaba previsto y, supongo, ensayado en un muy amplio estudio con múltiples ambientes y una escenografía muy cuidada. 

El programa se inició rodeado del tono oro que domina la propia cabecera, para, tras dedicar unos instantes a glosar la memoria de mujeres importantes en el mundo de la televisión, con mención especial a María Teresa Campos. Arrancar en alto con la presencia de Ivana Andrés, capitana de la selección femenina de fútbol, que sería entrevistada en la parte final, y que estuvo presente cuando saltó la noticia de la convocatoria a la mayor parte de las campeonas del Mundial -no a Jenni Hermoso- por parte de la nueva seleccionadora de fútbol. A este asunto se dedicó prácticamente la primera media hora con la presencia de los que Ana Rosa denominó sus mano izquierda y derecha, Beatriz Archidona y Jorge Luque y con la primera tanda de comentaristas (Alaska, Mario Vaquerizo, Vicky Martín Berrocal, Sardá, y Rosa Rochas). Con ellos continuó hasta las seis de la tarde con asuntos de plena actualidad como las inundaciones -espectacular fue la realidad virtual que rodeó a Laura Madrueño, la especialista de la información meteorológica de la cadena), o el delito de tocar el culo sin consentimiento a las mujeres.

A las seis en punto entró una nueva sección de sucesos, con Manuel Marlasca al frente, para dar una nueva vuelta a la situación de la familia Sancho en Tailandia, y un apartado menor sobre el presunto eyaculador sobre los coches de sus vecinas. A las seis y media, nuevo set de invitados en un entorno rosa para hablar de ese mundillo, desde Jorge Santacana y Arantxa Sánchez Vicario y sus cuitas en forma de deudas, al video de Georgina, la esposa de Cristiano Ronaldo. También las peripecias de Urdangarín hijo, las salidas de Victoria Federica, o los presuntos ruidos en en el colegio de la infanta Sofía. 

La última parte del programa giró sobre la citada capitana de la selección femenina, que poco pudo aportar sobre el presunto final del conflicto con la federación, al sorprenderla la noticia dentro ya del estudio. Aún así proporcionó a una Ana Rosa, ya en solitario, los mejores momentos de la tarde con una entrevista muy centrada en lo personal, en su vida y sus reacciones del último mes, completada con tres jugadoras pioneras de los años sesenta y un equipo infantil de jugadoras, que a pesar de los avances siguen encontrando dificultades. Ana Rosa cerró, minutos antes de las ocho el programa con el recuerdo cariñoso a Pepe Domingo Castaño

Un estreno es muy poco para vaticinar el recorrido del nuevo espacio y su lugar ante una nueva competencia. Pero ya se puede afirmar que Ana Rosa ha vuelto y, con toda probabilidad conservará una parte sustantiva de su público, ya que no lo era tanto de su programa como de ella misma y su manera de afrontar este tipo de magazines. La profesionalidad a estas alturas la tiene bien acreditada.

Y un apunte final: a diferencia de las mañanas no se ha dedicado ni un segundo a temas políticos, sector imprescindible en el arranque mañanero que consumía más de una hora con protagonistas y comentaristas de ese ámbito. Habrá que ver en los próximos días si se trata de una ausencia temporal o no.

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