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La estructura social del 'Titanic'

Javier Sánchez Herrera
Publicada el 24/02/2020 a las 06:00

Si hay una película de la que se puede decir que trata de estructura social es Titanic; es un tratado de estructura social. La disposición de los pisos del barco, según los tipos de pasajes vendidos a diferentes categorías sociales de viajeros refleja los estratos de la sociedad británica de la época (comienzos del siglo XX: el Titanic se hundió en 1912).

Es un tópico pensar que el rico debe su fortuna a su talento superior y motivación. Y que el pobre lo es por faltarle esas cosas. Pero ¿cuál es el origen del talento y cómo se desarrolla? Y, ¿por qué un pobre con talento excepcional no tiene la oportunidad de desarrollarlo? ¿Cómo influyen los orígenes de clase en lo que las personas llegan a ser en la vida y en el lugar que ocupan en el sistema de estratificación social? ¿Influye la variable clase social en las oportunidades de obtener una buena educación, una profesión de alto nivel y altos ingresos? ¿O todo eso se obtiene con el talento, la ilusión y la autoestima?

La precondición de la estratificación podría ser la diferenciación social generada por la división del trabajo, que en las sociedades industriales avanzadas como la nuestra es bastante amplia y sofisticada. Y cada día va en aumento.

Piénsese, por ejemplo, en las nuevas profesiones ligadas a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. La desigualdad social se puede producir por el acceso desigual a los recursos y posiciones sociales que la sociedad crea y valora. El prestigio y el honor son el resultado de una valoración jerárquica que realiza una sociedad de las características, posiciones o papeles de las personas en cualquier sociedad a lo largo de la historia. Ciertas posiciones u ocupaciones sitúan a algunas personas en condiciones de adquirir una mayor cantidad de bienes y servicios valorados. Así, el prestigio, el honor y, en definitiva, una mayor valoración social, sería una consecuencia de posiciones conspicuas en la sociedad.

Para Max Weber, la estratificación social es un proceso multidimensional: económico, social y político. La clase social es definida como un concepto económico (es común a un cierto número de personas una serie de intereses lucrativos y de posesión de bienes, en las condiciones determinadas por el mercado (de bienes o de trabajo). Es, como se puede ver, un concepto ligado a la producción económica. El estatus es un concepto social (estimación social, honor, prestigio, estilo de vida); un concepto ligado al consumo de los bienes ya producidos. Y el partido es un concepto político (estructuras que luchan por el poder). Los partidos pueden representar a las clases o a los grupos de estatus. La clase social está basada en la posición en la estructura ocupacional y en la estructura de la propiedad (y en las estructuras de autoridad derivadas de las anteriores).

Existe una enorme evidencia empírica que indica que en las sociedades democráticas industriales el poder político y económico se concentra en una clase alta o elite y que dicho poder mantiene una estrecha relación con la posesión y el control de la propiedad capitalista.

El sistema superior de educación continúa estando al servicio de la burguesía y de la clase media, que generalmente se educan en universidades públicas, donde sólo pagan el 15% del coste universitario; las clases privilegiadas se están educando al máximo nivel con el dinero de todos. Y en las pocas universidades privadas existentes estudia una minoría más exigua aún.

La familia, la escuela, el mercado de trabajo, el Estado y otros de importancia variable, dependiendo de los países (iglesias, clubes, redes, partidos, etc.), como elementos interrelacionados (un sistema articulado y reproductor), fijan la posición social de los grupos sociales y de los individuos, así como sus posibilidades de cambiar esa posición. La estructura de clases se forma a partir de la concatenación de las relaciones entre las clases, que está plagada de contradicciones y paradojas. Ejemplos de esas relaciones son las que establecen los hijos con otros compañeros de clase, de grupo, de amigos, las matrimoniales, las ideológicas (partidos, sindicatos...), las religiosas, etc.

En la realidad no se puede separar teórica y empíricamente lo económico de lo social, lo cultural, lo educativo y lo político. Estas divisiones son puramente académicas y se emplean para analizar la realidad social de forma que se pueda explicar y entender mejor. Porque la realidad no se puede parcelar. Las sociedades como la nuestra continúan estando estratificadas en clases sociales: las desigualdades de riqueza y poder ligadas a la producción y el mercado, y la facilidad de acceso a la educación y la organización, han permitido perpetuar dichas desigualdades. Hoy en día disponemos de metodologías y técnicas adecuadas para analizar la estratificación social, pero debemos utilizarlas de manera flexible y equilibrada con el fin de desvelar los múltiples y complejos aspectos que intervienen en la estratificación de la sociedad. Los estudios comparados de sociedades diferentes ayudan mucho a la comprensión del sistema de estratificación.

