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Cultura

Las mujeres del libro

  • Las mujeres del sector editorial siguen movilizadas para reequilibrar el sector y visibilizar a las autoras
  • En la lucha feminista, los libros desempeñan un papel esencial en varios frentes: contando la historia de las mujeres, recuperando figuras postergadas...

LA AUTORA
Publicada el 04/03/2019 a las 06:00 Actualizada el 07/03/2019 a las 18:32
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Manifestación del 8M en Santa Cruz de Tenerife.

Manifestación del 8M en Santa Cruz de Tenerife.

EFE.
“Caminar es avanzar hacia delante. Con el paso firme de quien decididamente tiene un objetivo que cumplir ―dice Marta Sanz en el prólogo de Mujeres que pisan fuerte, de Karin Sagner―. Caminar, en este caso, es una acción con reminiscencias políticas. Hay mujeres ejemplares que han caminado así a lo largo de la Historia con una velocidad casi deportiva y claridad de ideas. Como si llevaran una antorcha en el puño. Con eficacia, rigor, demostrando una contundencia que desdice un estereotipado concepto de lo femenino o feminiza el coto cerrado de una virilidad inexpugnable.”

El 8 de marzo del año 2018, mujeres que hasta entonces habían caminado, a veces zigzagueando, decidieron llegado el momento de echar a correr.

Entre ellas, Patricia Escalona quien, vista la amplitud que adquiría la reivindicación, decidió espolear a las que, como ella, se movían en el mundo de la edición. Y escribió a vuelapluma un manifiesto que ilustró Paula Bonet y se acogió al magisterio de Emily Dickinson: “Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie”.
  Un año después, “el movimiento sigue en marcha”, nos dice Escalona. Hay mucha gente apoyando desde redes sociales, y muchas personas que quieren ser voluntarias. Pero el éxito es desigual. “En Asturias se han organizado súper bien, y aspiramos a algo parecido en el resto de regiones. Ellas se van a constituir en asociación y la idea es que nos convirtamos todas en asociaciones por regiones y hacer una federación de asociaciones de Las mujeres del libro.” También pretenden facilitar asesoramiento legal y fiscal para que todas estas mujeres se sientan acompañadas.


En este tiempo, lanzaron una Propuesta No de Ley (PNL) cuyo recorrido se ha visto truncado por el adelanto electoral. “Ya la tenemos redactada, el partido que nos contactó para ponerse de nuestro lado y apoyarnos en esto fue Podemos, a través de Mar Garcia Puig, que es una mujer del libro, y con ellos vamos a seguir”, entre otras cosas, para “pedir al gobierno que se abra una investigación, se hable claramente de los sueldos y así establecer los términos de la brecha salarial que sabemos que existe en el mundo del libro”.

Por otro, el empeño era visibilizar a las autoras, denunciar su “falta de presencia en mesas organizadas por entes públicos y privados lo hemos seguido haciendo y ha tenido un éxito bastante grande y pretendemos seguir haciéndolo”.

Un año después, Escalona, que acaba de publicar Juegos reunidos feministas ilustrado por Ana Galvañ, sigue sin explicarse que “la fuerza laboral de mundo del libro esté compuesta en un 80% por mujeres y en un 20% de hombres, y que cuando llegamos a los puestos directivos esa proporción sea exactamente la contraria”. De ahí, la necesidad de “seguir trabajando” y, sobre todo, de “crear redes de apoyo: hay muchas autónomas que trabajan dentro del sector y no tienen ningún apoyo”.

Librería Mujeres

Visibilizar los problemas, las exigencias, es prioritario. Sólo así se entiende que, tantos años después, siga existiendo una Librería Mujeres que, nos explican quienes quieren ser identificadas sólo como Las libreras, “abrió sus puertas hace 40 años, gracias a una comunidad de amigas que apoyaron económicamente la aventura. En aquel entonces, decir mujeres era, como lo sigue siendo hoy, una postura política, que da por supuesto además el carácter feminista de la librería”.

Una idiosincrasia a la que ni quieren ni pueden renunciar porque, “lamentablemente, sigue siendo necesario”. Constatan, como hacía Escalona, que “el mercado editorial sigue copado, mayoritariamente, por hombres, en todos los estratos: autores, editores, distribuidores... quizá en el que menos en el caso de las libreras, que somos más en número”. En este sentido, la existencia de una librería especializada en obras escritas por mujeres permite “abundar en la visibilización de una escritura que supone al menos la mitad del corpus literario, presente y pasado, y que ha sido silenciado durante siglos. Asimismo, al menos en nuestra opinión, la producción bibliográfica actual hecha por mujeres tiene una calidad literaria innegable, y digna de un espacio propio”.

Un espacio que se llena con literatura (las mujeres leen más que los hombres, sobre todo ficción), pero que también abre sus estanterías a otro tipo de obras: ensayo, análisis histórico, libro infantil.
  Lola Venegas es autora, con Margó Venegas e Isabel M. Reverte, de La guerra más larga de la Historia. 4.000 años de violencia contra las mujeres. Una guerra a la que muchos no reconocen como tal, pero que no conoce alto el fuego. Incluso en Occidente. “En Occidente se violan mujeres (la macroencuesta de 2014 de la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE señala que más de 9 millones de europeas han sido violadas en algún momento de su vida); en Occidente se matan mujeres (966 mujeres han sido asesinadas en España entre 2003 y 2018) y se abusa de las mujeres.”

