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Qué fue de Mastodon, Bluesky y Threads o por qué nadie es capaz de arrebatarle (aún) el trono a X

Imágenes de las páginas principales en teléfono de las aplicaciones Mastodon, Threads y Bluesky.

480 días o, lo que es lo mismo, casi 16 meses. Este es el tiempo que Elon Musk lleva al frente de Twitter, rebautizado el pasado verano como X. Desde aquel 26 de octubre de 2022, la presencia del hombre más rico del mundo al frente de la tecnológica de San Francisco ha hecho correr ríos de tinta por sus múltiples crisis técnicas y reputacionales, sus numerosos cambios, sus idas y venidas con diferentes modificaciones o sus oleadas de despidos. La desinformación, los discursos de odio, la pornografía y las estafas pululan a sus anchas en una plataforma que traslada la sensación de que ha perdido el norte y, sobre todo, sus principales señas de identidad: desde el pajarito azul hasta su propio lenguaje —tuitear y derivados—, que ya había calado en la sociedad. 

"Es un entorno durísimo: la desinformación está al orden del día, la polarización es lo que gana, la interacción entre usuarios y publicaciones es cada vez menor… Es un desastre, ya no es el Twitter que era", reconoce Susana Pérez Soler, periodista y doctora de Comunicación Digital por la Universitat Ramon Llull. Sin embargo, y a pesar de las veces en las que el universo tuitero y los medios de comunicación han pronosticado su autodestrucción, X sigue vivito y coleando. Y no será porque la competencia no haya intentado aprovecharse de la situación y robarle el trono tuitero. Si bien es cierto que Twitter nunca fue una red social masiva, ni que compitiese de tú a tú a nivel de usuarios con Facebook, Instagram o TikTok, jugaba en otra liga: era la única textual y un espacio para comentar la actualidad, muchas veces a golpe de meme, hashtags y de trending topic. Con estos ingredientes en la coctelera, muchas fueron las plataformas que se postularon a finales de 2022 para ocupar el hueco que estaba dejando X entre los usuarios que buscaban una salida ante el caos generado por Musk. Entre ellas destacaron la veterana Mastodon y una incipiente Bluesky. Más tarde, llegaría la copia de Meta: Threads. 

Sin embargo, y tras casi 16 meses de reinado de Musk al frente de ahora X con sus idas y venidas, la pregunta es evidente: ¿por qué aún ninguna ha sido capaz de consolidarse como la alternativa? "Por un lado, la costumbre, nos cuesta dejar una red social por los contactos generados. Y, por otro, el FOMO, el miedo a perderse algo", apunta Alberto R. Aguiar, periodista de tecnología, política y sociedad de Business Insider. 

"A estas plataformas les falta masa crítica", incide Pérez Soler que explica que se basan en la economía de escala: "Cuantas más personas las utilizan, más atractivas resultan por contenido y por la gente que hay". Esta experta también señala otros dos motivos dibujado por el actual escenario que reina en la industria tecnológica: la dispersión que existe actualmente con "muchas más apps en las que estar" y una coyuntura marcada por que "las redes son cada menos sociales y más mediáticas", por lo que los usuarios hacen "un consumo pasivo en unas aplicaciones supuestamente sociales". 

Ni son propiedad de Musk ni son redes centralizadas

Ante este complejo escenario en el que los reyes indiscutibles son TikTok e Instagram, las otras, Mastodon, Bluesky y Threads, intentan hacerse un hueco robándole parte de sus usuarios a Twitter. Aunque podrían parecer copias descaradas de X, lo cierto es que cada una tiene elementos distintivos. "Las principales diferencias entre ellas son la propiedad y la federación", explica Aguiar. 

"El hecho de que Musk comprase X ha transformado la red social", reconoce este experto. Razón no le falta: poco queda en la actualidad del Twitter de noviembre de 2022. No sólo ha cambiado el nombre y el logo, han desaparecido los tuits y retuits, el timeline de los usuarios se ha llenado de desconocidos y las marcas de verificación ya no son marcas de verificación sino símbolos de pago. "Ahora es un espacio mucho más inhóspito para informarse y entretenerse", sostiene Aguiar, que recuerda también como punto trascendental el despido de la mitad de la plantilla que provocó, entre otras muchas cosas, que la moderación ahora sea "muchísimo menor". 

Con respecto a la federación, este periodista lo resume de forma clara y concisa: "Es como funciona el correo electrónico". En una red social tradicional como Facebook o Instagram, los datos de todos los usuarios están alojados en servidores conectados entre sí, sin embargo en una descentralizada no. "Lo bueno que ofrece esta opción es que se da voz a personas anónimas, dando visibilidad a quien no tenía visibilidad. Todo lo que sea descentralización y todo lo que sea alzar estas voces, sería el futuro ideal. Era la idea original con la que se creó Internet", apunta Pérez Soler. 

Y entre todos estas redes sociales descentralizadas conforman lo que se ha llamado fediverso ya que los distintos protocolos garantizan la interoperabilidad entre ellas. "Esto es interesante porque supone un gran cambio: los usuarios ganan soberanía y las plataformas, a lo mejor así, no tendrán que competir aunque lo hagan por la atención", indica Aguiar. 

¿Un Twitter sin nazis? 