La clase alta es consciente de sus intereses y tiene capacidad para protegerlos. Es más, su elevada posición en la estructura social no se debe sólo al manejo de una cantidad superior de recursos, sino también a su capacidad para organizarse en patronales, partidos políticos conservadores, clubes exclusivos, centros educativos de elite, asociaciones, estructuras corporativistas, redes de parentesco, redes de amistad... En cambio, es necesario convencer a los trabajadores de que sus intereses son diferentes a los de la clase alta capitalista y de que necesitan organizarse para defenderlos.

Después de ver una selección de secuencias de Titanic relativas a la estructura social, muchos de los interrogantes planteados anteriormente quedarán despejados. El cine nos ayuda a visualizar con nitidez conceptos sociales tremendamente abstractos y complejos. Otras películas, no muchas —School ties (Colegio privado), Nacida ayer, Full Monty, El color de la ley, Un lugar en el sol, Germinal, Novecento, Esencia de mujer, Un lugar en la cumbre, My fair lady—, nos permiten comprender diversos aspectos de la desigualdad social, pero ninguna con la claridad de Titanic.

El objetivo de este trabajo es estudiar, por una parte, la composición del pasaje y de la tripulación del Titanic; por otra, las ratios de supervivencia según diversos factores: sexo, edad y clase social. Finalmente, se pretende comprobar si la regla de «los niños y las mujeres primero», tuvo algún efecto significativo.

La fuente de datos es Report on the Loss of the Titanic (S. S.) (1990), British Board of Trade Inquiry Report (reprint), Gloucester, UK: Allan Sutton Publishing. Estos datos, contenidos en el fichero titanic.dat, recogen, para cada persona a bordo del transatlántico Titanic durante el fatal viaje inaugural, el sexo, la edad [adulto o joven], el estatus económico [primera, segunda o tercera clase, o tripulación] y si la persona sobrevivió o no al naufragio del transatlántico.

El número total de personas a bordo del Titanic durante la travesía inaugural era de 2.201: 885 miembros de la tripulación y 1.316 pasajeros. Los miembros de la tripulación eran todos adultos, de los cuales, 23 eran mujeres y 862, hombres. Por su parte, la distribución de los miembros del pasaje muestra los porcentajes de pasajeros respecto al total, atendiendo a su estatus económico. Obsérvese la gran desproporción existente entre el número de pasajeros de primera y segunda clase, y el número de pasajeros de tercera clase. Finalmente, por edad, un 8,28% del pasaje era joven y un 91,72%, adulto, mientras que por sexo un 33,97% del pasaje era mujer y un 66,03% era hombre.

La gran repercusión que tuvo (y tiene) el naufragio del Titanic se debe, entre otras razones, al pequeño número de supervivientes con relación a la cantidad total de personas que viajaban en el transatlántico. En concreto, perecieron 1.490 personas, de un total de 2.201. Sólo sobrevivieron 711, el 32,3 % del total.

Para fijar los hechos en su contexto histórico, baste decir que el Titanic se construyó a principios del siglo XX en unos astilleros irlandeses, bajo el reinado de Jorge V, en la que el Reino Unido continuaba siendo líder en la construcción de barcos y en el tráfico financiero y comercial del mundo. La economía, pues, continuaba su proceso de mundialización, que no es un hecho reciente, como piensan algunos, sino que se ha venido produciendo desde hace siglos. En esta época, buena parte de los trabajadores británicos aumentó su poder de compra, en tanto que otra parte se veía obligada a emigrar a Estados Unidos.

El Titanic zarpó del puerto de Southampton (Inglaterra, junto al Canal de la Mancha), el miércoles 10 de abril de 1912, en su viaje inaugural. Era el barco de mayor tamaño y más lujoso que se había construido hasta entonces.

De los 2.201 pasajeros y tripulantes que transportaba, sólo se salvaron 711, el 32,3% del total. El factor determinante para salvar la vida fue la clase social, no la edad, ni el sexo. Murieron 122 personas de primera clase (el 37,54% de esta sección), 167 de segunda (el 58,60% de esta sección) y 528 de tercera (el 74,79% de esta sección). O sea, que de la 3ª clase murieron las tres cuartas partes de los pasajeros, mientras que de la 1ª clase sólo murió algo más de un tercio. La clase media que viajaba en 2ª clase, también pagó un tributo alto en vidas: casi el 60% de los pasajeros.

