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Susana Herrero, voluntaria de Juntos caminando: “En los hospitales, hay más soledad de la que pensamos”

  • Dos días a la semana, se coloca su chaleco blanco y acompaña a los enfermos y ancianos que están solos en la localidad de Villa del Prado, en Madrid
  • Durante la pandemia, lo ha seguido haciendo a través de contacto telefónico: “Todo el mundo debería probarlo”

Publicada el 20/01/2021 a las 06:00

Susana Herrero, voluntaria de Juntos caminando: “En los hospitales, hay más soledad de la que pensamos”

Dos días a la semana, Susana se coloca su chaleco blanco y acompaña a los enfermos y ancianos que están solos en la localidad de Villa del Prado, en Madrid

Solo tenía treinta y cinco años, pero a Enelda apenas le quedaban fuerzas. Estaba ingresada en cuidados paliativos en el Hospital Virgen de la Poveda, en Madrid y, poco a poco, se iba apagando. Sin embargo, a su lado, Susana Herrero (Lyon, 1965) le daba la mano. No era ni su madre, ni su hermana, ni siquiera su amiga, pero allí estaba acompañándola y cuidándola. “Todavía hoy me emociono... Cuando visitas a una persona, empieza a formar parte de tu vida. Enelda me decía que yo la entendía, incluso llorábamos las dos juntas”, recuerda todavía con la voz quebrada. Ha pasado mucho tiempo desde aquello. Ahora, con la pandemia, Susana se sigue poniendo su chaleco blanco de voluntaria dos días a la semana, pero, hasta que vuelva la normalidad, tiene que acompañar a los enfermos y ancianos desde el otro lado del teléfono.

Esta voluntaria, hija de emigrantes españoles en Francia, decidió crear en 2018 con unos amigos Juntos caminando por el mundo para intentar “paliar la soledad de los enfermos y las personas que están solas”. Ella tiene impregnado en la memoria el olor tan característico de los hospitales. Allí ha pasado muchísimo más tiempo del que le hubiese gustado a lo largo de su vida: entre camillas, pasillos interminables y luces blancas, a veces, cegadoras. Primero, tras perder en un aborto espontáneo a uno de sus gemelos. Después, cuidando de su madre que murió en tres meses tras ser diagnosticada de un cáncer de colón, y, años después, de su padre, que también se fue por culpa del cáncer. “Me di cuenta de la soledad que sufrían algunas personas en los hospitales. Más de la que pensamos. Hay mucha gente que vive sola y que cuando está ingresada no recibe visitas. Unos porque son hijos únicos sin familia, otros porque no vienen a verles… Hay un sinfín de historias, pero ahí estamos nosotros para apoyarles”.

Los treinta voluntarios que forman parte de la asociación Juntos caminando por el mundo no juzgan nunca. Solo escuchan, acompañan y ayudan: “Somos poquitos porque llevamos solo dos años, pero estamos orgullosos porque tenemos gente muy joven, de diecisiete años, que está muy implicada y que quiere hacer el bien a la gente mayor que lo necesita”. Aunque reconoce que no siempre es fácil encontrar a personas que se comprometan a dedicar dos horas a la semana a los demás, en el hospital y la residencia de la localidad de Villa del Prado: “Muchos se entusiasman con la idea de ayudar, pero luego se dan cuenta de que no pueden o de que no tienen tiempo”. Susana, sin embargo, aunque dirige el servicio de restauración de un hotel, siempre encuentra tiempo para ellos: “Me compensa muchísimo. No sé cómo explicarlo, pero es algo muy grande. Todo el mundo debería probarlo”.

Durante los primeros meses de la crisis sanitaria, Juntos caminando colaboró con Servicios Sociales y Protección Civil del Ayuntamiento de esta localidad madrileña en la que viven Susana y su familia, ayudando a repartir mascarillas, alimentos y medicamentos. Estos meses de tercera ola, cuando todavía mucha gente está enferma y sola por culpa del coronavirus, añora y desea que vuelvan pronto aquellos días en los que conversaba, escuchaba y jugaba a las cartas con esas personas que tanta compañía necesitaban y siguen necesitando: “Lo mejor es cuando te veían entrar por la puerta y te regalaban esa sonrisa… Es un momento muy especial”.

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3 Comentarios
  • SETITO DE TWEETER SETITO DE TWEETER 23/01/21 08:17

    ¡¡ CIERTO QUE HAY MUCHA SOLEDAD !!
    Por eso creo que en vez de tener esos colores de pasillos y habitaciones y salas de estar etc....frios, BLANCOS, AZULES CLAROS, VERDES CLAROS.....deberian los hospitales hacer como en los colegios para niños, .....MOTIVAR, DAR ALEGRIA, POSITIVISMO, COLORES VIVOS, que llaman a la alegria, al calor, a la felicidad.
    ¡¡ ESOS COLORES FRIOS ANTIGUOS YA NO SON LOS QUE CORRESPONDEN A LA ERA DE HOY !!
    los gobiernos deberian hacer prevalecer la alegria de los que estan QUE SON MAYORIA, a los pocos malafortunados que hay en esos centros.
    NO SE ES MI OPINION .me pongo en situacion de unos de ellos , Y PREFERIRIA ESTAR EN UN HOSPITAL ALEGRE, CON COLORES VIVOS , TIPO ESCUELA PRIMARIA . con dibujos por todos lados etc...
    ¿ PORQUE NO SE USAN LOS DIBUJOS DE LOS NIÑOS DE TODOS LOS COLES PARA DECORAR LOS HOSPITALES ?? pregunto eh !!
    a mi me daria mucha mas alegria estar en un hospital ...OS LO ASEGURO !!

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  • Coronel Barceló Coronel Barceló 20/01/21 10:10

    Yo estuve como voluntario en el programa de acompañamiento a enfermos en soledad ingresados en el Hospital Clínico San Carlos, de Madrid, desarrollado por la ONG Solidarios para el Desarrollo. Lo cierto es que son muchísimos más de los que nos imaginamos y de qué forma necesitan esa compañía. También es cierto que es una actividad muy dura, por la empatía con muchos enfermos que luego no vuelves a ver (bien por fallecimiento o por alta). Tan dura, que a los dos años de voluntario, lo tuve que cambiar por acompañamiento a personas invidentes.

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  • Marta RG Marta RG 20/01/21 01:13

    Lo que cuentan es una verdad como un templo. Ingresado mi padre en un hospital y mi madre acompañándolo día y noche, un día se enfadó mi padre y el médico que le atendía le dijo: "no se queje, no se queje, que no vea Ud. la cantidad de gente sola a la que tengo que atender". Solo hay que abrir un poco los ojos cuando se está en un hospital para comprobar este tipo de cosas.
    Lo que hacen es realmente admirable.

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