Mastodon es, sin lugar a duda, la punta de lanza de este fediverso. Esta plataforma, que se describe a sí misma como un Twitter sin nazis, es una red que "no está a la venta" y que se presenta como "abierta, libre y federada" bajo el protocolo ActivityPub. Creada en 2016, ofrece una experiencia comparable a la de X aunque con un complicado proceso de registro. 

Sin embargo, fue la que más se ha aprovechado del éxodo tuitero inicial tras la llegada de Musk. Su último balance anual correspondiente a 2022 muestra este incremento. Si el 1 de enero de 2022 contaba con 2,7 millones de usuarios registrados y 294.000 activos mensuales, al final de año había un total de 5,8 millones de registrados y 1,8 millones de mensuales activos. Esto supone un aumento del 215% en registrados y del 610% en mensuales activos. "Creo que el 50% de las personas que se registraron en enero de 2023 siguen activas en enero de 2024, lo que en realidad es una cifra bastante sorprendente para todo un año", aseguró el CEO y fundador de Mastodon, Eugen Rochk, en una entrevista en Platformer este mismo febrero.

La copia de Zuckerberg

La que parece que seguirá el camino de Mastodon es Threads. La última en llegar a la carrera por sustituir a X —en julio se presentó al mundo, aunque a los países de la UE no llegó hasta diciembre— es el nuevo producto del imperio de Mark Zuckerberg, que en ningún momento ha ocultado ser una copia descarada de la propiedad de Musk. Ideada para "compartir ideas y tendencias con texto", The Washington Post definió a la perfección la experiencia al entrar por primera vez en esta plataforma: "es Twitter con un mono brillante de Instagram". Según los últimos datos que se manejan, tendría en torno a unos 130 millones de usuarios mensuales. 

El siguiente paso de Threads será implementar el protocolo ActivityPub, por lo que Meta, caracterizada tradicionalmente por ser un ecosistema cerrado, abrazará la web abierta convirtiendo su producto más joven en interoperable con Mastodon, pero también con Tumblr, Wordpress o Medium. Tras conocerse en julio este movimiento de Zuckerberg, el CEO y fundador, Eugen Rochko destacó que supone "una validación del movimiento hacia las redes sociales descentralizadas" que marca "un camino a seguir" ya que "ejerce presión sobre otras plataformas". "Esta es una clara victoria para nuestra causa", añadió.

El spin off de Twitter

Por su cuenta parece que va a pelear Bluesky, el nuevo proyecto de uno de los fundadores de Twitter, Jack Dorsey, y quizás la que visualmente más se parece ahora mismo a X. Al contrario que Mastodon y Threads, utiliza un protocolo alternativo, de desarrollo propio, denominado Authenticated Transfer (AT). 

Aunque originalmente era el futuro descentralizado de la red social del pájaro azul, la salida del exCEO de la tecnológica y la llegada de Musk, este plan de futuro se convirtió en una plataforma con todas las letras que comenzó a dar sus primeros pasos a finales de 2022. "Es un spin off de Twitter", resume Aguiar. No obstante, no ha sido hasta este mismo mes de febrero cuando ha comenzado a despuntar con su apertura definitiva al público general ya que hasta ahora sólo se podía acceder con invitación.

Tras esta apertura, anunció que habían superado los 4 millones de usuarios con una creación, de media, de 8,5 cuentas nuevas al segundo. Los más de 800.000 nuevos usuarios en sus primeras 24 horas de vida pública se unieron a quien protagonizó una de las marchas más sonadas de X: la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. A pesar de la gran comunidad de más de un millón y medio de seguidores con la que contaba, la regidora socialista decidió abandonar Twitter porque "se ha convertido en el arma de destrucción masiva de nuestras democracias". 

¿Alguna podrá con X?

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Con un éxodo tuitero en ciernes, un futuro marcado por la descentralización y el peligro que supone la presencia del hombre más rico del mundo en las oficinas de X, ¿alguna podría plantarle cara realmente? "Quizás Threads es la que mejor posicionada está para hacerle frente a Twitter al tener detrás a Meta", señala Alberto R. Aguiar que, no obstante, adelanta posibles supuestos a esta victoria: "Está por ver cómo se despliega la federación y si el propio X abraza este modo. También es posible que colapse. O que los bancos que le dejaron el dinero a Musk se retiren y tenga que declarar la bancarrota". 

"Todas lo tienen difícil", apunta Susana Pérez Soler, que insiste en que la que triunfa ahora es TikTok, una red centralizada: "Es la favorita entre los jóvenes y atrae al resto de usuarios para no parecer viejunos". Para esta experta, en el caso de las plataformas que apuestan por el texto, las dudas sobre la posible alternativa a Twitter reside en el tiempo que el usuario está aguantando en las actuales circunstancias: "Si no lo ha hecho hasta ahora, no sé qué más puede pasar en X para que los usuarios se vayan". 

A pesar de la incertidumbre y lo que parece un momento de cambio, lo que está claro es que quizás estamos pasando de un ecosistema de redes sociales, por lo menos en el apartado de aquellas de conversación pública basadas en texto, dominado por una gran plataforma a una diáspora. "Algo tan importante como la conversación pública no puede delegarse en grandes empresas. Sus objetivos son ganar dinero o responder a intereses políticos de lo más espurios", reconoce Aguiar, que ve en estos movimientos actuales a un regreso al Internet de comienzo de los 2000 en el que predominaba la atomización gracias a los foros. 

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