Desde la operación de embarque constatamos las flagrantes diferencias entre las clases sociales. La clase baja es revisada y despiojada antes de subir al barco por la parte inferior. Los perros de la clase alta no reciben ese trato, por lo que aparece claro que también ellos son considerados superiores a las clases trabajadoras. En otra secuencia, observamos que la servidumbre los saca a pasear y a hacer sus necesidades fisiológicas por la cubierta de 3ª, lo que hace reflexionar a uno de los compañeros de Jack: eso le da una idea de cuál era su situación en el orden de las cosas.

Los protagonistas de la historia son Rose y Jack. Jack es un pintor bohemio norteamericano que regresa a Estados Unidos con un pasaje de 3ª clase. Había ganado a las cartas el dinero del pasaje. Su ilusión era conseguir un trabajo en su país que le permitiera vivir dignamente. En su camarote viajaban otras personas de las clases populares o clase baja, casi todos emigrantes que buscaban una oportunidad en Estados Unidos. De 1870 a 1914 se calcula que emigraron unos 23,5 millones de europeos a EE.UU., en su mayoría originarios del Este de Europa. El viejo continente se beneficiaba entonces de los intereses de los capitales invertidos en las antiguas colonias y de las remesas de divisas que envían los emigrantes a sus familias.

Rose pertenecía a la aristocracia (clase alta) y viajaba por placer en 1ª clase, en compañía de su madre, para casarse en Estados Unidos con un burgués (Cal Hockley), propietario de fábricas boyantes. Había sido instruida en los refinados modales propios de su noble linaje, pero se encuentra fuertemente encorsetada por los numerosos prejuicios sociales de la época. Se asfixia bajo el control férreo de su madre y la falta de expectativas de libertad individual. Era una joven de espíritu independiente que suspira por un soplo de aire fresco, como el arte moderno (Picasso).

Los aposentos de 1ª eran grandiosos, se situaban en la parte alta del buque e incluían terrazas de paseo y zonas de ocio privadas. Esto da idea de su magnificencia (vocablo que, según el diccionario de la Real Academia Española, significa liberalidad para grandes gastos, disposición para grandes empresas, ostentación, grandeza; acepciones todas ellas aplicables por entero a Hockley). Cal Hockley era un industrial despótico, que disfrutaba humillando a las personas de rango inferior y tan materialista, que creía que el dinero podía comprarlo todo, incluyendo a las personas.

La madre de Rose, Ruth de Witt Bukater, viuda noble arruinada, cuyo marido sólo le había legado deudas y un apellido ilustre, había pactado su matrimonio con Hockley, única manera de mantener a flote su estatus conspicuo y de obtener pingües beneficios materiales. No se veía a sí misma trabajando para subsistir, cuando su hija podía solventar dócilmente su maltrecha posición social, aceptando un matrimonio de conveniencia. Estaba siempre angustiada por las apariencias y por mantener el prestigio del apellido que le había legado su marido. Por eso consideraba a Jack una amenaza para sus propósitos. Hockley también se inquietaba con los amoríos de su prometida y el advenedizo. Jack debía estar con los otros esclavos; con un pasaje de 3ª, su presencia entre los de alta alcurnia no era apropiada. Había que devolverle al lugar al que pertenece y asegurarse de que no saliera de allí.

Molly Brown era una nueva rica que viajaba en 1ª clase, cuyo marido había encontrado oro en el Oeste americano. Sin duda, por su riqueza pertenecía a la clase alta, pero no contaba con prestigio social, por lo que era rechazada sistemáticamente por las damas de la alta sociedad. Era una mujer que provenía de la clase baja y que había protagonizado un episodio de movilidad social ascendente. La sociedad capitalista, que apenas comenzaba a democratizarse, podría presentarla como un ejemplo de la apertura social que se vislumbraba, apoyada en la promesa liberal de la igualdad de oportunidades. Pero la realidad es muy cruda. A Molly no la querían en las altas esferas, ni había obtenido su riqueza en una competencia meritocrática en igualdad de condiciones.

Además de las diferencias en los alojamientos, podemos observar en el film disparidades en la forma de hablar, de gesticular, de vestir, de peinarse, de comportarse o de adornarse. De la forma de hablar se han venido ocupando la Sociología del lenguaje y la sociolingüística. De la forma de gesticular, la antropología. De la de vestir, peinarse y adornarse, la sociología de la moda. Del comportamiento se ocupan muchas ciencias sociales, dependiendo del terreno específico que se trate.

