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¡Que vuelva Fraga!, dirían el Toro de la Vega y otros toros

Ángel Dorado
Publicada el 24/05/2016 a las 06:00
En 1954, las impactantes imágenes difundidas en el No-Do en las que se veía el terror y sufrimiento del Toro de la Vega en Tordesillas sensibilizaron a destacados colectivos y personalidades comprometidos con la defensa de los animales, lo que produjo una polémica que duró varios años entre los que defendían el infame festejo y los que querían su suspensión. Transcurridos nueve años* estos últimos ganaron la partida, aunque de manera transitoria.

Así pues, corriendo el año 1963 hubo un hombre que por primera vez en España eliminó la tortura de los animales en los festejos populares, tales como el citado toro, el de Coria, el embolao, el Júbilo y los carrebous, entre otros. Este hombre fue Manuel Fraga, nombrado ministro de Información y Turismo en 1962, quien por medio de la circular 32/1963 suprimió tajantemente todos los espectáculos que implicaban maltrato a los animales, aunque fuesen una tradición. Pero este hombre intentó ir más lejos, dado que en 1964 sugirió que se ampliase esa circular para prohibir la muerte del toro en los ruedos.

Ese intento provocó que la oposición a la dictadura, deseosa de atacar al régimen con cualquier excusa, amenazase con revueltas en todos los pueblos y ciudades de España que tuviesen plazas de toros. En Tordesillas, donde al menos desde 1534 el segundo martes del mes de septiembre se celebra el cruel Toro de la Vega, en 1964 se desobedeció la circular y se lanceó al toro durante una hora hasta su muerte, motivo por el que a partir de esa fecha se obligó a los organizadores de festejos taurinos a declarar por escrito que los animales no sufrirían daño alguno. Por tal motivo, en esa localidad, entre 1966 y 1970, por decisión del gobierno de Franco el festejo quedó reducido exclusivamente al encierro.

Sobre esto último me surge una reflexión respecto a la compasión que el franquismo tenía por los toros, lo que es loable, mientras que a los opositores a su dictadura ¡tralla!

Sin embargo, en 1970, bajo la influencia de personalidades como Gregorio Marañón, presidente de las Semanas Internacionales del Toro de Lidia de Salamanca, y Antolín de Santiago Suárez, subdirector general de Cultura Popular y Espectáculos, a los que se sumaron los aficionados y las autoridades locales de Tordesillas, se volvió a autorizar el torneo en su modalidad “tradicional”, a saber, acabar con la vida del toro.

Llegada la democracia involucionamos en este asunto, puesto que en 1977 se derogó la circular de Fraga, en 1979 la Junta de Castilla y León declaró el Toro de la Vega como Espectáculo Taurino Tradicional, mientras que en 1980 la Secretaría de Estado de Turismo lo declaró Fiesta de Interés Turístico de España. En la actualidad el alcalde de Tordesillas no es del PP, es del PSOE. ¡Así les va!

Pero todavía involucionamos más. El 2 de octubre de 2013 la Comisión de Cultura del Parlamento, por iniciativa del lobby taurino, aprobó la Proposición de Ley para que la UNESCO declare la fiesta de los toros como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad con los votos a favor del PP y UPN, la abstención del PSOE y UPyD y el voto en contra de los demás grupos. Con esta iniciativa, de ser aprobada finalmente por el Senado, se impedirá a las comunidades autónomas prohibir espectáculos en los que se maltrate a los toros, dado que esa Ley es de ámbito estatal. “Spain is different”: permite espectáculos truculentos, sangrientos e innecesarios. ¡Viva la marca España!

Espero y deseo que la UNESCO no acepte tal ley teniendo en cuenta que a mediados de los años 70 tanto esa entidad como la ONU aprobaron la Declaración Universal de los Derechos de los Animales en la que se dice: “Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia. El hombre, como especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a los otros animales o de explotarlos, violando ese derecho”. Rajoy y el PP deberían seguir los principios del fundador de ese partido en el tema de los toros, en lugar de traicionarlos y proteger la barbarie por ley.

A un país también se le puede medir el grado de civilización y de humanidad que tiene por el trato que da a los animales no humanos. Creo que en España no hay, lamentablemente, demasiada conciencia general en el respeto que les debemos como seres vivos que son.

Las personas que participan en festejos “populares” en los que se tortura y mata a los toros, como, por ejemplo, en el Toro de la Vega, son sádicas, cobardes y hacen gala de un salvajismo desalmado, además de un desequilibrio mental considerable. Considero que el respeto a los animales en general debería enseñarse en los colegios, pero viendo la indiferencia que al respecto tienen la mayoría de los políticos, pues, ¡hala!, a seguir celebrando fiestas infames, no teniendo en cuenta que el mamífero superior, el toro, es un ser vivo dotado de cerebro, espina dorsal y sistema límbico, o sea, la parte del cerebro implicada en las emociones, el hambre y la sexualidad.

Así pues, no puedo entender las mentes de las personas que se vanaglorian de hacer sufrir a un animal pinchándolo hasta morir. No existe justificación moral para no considerar el sufrimiento de otro ser vivo, humano o no humano. ¿De qué pasta están hechas?, ¿cómo es posible que se lleve a los niños a presenciar espectáculos de tamaña crueldad?, ¿cómo es posible que las autoridades lo permitan? Por ello me atrevo a afirmar que quien es cruel con los animales no puede ser muy buena persona, crueldad que se ha hecho aceptable socialmente tras un proceso de legitimación.

En cuanto a los que únicamente les interesa la cuestión económica o la posible y cínica desaparición del toro bravo de no haber corridas, decirles que no se preocupen tanto porque podemos dejar tranquila a esa raza, que no especie, hacer turismo rural y que no se va a extinguir. Ya sé que no voy a convencer a ningún taurino, pero…
Por cierto, Pitágoras, sí el del teorema y pensador de la Antigüedad, además de vegetariano, compraba animales en el mercado para luego liberarlos.

Para finalizar hago mención al anuncio (septiembre 2013) de nuestra católica presidenta de Castilla-La Mancha (hoy ex), señora De Cospedal, de crear la Mesa de la Tauromaquia, para garantizar la “relación constante” entre el mundo del toro y la Administración. Antes (2011) había declarado los toros Bien de Interés Cultural en la región para defender el patrimonio cultural, además de vanagloriarse de que “hemos sido por dos años la región donde más espectáculos taurinos hemos celebrado”. Y yo, de nuevo, con estos pelos.


*Escribí este artículo el 7 de octubre de 2013. 

Ángel Dorado es socio de infoLibre

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