"Nos duele RTVE": dos veteranas periodistas escriben ‘desde dentro’ un libro sobre la cadena pública

Fachada de las instalaciones de RTVE y unas cámara de grabación.

En plena semana de Todos los Santos se presenta en Madrid la obra RTVE desde dentro, subtitulada "Lo que no te han contado: De la moción de censura al fracaso de Pérez Tornero". Sus autoras, Francisca González y Yolanda Sobero, son en este momento vicepresidenta y presidenta del Consejo de Informativos de TVE; han sido, y son, redactoras de base en los Informativos de ese medio, y nunca han ostentado cargo alguno en el organigrama; participan, como digo, en el órgano de control y vigilancia para que se cumpla el estatuto, que consagra la independencia profesional de los periodistas para ejercer su trabajo con rigor, pluralismo y veracidad, al margen de intereses y presiones políticas, o de cualquier otra índole. Ambas participaron muy activamente en el movimiento "MujeresRTVE", un colectivo sin líderes y con portavoces rotativos, nacido a finales del invierno de 2018 y que, en abril, se visualiza vistiendo de luto un día a la semana. Nacen los "Viernes Negros" para denunciar la manipulación informativa en la empresa llevada a cabo bajo el mandato del PP; aún nadie piensa en que, tan solo un mes después, habrá una moción de censura que cambiará el rumbo político, con impacto decisivo en RTVE.

Yolanda y Francisca aportan con su libro una mirada singular sobre el medio público del que hablan y al que califican políticos, estudiosos, el resto de medios y la sociedad en su conjunto. Ellas escriben —y lo llevan al principal título de la portada— "desde dentro", y lo hacen (tal y como explican en la reflexión final de la obra) "porque nos duele RTVE, porque creemos en el servicio público, y porque pensamos que poner negro sobre blanco lo que ha pasado puede servir para que muchos y muchas de los que se sientan en el Congreso y en el Senado intenten cambiar las cosas".

Allí, en Congreso y Senado, había nacido la esperanza de un cambio real en RTVE. Fue a finales de septiembre de 2017, cuando se aprobó una nueva ley para regenerar ese medio público, después de años de denuncias sobre manipulación informativa, elevadas a las propias Cortes, y llevadas hasta el Parlamento Europeo. En el texto se mandataba la elección de un nuevo Consejo de Administración por consenso político superior en votos a los tres quintos de ambas cámaras y se preveía que un "Comité de Expertos" examinara a los posibles candidatos y facilitara a los parlamentarios una lista con puntuación de mayor a menor sobre su idoneidad. La normativa gozó en principio del aplauso dentro de la empresa, un colectivo de trabajadores indeterminados en sus ideas políticas y que solo aparece unido en las reivindicaciones profesionales, tal y como se afirma en el libro "reducir a una lucha entre buenos y malos, rojos y azules, periodistas puros e impuros... es sencillamente alicorto, maniqueo y falso".

Pero en ese verano de 2018 la decisión política para nombrar una cúpula de RTVE se convierte en un sainete, cuando en la votación decisiva en el Congreso, con todos los nombres pactados, y con el director de Radio 3, Tomás Fernández Flores, como presidente in pectore, dos votos del PSOE cometen "un error humano", según Adriana Lastra, y no se supera la mayoría obligada. Tras la decepción, el gobierno de este partido decide nombrar a Rosa María Mateo Administradora Provisional Única, quien, tras la aprobación del Congreso, reúne todos los poderes en RTVE. Se supone que la interinidad será de pocos meses; la realidad es que se extiende durante casi tres años, con denuncias continuas de la oposición política, y con un ambiente interno enrarecido que explosiona cuando Mateo obedece las órdenes de Moncloa y pretende situar un debate electoral en la misma fecha que el ya programado en Antena 3. Los Consejos de Informativos claman contra la decisión y escriben "Esta modificación debería haber contado con el consenso de todos los partidos políticos y no solo con el de uno. No nos cansaremos de repetirlo ¡¡¡RTVE debe ser independiente!!!". En paralelo, toda España se sorprende cuando en los telediarios de ese jueves se lee una nota que advierte que "La dirección de Informativos no comparte la decisión de la Administradora Única". El cisma entre la alta dirección y los Informativos, que dirige Begoña Alegría, es total y Pedro Sánchez se ve obligado a dar marcha atrás en su intento. 