Los pasajeros de 3ª clase vestían prendas modestas, frecuentemente raídas por el uso continuado durante mucho tiempo. Su equipaje era reducido y, generalmente, constituía su único haber. Su aspecto externo desvelaba las carencias que sufrían en su vida. Mientras que los pasajeros de 1ª clase viajaban con equipajes abultados –casi una mudanza– y automóviles; lucían espléndidos vestidos y deslumbrantes joyas, y se hacían acompañar de la servidumbre.

El filme plantea un escenario social dicotómico, que parece responder al ideario marxista: burgueses, por un lado; proletarios, por otro. Hockley, el prometido de Rose, representa el paradigma burgués. Jack, el pintor pobre, es el portador de los valores de las clases populares. Los proletarios puros aparecen siempre en la sombra, fugazmente iluminados por el fuego de las calderas. Hasta la secuencia en que las compuertas son bloqueadas (lock doors) por un oficial mediante un dispositivo desde el puente. Entonces el jefe de calderas da la orden tajante a los obreros: ¡todo el mundo fuera, están bloqueando las compuertas! Esta es, probablemente, la secuencia más terrorífica de la historia del celuloide. La realidad supera a la fantasía. Titanic no es un filme de terror. En este caso se limita a reflejar la realidad. ¡Terrible la imagen del último obrero que se desliza raudo bajo la compuerta en descenso inexorable y que lame la suela de su calzado, antes de bloquearse finalmente por toda la eternidad! No menos escalofriante resulta la secuencia en que los pasajeros de condición humilde están atrapados por una verja de hierro, defendida por un celoso camarero, dispuesto a usar su revólver si intentaban derribarla. En esos momentos hay que luchar. No queda otro remedio. Jack y sus amigos tenían que decidirse rápidamente. Si de todas formas iban a morir porque ya les llegaba el agua al cuello, no debían temer al camarero estúpido. La única opción lógica era utilizar el banco de madera del pasillo como ariete para reventar la verja, arrancando de cuajo hasta el bastidor y arrollando en la estampida a los camareros insolidarios.

Los elementos que componen los diferentes estilos de vida han sido relacionados con los agregados o las clases basadas en el empleo. Concretamente, se han trazado mapas del gusto que se corresponden con los mapas de ocupaciones (Bourdieu, 1986; Douglas e Isherwood, 1980). Esto quiere decir que las diferentes clases sociales manejan un concepto diferente del ocio: para la clase alta supone un espacio en el que mostrar su riqueza, su poder, su estatus y su nivel cultural; para la clase baja significa descanso de la dura labor cotidiana y diversión para relajarse.

El papel que desempeña la mujer en el filme es subalterno con relación al hombre. Las mujeres no eran consideradas ciudadanas, estaban apartadas del desempeño de una profesión y de la participación política. Sus derechos de propiedad estaban limitados y dependían absolutamente de sus maridos. Hockley ejerce un control estricto sobre Rose, como si fuera una más de sus propiedades, hasta el punto de gritarle órdenes de cómo se debe comportar. Y de momento, no es más que su prometida. Ni les cuento cómo serán las relaciones una vez matrimoniados. Rose no ama a Hockley, pero se pliega a los deseos de su madre, que quiere por todos los medios que se convierta en la esposa del magnate. Lo que busca la madre no es la felicidad de su hija, sino mantener un estatus social privilegiado. Es una aristócrata venida a menos, que necesita imperiosamente el matrimonio entre la noble y el burgués, para conseguir la riqueza que conlleva su alcurnia.

La mamá de Rose nos demuestra en otra secuencia que tiene las ideas muy claras cuando asegura de forma cínica y categórica a las otras damas: “El objetivo de ir a la universidad es encontrar al hombre adecuado”. Una filosofía de la vida que desprecia el papel de la universidad como institución en la que la mujer puede instruirse y aprender a ser autónoma, mediante el desempeño de un puesto de trabajo, en igualdad de condiciones y salario con el hombre. Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística (2004), las mujeres españolas ya ostentan más títulos universitarios que los hombres. Es un paso adelante, pero insuficiente, dado que la mujer en España sigue sufriendo discriminaciones que atentan frontalmente contra el artículo 14 de la Constitución: la mujer sufre más desempleo, cobra salarios menores, está más sumergida en la economía irregular y está infrarrepresentada en ciertos ámbitos como las carreras científicas y técnicas, el profesorado funcionario, la dirección de las empresas o la política.

