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Librepensadores

Pensiones y macroeconomía

Francisco Javier Torrealdea Folgado Publicada 03/05/2018 a las 06:00 Actualizada 02/05/2018 a las 20:29    
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La visión dominante establece que para que las pensiones sean sostenibles necesitamos un alto nivel de empleo que genere una aportación suficiente al fondo de pensiones. Las dudas sobre su sostenibilidad surgen tanto de la incertidumbre de que nuestro sistema económico sea capaz de mantener un alto nivel de empleo como del previsible aumento de la presión que un sistema basado en la solidaridad intergeneracional ejercerá en el futuro sobre los trabajadores debido al incremento demográfico de la cohorte de pensionistas. Dichas dudas conducen el debate político hacia la razonable necesidad de complementar la fuente de financiación del fondo de pensiones con algunas otras partidas presupuestarias de los Presupuestos Generales del Estado.

Siendo esta visión dominante sin duda digna de análisis, echo de menos iniciar el debate político desde posiciones algo más cercanas a la esencia misma del problema. La sostenibilidad de las pensiones depende estrictamente de que los bienes y servicios producidos en un momento dado por la población que está trabajando, incluyendo aquí máquinas y robots, alcancen para cubrir las necesidades de toda la población, la que está trabajando y la que no está trabajando, y de que el sistema de reparto haga que la producción pueda distribuirse debidamente entre la población. Desde esta perspectiva, la sostenibilidad de las pensiones no es estrictamente un problema de dinero suficiente en el fondo de pensiones. El problema reside en evaluar si la población activa, trabajadores más parados que buscan trabajo, sería potencialmente capaz, en condiciones de pleno empleo, de abastecer las necesidades de bienes y servicios de toda la población. Normalmente, en nuestras sociedades europeas la respuesta viene siendo afirmativa. Un porcentaje alto de la población activa está desempleada, sobra pues capacidad en la economía para ofertar bienes y servicios adicionales. Es decir, en nuestras sociedades, las pensiones se pueden sostener porque la economía genera bienes y servicios suficientes para todos. El problema de la sostenibilidad surge, pues, cuando los pensionistas no pueden acceder a recursos potencialmente disponibles por falta de dinero suficiente en la economía destinado a pensiones.

Aquí es importante tener bien claro el papel que juega el dinero en la economía. Una persona necesita trabajar para tener dinero pero, en su conjunto, la sociedad necesita dinero para que pueda haber trabajo. Es lo que llaman una falacia de composición, el todo y la parte siguen leyes opuestas. Una determinada cantidad de dinero en la economía permite mantener un determinado número de trabajadores y, en consecuencia, una determinada producción de bienes y servicios. Aumentar el empleo requiere, como condición necesaria aunque no suficiente, aumentar la cantidad de dinero en la economía. Es imprescindible pues, para analizar la sostenibilidad de las pensiones, analizar, previamente, la manera en la que el dinero entra en la economía.

Si dejamos fuera del análisis la posible entrada de dinero desde otros países vía exportaciones o inversión extranjera, el dinero sólo puede entrar en la economía de un país de dos maneras. O bien el Gobierno gasta más de lo que ingresa, con lo que hay un incremento de la base monetaria a cargo de deuda pública, o bien los bancos financian, vía prestamos, el consumo privado y la inversión privada, con lo que hay un incremento de masa monetaria a base de deuda privada. Si la ideología económica imperante impide al gobierno tener un déficit suficiente para introducir en la economía el dinero necesario para mantener un nivel de empleo adecuado, como es actualmente el caso, entonces la masa monetaria adicional necesaria sólo puede entrar en la economía vía préstamos concedidos por la banca privada.

Dos aspectos me interesan destacar sobre manera. Primero, la entrada de dinero bancario a través de prestamos al consumo o la inversión se produce siempre vía creación de dinero de la nada, mediante un aumento de balances bancarios, tecleando unas cuantas teclas en un ordenador. La banca aumenta la masa monetaria directamente de la nada. Posteriormente la banca pide reservas al Banco Central para cumplir con la fracción de reservas que la legislación le exige. El Banco Central se las proporciona siempre. Crea bajo demanda reservas de la nada mediante un aumento de sus balances vía el teclado de su ordenador. Es decir, si el gobierno no tiene déficit y si no consideramos comercio internacional, el dinero necesario para que la economía funcione se crea siempre de la nada y la sociedad se endeuda. En última instancia el Banco Central soporta la creación de dinero sin endeudarse con nadie que no sea él mismo. Segundo, la puerta de entrada del dinero a la economía es la banca privada. Esta vía de entrada no es desde luego la mejor porque, entre otros problemas, condiciona sus préstamos hacia sectores de la economía que no tienen porque coincidir con aquellos de interés social y, además, a menudo su interés es puramente especulativo lo que impide que el dinero llegue a la economía real. Además, en tiempos de crisis no conceden prestamos y la crisis se agudiza. Podría haber muchas otras formas de entrada a la economía del dinero recién creado por el Banco Central, pero es la que es porque está impuesta por la ideología económica imperante, por los intereses económicos de una minoría y por la captura ideológica que se ha producido sobre nuestros representantes políticos.

Llegados a este punto podemos afirmar que la sostenibilidad de las pensiones es siempre posible y que es tan sólo un problema de voluntad política. Un país con soberanía monetaria puede siempre mantener un sistema público de pensiones. Basta con que su Banco Central inyecte en la economía el dinero necesario, creado expresamente con ese destino, vía transferencia directa a los pensionistas. Esta vía de acceso a la economía de parte del nuevo dinero creado tiene la ventaja de que entra directamente en la economía real por cuanto es dinero que se transforma inmediatamente en consumo. Los pensionistas pueden, pues, colaborar a mejorar la economía en tiempos de dificultad. Respecto a las dudas sobre aparición de inflación que se suscitan siempre que se mencionan temas de creación de dinero debo hacer notar que la transferencia directa a pensionistas sería una pequeña fracción del total de dinero que se crea continuamente. Además, no es probable que en nuestras economías, con un alto nivel de desempleo por falta de demanda, la financiación directa de las pensiones fuera a generar inflación. En cualquier caso, el gobierno debería estar atento para que si efectivamente llegara a haber demasiado dinero en la economía éste fuera retirado vía impuestos.

Cierto es que España está dentro de la zona euro y no tiene soberanía monetaria. No obstante, el Banco de España es una parte integrante del Banco Central Europeo el cuál sí tiene la capacidad y la obligación de crear dinero. Los tratados de la Unión Europea impiden probablemente al Banco Central Europeo transferencias directas a los pensionistas de los diversos países de la Unión del estilo aquí comentadas. No obstante se trata de una restricción política. No hay ninguna ley física ni económica que impida que las pensiones puedan ser directamente financiadas en parte o en su totalidad. Se trata simplemente de a quien votamos.
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Francisco Javier Torrealdea Folgado es socio de infoLibre


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