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Mientras, arranca sus trabajos el denominado Comité de Expertos. ¿Quién los ha designado? Los partidos políticos, claro, sin intervención alguna de los profesionales afectados. Entre ellos, según se relata en el libro, hay personas de prestigio, con décadas dedicadas al estudio o al ejercicio activo, catedráticos de lo audiovisual y, junto a ellos, personas de muy limitado currículum. Y el sainete continúa: normas de selección que se cambian sobre la marcha, repescados tras protestar, y una lista, pretendidamente final con los veinte mejor puntuados para que las Cortes elijan a los mejores... que se amplía al total de más de noventa candidatos después de informes y contrainformes jurídicos. En teoría, se debía designar a los mejores por "consenso político", pero para las autoras lo que se produce es un "reparto" entre PSOE, PP, Podemos y PNV. Fallecida, más de un año antes, la número 1, Alicia Gómez Montano, se soslaya al número dos, Javier Montemayor, y son designados los diez miembros del Consejo de Administración, de los cuales, solo tres se encontraban en la lista de los veinte mejor valorados: José Manuel Pérez Tornero (Presidente in pectore), Roberto Lakidain, y Carmen Sastre; entre el resto hay quien presentó un proyecto calificado con un cero, y la mayoría no llegaron al aprobado. Como destacan Francisca y Yolanda, vimos a Podemos votar a Jenaro Castro, antiguo editor de Urdaci, o a Carmen Sastre, directora de contenidos bajo la dirección de José Antonio Álvarez Gundín, ambos denunciados por el Consejo de Informativos por malas prácticas informativas cuando gobernaba Rajoy; al otro lado, el PP vota a Lakidain, conocido sindicalista de Comisiones Obreras, o a José Manuel Martín Medem, director del órgano periodístico del PCE Mundo Obrero. Al pacto final, siempre según las autoras, no llegaron el ministro de la Presidencia, Felix Bolaños, y el secretario general del PP, Teodoro García Egea, sino el propio Pérez Tornero con interlocutores no explicitados del PP. 

¿Consejo de Administración, o jaula de grillos?

Con estos antecedentes, el máximo órgano de gobierno de la empresa pronto deja ver que no se trata de un conjunto de profesionales animados a regenerar RTVE, sino más bien una serie de delegados de los grupos políticos, que tiene su prioridad en la defensa de quienes les han apoyado, cuando no en los propios intereses personales. Aparentemente, y hacia el exterior, hay cierta paz; el PP rebaja el tono de sus intervenciones en la Comisión Parlamentaria y la izquierda, aunque día a día más perpleja, se debate entre el desconcierto y la prudencia. Pero en el seno del Consejo las divergencias son cada día mayores; las votaciones, lejos de la unanimidad, son salvadas in extremis, con los consejeros a propuesta del PSOE divididos, parte de los auspiciados por el PP mostrando en prensa y redes sus críticas, que incluían a trabajadores de la propia empresa, y los designados por Podemos volcados en la denuncia (secundada con ardor por Comisiones Obreras) por la no continuidad del programa de Jesús Cintora. La izquierda, en su conjunto, denosta buena parte de los nombramientos de segundo nivel realizados por Tornero entre personas que ya habían tenido cargos de confianza durante el gobierno de Rajoy y habían participado de manera entusiasta en la manipulación a favor del PP... Todo ello en medio del desconcierto, cuando no la desesperanza del personal de RTVE, que ve alejarse de nuevo lo profesional frente a las injerencias políticas. A finales del verano de este 2022, Tornero carece de apoyos internos, salvo el de las personas que ha nombrado, pero también ha dilapidado los votos de la mayor parte de los miembros del Consejo de Administración, y el crédito que algún día tuvo en Moncloa. En la tarde del 26 de septiembre, un año, siete meses y un día después de su nombramiento, afirma que "ya no se dan las circunstancias para sostener la viabilidad de mi proyecto" y dimite. 

Otra vez más, destacan Yolanda y Francisca, no ha sido posible la despolitización de RTVE, por ello insisten en las últimas líneas, con las que cierran su obra: "Hace falta un compromiso político serio y sin dobleces para profesionalizar y sacar del coma a los medios de comunicación públicos que apuntalan la democracia, entre ellos RTVE. Y eso solo es posible con voluntad política, sin trucos ni tratos".

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