La historia de amor entre Rose y Jack es un romance socialmente imposible: al pertenecer a dos clases sociales completamente opuestas, podemos deducir fácilmente que su relación encontrará todo tipo de barreras, especialmente porque Jack no da el nivel. El Titanic estaba diseñado para impedir encuentros considerados inconvenientes entre los pasajeros de distintas clases sociales. Su relación desafiaba las convenciones sociales asfixiantes de la época. No podía ocurrir. La primera vez que la vio, mayestática, en la cubierta de 1ª, se quedó extasiado, hasta el punto de que uno de sus amigos se percató de la situación y comentó: “Olvídalo, tienes tantas posibilidades de acercarte a ella como de que se te aparezca un ángel”.

Sin embargo, a veces se producen milagros: Jack impide que Rose se suicide lanzándose por la borda, harta de una vida infectada de banalidad e hipocresía. Pero esta dicha resultó efímera: al ver a Jack junto a Rose, la policía del barco pensó que pretendía causarle algún daño, por lo que procedió a arrestarle. Los prejuicios sociales se dispararon automáticamente contra Jack. Pobre con una aristócrata en situación confusa, igual a delincuente que intenta violarla y robarle. Gracias a la intercesión de Rose, que aclaró el malentendido, le soltaron. Hockley le invitó a cenar en el restaurante de 1ª, en agradecimiento por haber salvado la vida a su prometida, aunque su verdadero objetivo era ridiculizar al ingenuo Jack, cosa que intentó reiteradamente durante la cena. Lo primero que le preguntan es la procedencia de su apellido.

El malentendido del salvamento de Rose proporcionó ideas a Hockley, para destruir a Jack, por el que ya sabía que Rose sentía pasión. Durante el hundimiento del Titanic, Hockley introdujo en el bolsillo de Jack el diamante que había regalado a Rose, con el propósito de acusarle de robo y esposarle. Ya se sabe: pobre igual a delincuente.
En el hundimiento del “insumergible”, que “ni Dios podría hundir”, persistieron los privilegios de clase. En este trance dramático, la madre de Rose continuaba manteniendo su ideología clasista: defendía que los botes salvavidas se ocuparan según las clases sociales. Y así se hizo: la 1ª clase subió a los botes en primer lugar. Dentro de cada clase funcionó la norma tradicional de “las mujeres y los niños primero”: los porcentajes de supervivencia para las mujeres y los niños fueron mayores que para los hombres, pero el porcentaje de supervivencia para los hombres de primera fue igual que el de los niños de tercera y casi tan alto como el de las mujeres de tercera.

La tripulación del barco también presentaba una estructura social, una disposición jerárquica definida por su posición ocupacional. David y Moore (1945) sostenían que la estructura de la desigualdad social es un mecanismo mediante el cual se asigna a las personas más adecuadas y mejor cualificadas las posiciones funcionalmente más importantes de la sociedad. Los mejor cualificados se encontraban en la oficialidad del barco, en tanto que los menos cualificados eran los obreros de las calderas. Al frente de la tripulación se encontraba el capitán, que era asistido por la oficialidad, ordenada en diversos grados de mando. A continuación, la marinería. Además, encontramos el personal de servicios, tales como la cocina, el restaurante, la lavandería, etcétera. Y los músicos de la orquesta, que se hundieron con el barco, como todo el mundo sabe.

Rose consiguió sobrevivir, pero prefirió aparecer como muerta en las estadísticas, con el fin de clausurar una vida plagada de convencionalismos estúpidos y comenzar otra nueva en la que llevar a la práctica valores más humanos y solidarios. Las barreras y los niveles que imponen las diferencias de clase quedan algo difuminados en el filme por la historia de amor. El mensaje implícito que se nos comunica es que la realidad es muy dura, pero se nos consuela haciéndonos creer en un futuro mejor, más justo y equitativo. Y que nosotros lo veamos.

A la vista de los datos se deducen las siguientes conclusiones:

1. El estatus socioeconómico fue el indicador más importante en los porcentajes de supervivencia.
2. Los pasajeros de primera clase fueron los que más sobrevivieron. La regla tradicional «las mujeres y los niños primero» parece verificarse en su mayor parte.
3. Dentro de cada clase, los porcentajes de supervivencia para las mujeres y los niños fueron mayores que para los hombres, pero el porcentaje de supervivencia para los hombres de primera fue igual que el de los niños de tercera y casi tan alto como el de las mujeres de tercera.

La supervivencia dependía sobre todo del nivel socioeconómico de las personas y, en menor medida, del sexo. La tragedia del Titanic supuso la primera ocasión en que los muertos fueron cuantificados por clases sociales y esta información fue publicada en todo el mundo.

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Javier Sánchez Herrera es socio de infoLibre

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