Venegas tiene los datos frescos: la mitad masculina de la población española tiene mejores sueldos para trabajos iguales, dedica la mitad de horas que las mujeres al trabajo no remunerado y copa los puestos más altos de la empresa, de la política y de la Administración (234 mujeres en la alta dirección en España frente a 1.735 hombres: datos de 2014). Un 72% de los contratos a tiempo parcial tiene como titular a una mujer (EPA 2016); el 73% de las mujeres está fuera del sistema de pensiones contributivas y, cuando la tienen, es un 37% inferior a la de los hombres.

En cuanto al arco temporal… “Empezamos a contar desde tan lejos en el tiempo porque queremos hacer evidente que la violencia contra las mujeres es universal y sistémica y es consustancial al patriarcado. Hablamos de 4.000 años porque en el Código babilónico de Hammurabi (1.750 a de C) ya se legisla sobre cuál debe ser el comportamiento de una mujer decente, qué cosas le están prohibidas y cuáles son los castigos para las infractoras (terribles castigos físicos, incluida la muerte). En ese Código, el divorcio, la infidelidad, el aborto, … están ya legislados por el Estado y el diferente trato a hombres y mujeres, o las piruetas legales para condenar a una mujer violada, están también normalizados.”

Leer por la igualdad

En la tarea de la igualdad, la educación es fundamental. Así lo cree la argentina Magela de Marco, autora de Un papá con delantal. Señala una evidencia: las tareas domésticas no se reparten de forma equitativa entre hombres y mujeres. “Y esto no es justo. Por eso me gustó jugar con la idea de que sea un señor a quien la mamá contrata para hacer las tareas de la casa (que se llama Amador, y en catalán es Salvador) porque es algo que no pasa en la realidad, al menos en Argentina, todas las personas que uno contrata para trabajar son mujeres.”
 
De Marco, natural de un país donde las cifras de violencia de género son escalofriantes, se blinda frente a las críticas que adivina. “Si de lo que me acusan es de ‘adoctrinar’ a los más pequeños en la igualdad, pues, bienvenida sea esa acusación. Brego por la igualdad en todos los ámbitos: de género, la igualdad de oportunidades, de derechos (porque en lo fáctico no tienen los mismos derechos las personas de clase alta que las de clase baja), por la equidad entre las personas.”

Cada palabra que escogemos para hablar transmite algo, sostiene, de determinada manera. Seamos conscientes o no. Y los silencios ante las injusticias o las desigualdades también comunican. “Además, no hay que ser ingenuo/a. Los noticieros, los programas de TV y los diarios también adoctrinan a los televidentes y a sus lectores/as cuando todo el tiempo muestran a mujeres objeto, exhibiendo su cuerpo, como si lo único que tienen para mostrar sobre nuestro género es eso. Cosificándonos, subestimándonos.” “Así que… si me acusan de bregar por la igualdad de las nuevas generaciones, me voy a sentir muy a gusto”.

Venegas coincide: todo lo que haga ver a hombres y mujeres la injusta, la violentada, situación de las mujeres en el mundo, es útil.

Le recuerdo el aforismo del poeta: la poesía es un arma cargada de futuro. Sustituyamos la palabra “poesía” por “palabra”. ¿Nos vale? “Ojalá, pero lo que con seguridad es cierto es que todo empieza con las palabras: las palabras que elegimos para nombrar las cosas. Con las palabras interpretamos la realidad y la modificamos.”

Los libros para esta tarea nunca serán demasiados. “Sin remontarnos a títulos clásicos del feminismo, que tuvieron un gran impacto en su momento, y fijándonos solo en que se está haciendo hoy, puede decirse que los libros están desempeñando un papel esencial en varios frentes. Muchos de ellos porque están contando la Historia de las mujeres. Es sabido, y así lo recogemos ampliamente en nuestro libro, que la Historia la han escrito los hombres y han contado solo lo que a ellos les ha parecido importante, que, casualmente, siempre coincide con lo que han hecho ellos. Pero hoy, muchas investigadoras están reescribiendo la Historia con una mirada diferente, no androcéntrica, no excluyente.” Otros libros, prosigue, están rescatando del olvido, o mejor, de la exclusión consciente, a miles de mujeres cuyos méritos fueron ninguneados y ocultados: científicas brillantes a las que se les robó el Nobel, artistas o escritoras cuyos sus maridos se apropiaron de su obra, o mujeres cuyas contribuciones fueron borradas, silenciadas e ignoradas. Lo cual demuestra “que la exclusión de las mujeres, por ejemplo, en los libros de texto que estudian nuestras hijas y nuestros hijos, y de la que también hablamos en nuestro libro, no responde a ninguna razón científica”.

Habrá que seguir escribiendo.
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1 Comentarios
  • Uerda Uerda 04/03/19 09:51

    Quiero dejar constancia de que, también para mi, la tarea de la igualdad es una cuestión de educación. Como ejemplo mi marido no me ayuda, comparte. y mis hijos, en la actualidad, con más de cuarenta años cada uno fueron cuidadores de bebés niñas, pagados por ello, a partir de los trece años.

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